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Tre modi di
pregare [238-260] Altri autori |
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SCHEDE EVO Altri autori Casanovas S. IGNAZIO |
Comentario y explanación de los Ejercicios
Espirituales de san Ignacio de Loyola, versión castellana por el R. P. Pedro N.
Isla S. I., Tomo I. Introducción: Teoría –
Directorio – Preparación V. La oración de los ejercicios 4.
Maneras de oración enseñadas en los Ejercicios Documento
undecimo – Tres modo de orar Tomo I. Introducción:
teoría – directorio – preparación
V. La oración de los
Ejercicios
4. Maneras de oración enseñadas en los Ejercicios
pp.
192-200
6.a,
7.a, 8.a Tres
maneras de orar – En la definición que San Ignacio da de los
Ejercicios en la primera de las anotaciones, distingue entre “meditar,
contemplar y orar vocal y mentalmente” [1]. La manera de saber juntar la
oración mental con la vocal la enseña en los “tres modos de orar” que pone al
final de la cuarta semana después de la “contemplación para alcanzar amor”
[238-260]. En los tres la materia de meditación son las oraciones del
catecismo, o alguna de las oraciones litúrgicas, y en torno de ellas gira
todo el trabajo mental. Este difiere mucho en cada uno de los tres modos de
orar. El
primer modo viene a ser una especie de examen de conciencia instructivo y a
la vez agradable, muy conforme con las partes del catecismo que se toman como
materia de oración: mandamientos de la ley de Dios, pecados capitales,
potencias del alma y sentidos corporales. El
trabajo acerca de cada uno de estos puntos abarca los siguientes actos: a)
considerar qué es lo que se manda o prohibe, en qué está el recto uso o el
abuso; b) pensar cómo lo he observado y en qué ha faltado; c) acusarme de las
faltas que hubiere cometido; d) pedir a Dios perdón de ellas; e) y pedir gracia
y ayuda para enmendarme en adelante. La duración de cada punto es, poco más o
menos, el tiempo que se tarda en rezar tres Padrenuestros y tres Avemarías,
según sea poco o mucho lo que hay que enmendar [238-248]. La
ocupación de la mente en el segundo modo de orar, es entretenerse
“contemplando la significación de cada palabra de la oración” [249] mientras
halle en ella “significaciones, comparaciones, gusto y consolación en
consideraciones pertinentes a la tal palabra” [252]. La oración meditada es
una plegaria, v. G. El Padrenuestro, el Avemaría, Anima Christi, Salve
Regina, o un acto de fe, como el Credo [253] y también un acto de esperanza,
de contrición, etc., etc. [249-257]. En el
tercero, la materia de la oración son las oraciones antedichas, pero el
trabajo de la mente se reduce a atender, reparando “principalmente en la
significación de la tal palabra, o en la persona a quien reza, o en la bajeza
de sí mismo, o en la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza propia” [258],
y todo esto mientras se va rezando lentamente la oración, a compás del
aliento o respiraciones [258-260]. A
estos tres modos de orar les da San Ignacio una forma muy semejante a la de
un ejercicio de los ya conocidos, asignándoles las partes principales de una
meditación o contemplación; es a saber: un equivalente de la segunda adición,
oración preparatoria, cuarta adición, coloquio y plegaria. “Primeramente,
dice, se haga el equivalente de la segunda adición de la 2.a semana, es a
saber, antes de entrar en la oración repose un poco el espíritu asentándose o
paseándose, como mejor le parescerá, considerando adonde voy y a qué, y esta
misma adición se hará al principio de todos modos de orar” [239]. La
atención y concentración del entendimiento no pasa instantáneamente de unas
cosas a otras. por tanto, para que no entre del todo en la oración, es
menester que primero sosiegue su espíritu, para dejar aquello que le tenía
ocupado. A ello ayuda el mismo cambio de postura del cuerpo. Si antes de
entrar al trato con Dios, tuviéramos siempre presente esta adición, nos
ahorraríamos muchas distracciones y seria más completa e intima la
comunicación. Los
modos de orar no entran en el cuadro de las meditaciones y contemplaciones de
las semanas, encaminadas todas ellas a la consecución del fin total y
esencial de los Ejercicios; por esta razón no se les antepone la doble
oración o petición preparatoria que precede a aquellas para pedir a Dios el
fruto común de los Ejercicios y el particular de cada meditación o
contemplación, sino que empieza siempre por una oración sencilla en la que
pedimos el fruto que al presente se desea sacar. Refleja
el espíritu de la cuarta adición, lo que el Santo dice en el segundo modo d e
orar: “la persona, de rodillas o asentado, según la mayor disposición en que
se halla y más devoción le acompaña, teniendo los ojos cerrados o hincados en
un lugar sin andar con ellos variando, diga Pater, etcétera” [252]; y también
lo que añade un poco más abajo: “si la persona que contempla el Pater noster
hallare en una palabra o en dos tan buena materia que pensar y gusto y
consolación, no se cure pasar adelante, aunque se acabe la hora en aquello
que halla” [254] y al siguiente día empiece la contemplación por la palabra
que se sigue de la oración [255]. En el
primer modo de orar, una vez terminada la consideración sobre el mandamiento
o pecado, etc., que se meditaba, se acaba rezando un Padrenuestro o Avemaría
[241, 248]; y este interponer periódicamente una oración vocal, da al examen
de las propias faltas el carácter mixto de oración mental y vocal que
ciertamente no tienen los ordinarios exámenes de conciencia. En el
segundo y en el tercero, la plegaria viene al fin de la hora, y entonces se
dicen “vocal o mentalmente según la manera acostumbrada” las otras oraciones
vocales que no ha habido tiempo de meditar durante el ejercicio [253, 254,
258]. Respecto
del coloquio ordena San Ignacio para el primer modo de orar, que “después de
acabado el discurso ya dicho sobre todos los mandamientos, acusándome en ellos,
y pidiendo gracia y ayuda para enmendarme adelante, hase de acabar con un
coloquio a Dios nuestro Señor según subiecta materia” [243]. El significado
de estas ultimas palabras nos lo declara el Santo en el coloquio del segundo
modo de orar: “Acabada la oración, en pocas palabras convirtiéndose a la
persona a quien ha orado, pida las virtudes o gracias de las cuales siente
tener más necesidad” [257]. En el tercer modo, no pone San Ignacio coloquio. Dos
palabras sobre el uso de estos tres modos de orar. Quiere San Ignacio que los
que hacen los Ejercicios típicos de un mes, se ensayen en ellos antes de
salir, al fin de la cuarta semana [4]. En los tiempos del Santo, como nos lo
refiere el P. Polanco en su Directorio[1], lo común era dedicarles a
los modos de orar uno do dos días enteros. Primeramente
se recorrían uno por uno los cuatro ejercicios diferentes que comprende el
primer modo; a saber, los mandamientos, los pecados capitales, las potencias
del alma, y los sentidos corporales, mirando bien lo que es propio de cada
una de estas materias. Después habían de probar también, una o dos veces, el
segundo y el tercer modo, para aprender su practica. El mismo Santo dice, que
estos dos modos de orar se han de continuar hasta haber seguido todas las oraciones. Para
al tercero modo da esta regla: “En el otro día o en otra hora que quiera
orar, diga el Ave María por compás, y las otras oraciones según que suele, y
así conseqüentemente procediendo por las otras” [259]. Para el segundo esta
otra: “La tercera es, que si en una palabra o dos del Pater noster se detuvo
por una hora entera, otro día quando querrá tornar a la oración, diga la
sobredicha palabra o las dos según que suele; y en la palabra que se sigue
inmediatamente comience a contemplar” [255]; y a continuación añade la
siguiente nota: “Es de advertir que acabado el Pater noster en uno o en
muchos días, se ha de hacer lo mismo con el Ave María y después con las otras
oraciones, de forma que por algún tiempo siempre se exercite en una dellas”
[256]. Lo
dicho y transcrito le da al ejercitante la pauta para la oración diaria que
ha de hacer durante algún tiempo al salir del mes de Ejercicios, dedicando
una hora a repasar las oraciones vocales de costumbre siguiendo el segundo
modo de orar. Por otro lado parece que San Ignacio deseaba que el ejercitante
continuase la meditación y contemplación de la vida de Jesucristo hasta
acabarla; y ésta tal vez sea la razón por qué puso a continuación de los tres
modos de orar la serie de misterios reduciéndoles a tres puntos cada uno.
Decimos esto, porque así parece indicarlo la nota suya que se lee en la
segunda semana, después del día doce, sobre alargar o acortar los días y los
misterios. Allí da facultad para hacerlo y enseña el modo cómo debe hacerse,
dando por razón “esto es dar una introducción y modo para después mejor y más
cumplidamente contemplar” [162]. Que
San Ignacio se preocupe de señalar materia para la oración diaria al
Ejercitante que acaba el mes de Ejercicios, es la cosa más natural. Saliendo
como sale éste de una atmósfera de alta concentración y recogimiento, cual es
la de los Ejercicios, y entrando después de ellos en el ambiente de la vida
ordinaria, frío de sí y agitado, se encuentra como en estado de convalecencia
espiritual y necesita tomar durante una temporada precauciones especiales
para que no se desvanezcan las buenas disposiciones alcanzadas con tanto
esfuerzo en el tiempo de Ejercicios. Estas
nacieron al calor del trato íntimo con Dios, y con el mismo se han de
conservar y arraigarse. Conviene, pues, asegurar la buena marcha de las
practicas de piedad para después de los Ejercicios, y dar materia para la
oración diaria, que es la principal, mientras la experiencia no enseñe por
qué caminos quiere Dios guiar el alma. Cuando esto acaezca, la mejor manera
de oración será, sin duda alguna, aquella que el mismo Dios le dicte por
medio de sus inspiraciones y comunicaciones. Declarado
ya el carácter y oficio de los tres modos de oración en el cuerpo de los
Ejercicios típicos de San Ignacio, digamos brevemente qué lugar ocupan en su
aplicación a las diferentes clases de personas. Del
primer modo de orar dice San Ignacio que “es más dar forma, modo y
exercicios, cómo el ánima se apareje y aproveche en ellos, y para que la
oración sea acepta, que no dar forma ni modo alguno de orar” [238]; y en
consonancia con esto y para las personas que non pueden hacer los Ejercicios
típicos por falta de capacidad natural o por su poca voluntad, compone unos
Ejercicios de primer grado con el primer modo de orar, según el siguiente
plan: “Se puede dar el examen particular, y después el examen general;
juntamente por media hora a la mañana el modo de orar sobre los mandamientos,
pecados mortales, etc., comendándole también la confesión de sus pecados de
ocho en ocho días, y si puede tomar el sacramento de quince en quince, y si
se afecta mejor de ocho en ocho. Esta manera es más propia para personas más
rudas o sin letras, declarándoles cada mandamiento, y así de los pecados
mortales, preceptos de la Iglesia, cinco sentidos, y obras de misericordia”
[18]. Estos
eran los Ejercicios che el Santo daba en Manresa y en Alcalá a las gentes
sencillas. Hacia que se comprometiesen a seguir esta regla de vida por
espacio de un mes entero, y para su instrucción doctrinal les obligaba
después a ir a la doctrina que él explicaba públicamente dos dias a la
semana. Estos
Ejercicios aunque en sí sencillos, proporcionaban una formación espiritual
completa y preparaban muy bien a cuantos los recibían para poder continuar
durante toda su vida unas practicas de vida interior que ya les eran
familiares. La
materia que abarca el primer modo de orar, es decir, la ley de Dios y
preceptos de la Iglesia, las causas internas de los pecados, los desórdenes
en todas las potencias interiores y sentidos exteriores, es un cedazo de
mallas bien apretadas que cierne admirablemente la propia conducta. La
práctica constante de esta clase de Ejercicios, junto con la luz cada vez más
intensa que se pide en la oración preparatoria para “la inteligencia (de los
mandamientos), para mejor guardarlos y para mayor gloria y alabanza de su
divina majestad” [240], hará que la malla del cedazo se afine cada vez más,
con aumentos de pureza interior y santidad de costumbres. Semejante
modo de orar es indicadísimo para el día de retiro mensual y difícilmente se
hallarán otros exámenes y otras practicas espirituales que le aventajen. San
Ignacio, sin duda alguna, lleva aquí la intención de enseñar con estos tres
modos de orar, el camino de la oración mental, ejercicio de la mayor
importancia espiritual que debería tener siempre su lugar señalado entre las
obras principales de todo cristiano. Decía el Santo, que con un poquito de
buena voluntad[2] cualquier persona podía hacer
oración por uno de los tres modos expuestos, y en especial por el primero,
cuya estructura ya no puede ser más sencilla. Del
segundo se puede decir, que difícilmente se hallará manera más cómoda para
adiestrar a los hombres en la meditación y contemplación o para someter el
alma a la dirección del Espíritu Santo tan directamente y tan libre de
estorbos humanos. Dios seguramente tomara a su cuenta y elevara al grado de
una oración muy levantada, al alma dichosa que quiera entrar por este camino,
pero con espíritu de humildad, de simplicidad y recta intención. De este
segundo modo de orar, puede decirse que es la contemplación casera puesta al
alcance de todos. El
tercer modo de orar es el segundo, pero abreviado o simplificado para aquellas
personas a quienes las circunstancias no les permiten tener una hora de
oración y solo disponen de un corto tiempo. Este
tercer modo podemos considerarlo como efecto o como causa del segundo. En el
primer caso, si lo sigue una persona ya versada en el segundo modo, pero que
al presente no puede o no quiere dar tanto tiempo a la oración, este tercero
se convierte entonces en una recitación, rica en buenos pensamientos y
afectos santos; algo así como una repetición o resumen de las anteriores contemplaciones. Si
ocupa el lugar de causa, o sea, si usa de él una persona acostumbrada al
segundo modo, servirá de camino y de muy buena preparación para alcanzar la
manera más perfecta de orar y contemplar. Por lo demás, toda clase de persona
hallarán en este tercer modo un medio eficacísimo para acostumbrarse a reza
atenta y devotamente las oraciones más usadas en las que hay mayor peligro de
caer en la rutina. Con esto, claro es, no queremos decir que las tales
oraciones ordinarias se hayan de rezar siempre a compás, sino que haciéndolo
así de vez en cuando, su rezo será ciertamente más sentido y devoto. ¿Y
quién no ve en este tercer modo de orar, el método espiritual más excelente
para todos aquellos que por obligación han de cantar diariamente las divinas
alabanzas? Lo que aquí enseña San Ignacio, puede ser sin género de duda el
alma del canto litúrgico. Seguramente
hubo de pensar el Santo que la persona que aprendiese estos modos de orar y
se aplicase a practicar alguno de ellos todos los dias de su vida, por más
que por cualquier causa no subiese a ninguno de los métodos principales de
oración enseñados en los Ejercicios, podía sin embargo llegar a ser persona
de oración y de vida espiritual muy sólida. No
puede menos de causar admiración, el ver la riqueza y variedad de métodos de
oración enseñados por este gran Santo en tan poca paginas, tan acomodados a
toda clase de personas, y todos tan sólidos y tan aptos para acercarse a Dios
nuestro Señor. |
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Maneras de oración |
Tomo II. documentos
Documento undecimo – Tres modo
de orar
pp.
144-148
Comentario. – Entre todas las formas de orar, no hay
ninguna que haya sido tan minuciosamente explicada por San Ignacio como los
“Tres modo de orar” y por eso es la que menos necesita de comentario. En otro
lugar dimos ya de ellos la explicación que non pareció conveniente y a ella
remitimos al lector. La
atenta lectura del texto y su práctica son el mejor comentario que puede
hacerse, y no cabe duda alguna de que San Ignacio de la práctica sacó la
teoría. Todo el secreto pera saber practicarlos como es debido está, en
emplearlos cuando el alma se halla en las disposiciones que pide cada uno de
ellos. Son modos de orar muy diferentes entre sí y piden naturalmente
disposiciones también diversas; pero cuáles hayan de ser las que cada persona
debe tener, nada ni nadie se lo dirá más claramente que la experiencia
personal. Hechas
las anteriores observaciones, sólo nos resta responder a la pregunta del por
qué
ponemos los “Tres modos de orar” como documento de la cuarta semana. Y
contestamos así: en primer lugar porque el libro de los Ejercicios los pone a
continuación de la “Contemplación para alcanzar amor”. Y en segundo porque en
la anotación cuarta dice San Ignacio, que a la cuarta semana pertenecen “la
resurrección y ascensión, poniendo tres modos de orar” [4]. Pero
no vaya a entenderse por esto que sólo en ella se puedan o deban usar; pues
hablando San Ignacio del que por defecto natural o por falta de generosidad
con Dios no es apto para hacer los Ejercicios completos, dice que se le entretenga
algunos dias enseñándole la manera de hacer el examen particular y haciendo
que practique el primer modo de orar por espacio de media hora, etc. [18]. Hay
que concluir, pues, diciendo que el intento y propósito de San Ignacio es,
que los “Tres modos de orar” se expliquen en la cuarta semana como en su
lugar propio, sobre todo cuando se dan los Ejercicios completos, pero que
esto no quiere decir que en todo o en parte no se puedan y deban explicar
antes, si se juzga más conveniente para el Ejercitante. Y de
hecho no pocas veces será conveniente adelantar la explicación y la práctica,
mayormente cuando se trate de personas que tienen sujeto para hacer todos los
Ejercicios y no están todavía en las disposiciones exigidas por San Ignacio para
comenzarlos [5,20]. En este caso la Preparación tiene una importancia
extraordinaria, y uno de los medios más aptos que puede emplearse para
acostumbrar el alma al examen y a la oración. En sin duda alguna la practica
de los “Tres modos de orar”, que no son otra cosa que exámenes y fáciles
maneras de orar. Cuando
no haya buena coyuntura para explicarlos durante los Ejercicios, hágase al
final, tomándolos como medios de perseverancia; y también, principalmente el
segundo y tercer modo, como camino, llano para pasar de la oración vocal a la
contemplación; lo cual cuadra admirablemente con la cuarta semana. |