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Jerónimo Nadal,
Platicas espirituales en Coimbra (1561)

Brani scelti

 

 

 

 

Jerónimo Nadal,
Platicas
espirituales
en Coimbra
(1561),
editas, con
introduccion
y notas,
por M. Nicolau s.i.
Facultad
Teologica
de la Compañia
de Jesús,
Granada 1945

 

 

pdficona

 

 

 

 

 

 

altre pagine

 

Giacomo Lainez,
Epistola
Patris Laynes
de P. Ignatio
(1547)

 

Juan A. Polanco,
Summarium
hispanium
de origine
et progressu
Societatis Iesu
(1547-1548)

 

Pietro Favre,
Memoriale

 

Francesco
Saverio,
Lettere e altri
documenti

 

INDICE

 

 

Introducción

 

Primera plática (Prima exhortatio)

 

Segunda plática (Secunda exhortatio)

 

Tercera plática (Tertia exhortatio)

 

Cuarta plática (Quarta exhortatio)

 

Quinta plática (Quinta exhortatio)

 

Sexta plática (Sexta exhortatio)

 

Septima plática (Septima exhortatio)

 

Octava plática (Octava exhortatio)

 

Novena plática (Nona exhortatio)

 

 

 

 

 

 

Decima plática (Decima exhortatio)

 

Decimatercera plática (Decima tertia exhortatio)

 

Decimacuarta plática (Decima quarta exhortatio)

 

Decimaquinta plática (Decima quinta exhortatio)

 

Decimasexta plática (Decima sexta exhortatio)

 

Decimaseptima plática (Decima septima exhortatio)

 

Decimaoctava plática (Decima octava exhortatio)

 

Decimanona plática (Decima nona exhortatio)

 

Vigesima plática (Vigesima exhortatio)

 

 


TESTO

 

Introducción

 

Come se habrá podido observar en el resumen que acabamos de hacer, hay en estas exortaciones puntos fundamentales, que represetan valores y pensamientos ascéticos culminantes. Tales la idea de la gracia general de la vocación religiosa, y de la gracia particular de la vocación a la Compañía y a la respectiva religión; asimismo el conocimiento de la vida del Fundador como medio para conocer esta gracia; y, para lo mismo, el conocimiento del fin de la Compañía y las dos meditaciones de los Ejercicios, Rey temporal y Dos Banderas, como medios a ello conducentes.

 

 

 

Primera plática (Prima exhortatio)

 

[10-14] I tre principi (spiritu, corde, practice)

 

 

[10] Y la manera con que yo de mi parte con la gracia del Señor querría tratar esto, y querría que todos lo oyesen, depende de tres principios, que son spiritus, cor, practica. Querría pues tratar estas cosas spiritu, corde et practice, y que con esto oyesen.

 

[11] Hablar spiritu quiere decir hablar espiritualmente, a la llana conforme a aquello: spiritu ambulate, etc.[1], y a lo que dice N. P. Micer Ignacio, que todos caminen por la vía del espíritu[2]; qu no es otra cosa, sino conformar todo con el divino principio que es Dios nuestro Señor, hacer con que la habla y las obras y todo se rija y gobierne según la gracia que Dios nuestro Señor ha comunicado, dependiendo en todo de la luz con que se quiso comunicar y aclarar las cosas a que el propio entendimiento o estudio humano no podía llegar. Como veo en mí, que antes de entrar en la Compañía tenía una cierta aversión de no querer obligarme a votos ni a religión, pensando que, pues me podía salvar en el mundo, no era menester más, ni había para qué obligarme. Pero quiso el Señor por su clemencia usar conmigo sus misericordias y allanarme las cosas y mostrarme la verdad; lo que el estudio que tenía no podía acabar. De manera que el venir yo a entender que consistía le vía para la perfección en la propia abnegación y resignación en votos y a sentirlo así en mí, no me lo dió mi estudio, sino el mismo Dios, llamándome con su gracia. De modo que el hacer las coas spiritu es, refiriendo todo a Dios nuestro Señor y guiándonos de su mano divina, procurar de las conformar con El y con la gracia que ha comunicado, y cooperar con ella; y esto hace cada uno de los nuestros cuando procura que sus obras y cuanto en él hay se rija de la gracia de su vocación en el Señor, y se conforma con ella coniungindo [juntando] el espíritu del Señor que lo movió y gracia a la ejecución de todo cuanto obrare; y con la voluntad y con el entendimiento y con todas sus potencias, para que todas dependan de El, y de manera que, si en el siglo fuese un hombre prudente y de buen juicio y de otras buenas partes, y tales que cum laude podría hacer cualquiera cosa y podría obrar bien, conforme a los buenos hábitos que tenía, todavía, después que aquí se recoge, lo que hiciere no debe ser según que de fuera, para perfectamente proceder, sino que debe moverse por su inspiración, por la vocación con que el Señor lo llamó, y conforme a ella se debe ayudar de lo que tiene.

 

[12] Decir o oír corde no quiere decir que sea sólo del órgano natural, que es sólo carne y vale poco para lo que queremos, sino que proceda del de la caridad y afectuoso amor de Dios, que son el verdadero corazón. Querría yo que procediese todo lo que hablase, y todo lo que hiciese o pensase deste suavísimo corazón; y por ello querría que se moviesen y aparejasen todos para oír y se poder aprovechar. Esto es el buen corazón que deseo que tengamos todos, haciendo de él muchos actos de amor del Señor, afectuándonos a El, y procurando de unirnos con El; y desta unión venir a las cosas en que tratáremos, o sea estudio, o cocina, o predicaciones, o confesiones,, o cualquiera otra; porque, viniendo desta manera, el estudio, el leer, los oficios bajos y todo será con suavidad, con alegría, con aumento de gracia, con gran deseo de servir y con mérito contentar en ello a la Divina Majestad, con quien se tiene unido el que lo hace. Y esto es hacer las cosas corde.

 

[13] El decir practice significa que cualquiera cosa que digamos procuremos traer a la práctica, que seamos inclinados a lo hacer. Y de la misma manera la meditación, la contemplación, debe hacerse practice; hoc est, de tal manera que ella se extienda a la obra y se ponga el fruto que se alcanza en ejecución, no curando [cuidando] de especulaciones solamente, que en esto puede haber error muy grande; y en estos tiempos es esto más necesario hacerse, porque está el mundo en muchas partes lleno de herejes, los cuales pretenden quitar las obras y que sola la fe sin ellas basta. Por tanto nosotros, que Dios llamó para procurar la salud de las ánimas, debemos sumamente trabajar de traer todo a la práctica, y que todo en obras se coniunga [junte] para más impugnar el error con que les pueden dañar; y caminar en servicio de Dios N. Señor con su gracia y operando para su mayor gloria.

 

[14] Esto es lo que yo querría tener, y que todos lo tuviesen; no sólo en esto, pero en todas las cosas, scilicet, que nos rigiésemos spiritu haciendo principio de Dios; y con él regulando todo corde, con verdadera caridad y amor suyo; y practice dirigiendo todo a la práctica, con el uso de la obediencia conforme a nuestra vocación y instituto. Y desta manera, entiendo que el que se quisiere ayudar, fácilmente lo podrá hacer. Por tanto mire cada uno en qué falta acerca de estas cosas y procure enmendarse, que el Señor le ayudará.

 

 

 


Segunda plática (Secunda exhortatio)

 

[1-5] Introduzione allo studio della grazia della Compagnia e del suo principio in particolare. Si conosce ricordando le grazie e i favori passati – [6-10] La grazia comune – [11] La grazia particolare delle religioni (carismi) – [12-15] Tratti di questa grazia nell’Antico Testamento – [16-18] Nel Nuovo Testamento – [19-20] Lo stato dei vescovi e dei religiosi – [21-23] Antichità e istituzione da parte di Gesù Cristo dello stato di vita religiosa – [24-28] La grazia dello stato di vita religiosa e i beni che procura – [29-30] La grazia (carisma) della Compagnia di Gesù e il modo di conoscerla – [31-34] L’approvazione apostolica della Compagnia di Gesù da parte di Paolo III – [35-37] Altre approvazioni pontificie della Compagnia di Gesù – [38] Utilità della Compagnia di Gesù per l’aiuto alla Chiesa.

 

 

[1] Habemos dicho con la divina gracia lo que era necesario acerca de la preparación de ánimo con que debían oir, y yo decir, algo, para que todos pudiésemos aprovecharnos a mayor gloria del Señor. Lo que ahora a lo primero se sigue para tratar es de la gracia de la Compañía, con que Dios N. Señor la favorece y ha querido llevarla adelante, y con que particularmente en ella se comunica; porque cumple mucho que todos la entendamos, para que podamos aprovecharnos della y cooperar cuanto es de nos para que no faltemos a lo que pudiéremos.

 

[2] Cierto, pues, es que no hay ninguno entre nosotros que no tenga algún principio y particular gusto della, y que no sienta algo della en sí, si se pone a pensar cuál era la vida que de antes tenía, siendo secular, tan subiecta a vicios y ofensas de Dios N. Señor; las veces que en ella ofendió a Dios N. Señor; los peligros de su salvación en que andaba, y cómo el Señor le sacó de todo esto, y le trajo a esta su casa; las inspiraciones y dones con que lo hizo; los sentimientos o consolaciones con que lo visitó para moverlo; las ayudas que en ejercicios y noviciado le comunicó, para caminar adelante sin volver la cabeza atrás; las lágrimas y deseos y verdadera luz y claridad en el entendimiento con que algunas veces le consoló, repitiendo las veces en que más fué consolado y en que se sintió con mayor disposición interior para el servicio divino, de manera que reliquiae cogitationum[3] que le quedaron le podrán fácilmente traer a conocimiento desta gracia de la Compañía.

 

[3] Y todos para este efecto debemos siempre de conservarlas o coniungirlas [juntarlas] con todo lo que hiciéremos, para más poder aprovechar en el servicio del Señor, de la manera que el que quiere aprovecharse mucho desta fiesta del Pentecostés y de la plena infución del Espíritu Santo, debe trabajar por coniungir [juntar] lo pasado en que ha tratado trayendo a la memoria la cuaresma y deseo grande de penitencia que tenía en ella, el cual a todos es necesario, pues todos tenemos de qué pesarnos y hacer conciencia delante el divino acatamiento. Después considerar el gozo y alegría que tuvo en la Resurrección de Cristo N. Señor y cómo se resucitó con El, o a lo menos procuró y deseó mucho deponiendo con la penitencia el viejo hombre del pecado[4]; y luego repetir lo de la Ascensión, cómo en ella se alegró con ver a Cristo Señor nuestro subido al cielo, ubi sedet ad dexteram Patris[5], puesto en el trono divino sobre todas las criaturas, poseyendo lo principal y lo más que hay allá, en más alto grado que cuantos allí le acompañan, constituído etiam juez universal de vivos y de muertos con plenaria potestad, iuxta illud: “Data est mihi omnis potestas, etc.”[6]; y considerando, ultra desto, que se subía también con El, pues a dó la cabeza va, lleva sus miembros, y es cierto que El es la Cabeza y nosotros somo sus miembros, unidos allí, alevantados y sublimados con El, de allí participando vida y fuerza espiritual.

 

[4] Y después desto, como por grado, debe venir a la consideración del misterio presente de la venida del Espíritu Santo que el mismo Señor mandó [de] don[de] se subió; y procurar de aprovecharnos algo de lo mucho con que se comunicó en este día este Espíritu glorioso, la manera con que apareció, el fervor de los apóstoles con que le recibieron, el aparejo que tenían cuando le esperaban, los efectos que con su venida obró, cómo hablaban todos todas lenguas, espantando a los que presentes estaban[7]; cómo se fortificaron para no temer cuchillos, ni lanzas, ni la misma muerte para dejar de publicar a Cristo en una Cruz por verdadero Dios y Redentor del mundo. Y así trabajar de se actuar en semejantes deseos, y de los ayudar en esto según nuestro instituto; y el que así procurare coniungir [juntar] lo que le queda de las meditaciones pasadas, para entrar en ésta de la fiesta de hoy, no hay duda sino que será gran aparejo para se aprovechar mucho en ella.

 

[5] Y de la misma manera, como decíamos, sirve mucho que cada uno repita y procure coniungir [juntar] los sentimientos buenos y más particulares que ha tenido, porque así vendrá a conocer que hay gracia en la Compañía, y que él está incorporada a ella por la gracia particular que Dios N. Señor le ha hecho.

 

[6] Peró será bueno que se desmenuce esto más para que todos lo entiendan, y por esto diremos primero de gratia en común, después de gratia religionis y luego de gratia Societatis. Cuanto a lo primero, ninguno puede dudar que hay gracia, y que lo hace Dios N. Señor a los hombres. Y más: si spiritu et corde, de la manera que hemos dicho, cualquiera lo considerare, hallará que es sumo beneficio de Dios que podemos recibir del Señor en esta vida; pues sin ella ninguna cosa podemos que buena sea para su servicio, ni el hablar bien de la gracia podemos hacer sin ella.

 

[7] Gracia se dice de dos maneras: in genere una es gracia por la cual somos gratos a Dios y meritamos [merecemos] delante [de] Dios; otra es que se dice gratis data, la cual puede comprender todo auxilio de Dios especial y supernatural adiutorio y es muy grande beneficio del Señor, y puede ser separada de la primera.

 

[8] De Adán no tenemos sino pecados, malas inclinaciones, pender [estar pendientes] a la tierra y a la sensualidad. En cualquiera parte que uno sea, lo que tiene, si es bueno, de Dios le vino, como de origen y fuente de dó mana todo bien; y por esto decía San Pablo: “quid habes quod non accepisti; et si accepisti, quid gloriaris quasi non acceperis?”[8]. De manera que si el Señor, movido de su clemencia y benignidad infinita, no nos da su piadosa mano y ayuda, no prestamos [servimos] para más que para ofenderle y hacernos más indignos de su favor y gracia; y es purísima gracia suya que tengamos alguna, para que hagamos lo contrario; y como El no desea sino que todos nos salvemos, nunca la niega, antes desea sumamente que todos nos dispongamos con su ayuda para recibirla.

 


[9] Ser estos sus deseos, claramente lo mostró, cuando abriendo las entrañas de su misericordia quiso venir al mundo con similitud de pecador, vestido tan bajamente, como era nuestra humanidad para tan gran alteza como la suya; y por darnos vida, tomando a sus cuestas la cruz y muerte tan ignominiosa; y con esto, para que ninguno se perdiese, hacer una plenitud general de gracia, con que todos pudiesen quedar librados y redimidos, puestos en paz con el Padre eterno, cuya benignidad se mostró sumamente en esta maravillosa obra de nuestra reparación, pues para ella a su Hijo único que tenía quiso dar, y de tal manera que en El descargase el rigor de su justicia por lo que nuestros pecados merecían y en nosotros se mostrasen los tesoros de su misericordia; en El descargasen los trabajos, afrentas y tribulaciones, en nos el premio y merecimiento dellas. Y desto nos debe a nosostros nacer gran confusión mirando lo mucho que Dios hizo de su parte, y cuán mal se lo merecíamos, pues éramos enemigos suyos, y que no hacíamos otra cosa sino ofenderle y quebrar su santísima voluntad. Y por otra parte debemos tener gran consolación y ocasión de mucha meditación suave y dulce, viendo el amor grande con que el Señor nos ha tratado, sufriendo tanto por nos; lo mucho en que nos tuvo siendo totalmente indignos, dándose así por nos y muriendo con tanto vituperio.

 

[10] Pero esto de tal manera, que no atribuyamos a nuestros merecimientos la caridad que con nosotros usó, mas a su inmensa benignidad de que se movió. Así que con humildad profunda trabajemos [en] mezclar nuestra consideración en tal misterio, y tanto más humillarnos y soiectarnos [sujetarnos] delante el divino acatamiento, cuanto la comunicación de sus dones y gracias es mayor: y pedir al Señor que, pues El lo ha hecho todo, quiera proseguirlo y llevar adelante con su favor y ayuda la infusión de gracia que tiene dada, para más y más crecer en su sevicio y amor; y animarnos a concurrir con la gracia que obra en nosotros y cooperar con ella para gloria de su divino nombre. De manera que, como consta claramente, Dios nuestro Señor comunica gracia en esta vida, y tiene ya comunicada aquella gran plenitud della en su Pasión sacratísima, con que nos hizo capaces a todos de su gloria abriéndonos el camino para poder ir a ella y salvarnos.

 

[11] Pero todavía, por mostrar más su ferventísima caridad, quiso hacer otra gracia más en particular, para que el efecto de aquella grande y general se pudiese mejor seguir, y alcanzar lo que con su muerte había pretendido. Quiso pues el Señor que debajo de la gracia general de toda la Iglesia hubiese otras particulares gracias en cada estado de su Iglesia santa, y especialmente en las religiones que quiso se ordenasen; como también desde el principio del mundo, puesto que [aunque] podían todos salvarse cumpliendo las obligaciones que tenían, todavía, siempre comunicó gracias particulares a algunos para mejor lo hacer.

 

[12] Y así, pecando Adán, antes del diluvio elige Dios una nación de él, que era como de personas religiosas. Y éstos eran todos los que descendían del propagine de Seth[9] y se decían hijos de Dios[10], y los otros hijos de los hombres. Y, puesto, que [aunque] tenemos escrito poco donde se pueda esto ver más en particular; todavía, esto consta, y que Enoch profeta era[11], y Enós religioso[12], y que éstos con los demás que por esta línea descendían tenían particular culto y reverencia a Dios, y particular ayuda y gracia para ello. Y, por el contrario, puesto que [aunque] Caín y los de su linaje se podían también salvar, que era el otro tronco que nació de Adán; todavía todos ellos eran quasi profanos y disolutos.

 

[13] Y después del diluvio, teniendo Noé sus hijos, que con él habían escapado, permite el Señor que se divida uno de ellos llamado Cam y se haga profano y nigromántico[13]; y quiere que Sem quede con gracia especial de religión, de donde vinieron aquellos antiguos patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, y los sacerdotes que con especial observancia y veneración daban el culto y honor a Dios nuestro Señor.

 

[14] Vino después el tiempo de la Ley escrita y en él escoge Dios un pueblo a quien la diese, el cual fué de los Hebreos, en los cuales quiso dar como un dibujo de los que agora somos en Ley de gracia, haciéndolos entre todos los del mundo más idóneos para recibir sus mercedes, dándoles el conocimiento de sí mismo y gracia para vivir más perfectamente, y con más facilidad para salvarse. Y así, puesto que [aunque] los otros que no lo eran lo pudiesen también hacer, y no fuesen obligados a se hacer judíos; todavía, algunos aceptaban serlo por poder mejor alcanzar el último premio del cielo viendo la comunicación grande y influencia celestial con que el Señor favorecía aquéllos que tenía por su pueblo escogido.

 

[15] Y aún entre los deste pueblo hubo algunos que con más abundancia de gracia eran visitados del Señor para le servir y conversar con más familiaridad, como eran los sacerdotes y levitas y profetas; los cuales, como tenían más alto y perfecto estado, así con mayor favor del Señor eran tratados. Y algunos otros como nazareos[14], y también recabitas[15] y semejantes.

 

[16] Y querendo ya el Señor dar cabo y fin a las figuras, y abrir lo figurado, y dar la Ley nueva, la ley de gracia y Evangelio eterno, y poner la suma perfección y consumar esta obra, que en las figuras aún era imperfecta: toma nuestra humanidad, conversa con los hombres, enséñales su ley evangélica, confirma los divinos milagros; finalemente, padece, y muere y resucita, y hace la plenitud de gracia de que tratamos poco antes, instituye este Cuerpo místico de la Iglesia regido y animado de su Espírito; no quiere que fuera de él haya religión ni gracia alguna para salvarse, y ansí que fuera de él ninguno pueda salvarse: non est aliud nomen in quo oporteat nos salvos fieri, etc.[16].

 

[17] Esta quiere que sea una universal religión cristiana, a la cual a todos llama para que en ella sean salvos; y que como es solo un Dios, un Cristo, una fides, unum baptisma[17], así ella sea una, y uno el Pontefice, que en su lugar como Vicario le rija; y que sea schismático el que andare en divisiones o en perturbar esta unidad, y hereje el que no la creyere católicamente.


[18] En esta Iglesia, pues, quiere el Señor que le dan el culto y reverencia debida, con mucha más perfeción que antes, dando gracia y ayuda para ello; y así en ella con más clara luz y conocimiento suyo y de lo mucho que nos ama se le hace el culto y veneración, y a los santos en su nombre y por su amor y gloria. Y, como decíamos, para que más cumplidamente se haga esto y seamos más participantes de sus méritos y plenaria redención considerando que se hizo hermano nuestro y atendiendo al piélago de su inmensa caridad con que siempre nos amó, determina que aun en esta Iglesia haya gracias particulares de estados diversos en que le pueden servir mejor.

 

[19] Y así ordena obispos en un estado alto y perfecto, que con su buena vida y odor de santidad rijan a los otros y edifiquen en el Señor y obren. Lembraré [recordaré] que todos nosotros nos debemos reconoscer por ministros y siervos dellos y hablar dellos como de perfectos, sin murmurar de ninguno, pensando de los ayudar verbo et opere cuanto sea posible; y especialmente facer esto con el Papa, con suma veneración, pues es Vicario inmediato de Jesucristo N. Señor, que en su lugar rige esta nave de la Iglesia santa en que todos navegamos. Y no haya quien se quiera meter a juzgar de lo que hace o no hace,m pues no hay ninguno en la tierra que pueda ser su juez; y así dijeron a Marcelino: Iudica te, Pater: nemo te potest iudicare. Abajemos la cabeza a sus preceptos y lo que él mandare o hiciere, eso juzguemos por bueno, procurando siempre de defenderlo.

 

[20] Quiso también Nuestro Señor que hubiese otro estado de perfección, que es de religión, y que desde el principio de la Iglesia lo hubiese. Al cual El llama a muchos para tener más particular cuenta con ellos y les dar más especiales favores y ayudas y medios más abundantes y copiosos para tratar con El y servirle.

 

[21] Que esto fuese desde el principio de la Iglesia, [consta] de San Dionisio Areopagita, discípulo de San Pablo, que lo afirma y ha tenido esto fundamentado en el Evangelio sagrado, en el cual el Señor aconsejó que siguiésemos la obediencia y pobreza y castidad[18]; y esto no sólo sin votos, más aun y principalmente con votos[19], como es la intención de la Iglesia santa y Doctores de ella; lo que basta para ser obligados a lo creer, y puédese hacer esta razón:

 

[22] Si Dios aconsejó pobreza, castidad y obediencia, o lo aconsejó con perefección o con imperfección. Es error manifiesto decir que el Señor aconsejase algo y esto con sola imperfección. Sería luego etiam con perfección; y pues es cierto que el seguir pobreza, castidad y obediencia con perfección consiste en se hacer con votos y con obligación de no poder tornar atrás sin pecado, como el que no tiene voto puede; no hay duda sino que Cristo N. Señor aconsejó etiam y principalmente la pobreza, castidad y obediencia con votos. Y si se considera, se verá que proponiendo muchos de ser pobres y castos, al otro día habiendo ocasión de lo contrario, se descaecen de sus propósitos; lo que no hacen los que con votos sono obligados, así por la gracia dellos que les ayuda, que es lo principal, como también viendo que no pueden hacerlo sin pecado.

 


[23] De manera que hubo religiones desde el principio, que fueron muy conformes a la divina voluntad, y Eusebio en la Historia ecclesiástica[20] cuenta de una manera de religiosos que hubo, a la cual es semejante la nuestra, de hombres que andaban por el mundo ganando cristianos al servicio de Dios, que es lo propio que nosotros pretendemos. Después hubo los monachos de Egipto; después los de San Basilio, de San Benito, de San Agustín, de San Hierónimo y de San Bernanrdo; y finalmente, los cuatro órdenes mendicantes y entre ellos las dos lumbres grandes de la Iglesia, de Santo Domingo y San Francisco.

 

[24] Y así en diversos tiempos hizo Dios N. Señor diversas convocaciones dando gracia y ayuda particular para se instituir diversos estados de religiones. Las cuales todas, puesto que [aunque] diversas en el modo de proceder; todavía, todas convienen en una cosa, que es de servirse en ellas Dios con verdadera abnegación de propia voluntad y renunciación de todo. Y si la gracia universal de la católica Iglesia, de que todos los cristianos comunican, es tanto grande, ¿cuán grande será la gracia de religión, que es particular y peculiarmente añadida con aquélla? Grande es, lo que bien experimentan los que la participan por la bondad del Señor.

 

[25] Y hablando de religión en particular, qué cosa sea, digo que no es otra sino un estado para adquirir la perfección de la caridad y de su obrar en sus votos y aprobación de la Iglesia. Y esto quiso significar el Señor, cuando dijo: Si vis perfectus esse, vade, vende omnia quae habes, da pauperibus et sequere me[21], declarando que la vía para la perfección consistia en el seguirle dejando todo lo temporal y acuanto hay en el mundo, etc.

 

[26] Y como esto sea lo que pretenden las religiones, y a esto se obligan, claro está que ellas no son sino estado de perfección. Por tanto el que en el mundo tiene alguna imperfección, o cualquiera otra, que se siente flaco en la virtud y buenos propósitos, por las ocasiones que le impide[n] y desea llegarse a la perfección, busque este estado, porque en él se ejecuta la respuesta que el Señor ha dado en tal caso, diciendo: Si quieres ser perfecto, deja lo que tienese, dálo a pobres, y ven y sígueme. Aquí se sigue al Señor, aquí se procura el modo de ser perfecto en esto y de dar el culto a Dios con verdadero amor y voluntad, suelto de los impedimentos conforme a la gracia general de tal estado, y particular que comunica el Señor a aquél que en él procura de seguirle con todo su corazón.

 

[27] Y ultra de otras cosas, en la religión hay dos de mucha consolación. La una es suma quietud y descanso interior del ánimo, con una perpetua paz, tratando y conversando con Dios, poniéndose todo en El, resoluto de todas sus cosas y descupado de negocios y tratos del mundo que perturban y inquietan el ánimo sin nunca tener alivio verdadero, como sienten los que andan en el siglo.

 

[28] La otra cosa es que en la religión hace uno plenario holocausto al Señor, y un sacrificio de todo cuanto en él es, diciendo: Señor, yo malo era y soy siempre por lo que es de mi parte; pero ahora con vuestra gracia yo me ofrezco todo a Vos; todo lo que está en mi libertad quiero dejar, Vos me lo habéis dado, yo os lo quiero tornar[22]. Si tenía libertad para casarme, no la quiero más tener, por vuestro amor. Podía poseer bienes temporales: pues que tenéis respondido que es más perfección dejarlos, yo los dejo y doy a pobres y suelto, sin poder ya más tenerlos. Y, lo que es más, la libertad grande que me habéis dado, de mi propia voluntad con el libre arbitrio de querer o no querer una cosa, yo os la doy y digo que ya no quiero tener propia voluntad, sino que la del Superior quiero que se la mía; lo que él quisiere, esto quiero; y lo que él no quisiere, eso no quiero yo también, por vuestro divino amor. Este es el sacrificio grande que en la religión se hace, y que sumamente agrada al Señor; y el que lo tiene hecho, y está firme en esto, es religioso de verdad.

 

[29] Y de aquí se podrá entender la gracia de la Compañía y cómo es religión, pues en ella se cumple todo lo que tenemos dicho que hay en las religiones, y así es un verdadero estato de adquirir la perfección; para lo cual tiene sus votos, sus medios, su fin, sus ejercicios y ministerios y, finalmente, la confirmación apostolica, sin la cual no puede haber religión. Y así lo eran todas las antiguas, o per recepción de la Sede Apostólica, o de otra manera: puesto que [aunque] no fuesen por bulas, como se usa ahora.

 

[30] Y porque es necesario y sumo provecho al religioso de cualquier religión saber el principio della y la gracia que Dios N. Señor le ha comunicado para procurar de conformarse más con ello, y de coniungir [juntar] más la gracia particular con que Dios N. Señor quiso moverlo a se obligar a la gracia común de la tal religión, y así más se aprovechar in Domino: por tanto diremos de la nuestra, todo de raíz. Y primero de la confirmación y aprobación apostólica.

 

[31] Fué pues nuestra religión aprobada por la Sede Apostólica. Y el principio fué desta manera, que nuestro Padre M. Ignacio con los compañeros que en aquel tiempo tenía trataron entre sí lo que más cumplía al servicio de Dios N. Señor acerca de procurar que hubiese personas que les quisiesen ayudar al intento que tenían, y así hacer congregación; o si sería mejor dejarse deso y que con ellos se acabase su deseo de ayudar a las ánimas y el trabajar por eso. Y pidiendo a Dios N. Señor con muchas oraciones y misas les diese en aquello luz y conocimiento de lo que sería más conforme a su divina voluntad, Nuestro Padre con los otros se determinaron, que es mejor procurar que haya quien los siga en sus propósitas, y que sea en religión y con votos[23], teniendo nuestro Padre M. Ignacio muchas significaciones interiores por esto.

 

[32] Determinados en este parecer, hacen la suplicación en la fórmula que está escrita en la primera bula de nuestra confirmación, y hácenla proponer al Papa Paulo III por uno de los Cardenales[24]. Y la primera palabra que dijo el Papa entonces fué: Spiritus Dei est hic, de la cual tenemos nosotros tomado mucha consolación y devoción en el Señor. Porque en cosas de tanta importancia como aquélla, y de costumbres cristianas, no puede errar el Papa y especialmente la guía y alumbra Dios para que no yerre, ni diga sino lo que es más conforme a su divina voluntad. Tamen, como Paulo III era prudentísimo, etiam in naturalibus de gran valor y para mucho, considerando lo que se le proponía, parecióle la cosa muy dificultosa; y así no habría ninguno a quien no le pareciese difícil y peligroso en tal tiempo levantarse religión nueva cuando las religiones eran tan contradecidas. Y claramente se mostraba ser necesaria gracia en muy gran abundancia para se instituir; y por tanto, antes de dar su aprobación, determina de examinar muy bien este espiritu para saber si es verdadero y de Dios; y encarga desto al Cardenal Guidachon, el cual era contrario de haber pluralidad de religiones; y en esto estaba tan asentado, que de propósito había escrito un libro contra pluralitatem religionum.

 

[33] Cometiéndole [encargándole] el Papa este negocio, que era cosa fortísima para poder con él al cabo, pero de gran gracia que el Señor quiso hacer para más prueba desta su Compañía, Nuestro Padre y los demás se van al Cardenal y significanle la cosa. Pero él, como hombre poco aficionado a tales tratos, no los quiere ver ni oír; de lo que se vinieron de él confusos, quedando con todo muy entero y constante Nuestro Padre y con diligencia procurando todos los mejores medios que podía para efectuar sus propósitas, pues era[n] de tanto servicio del Señor, y que El había dado tanto conocimiento, claridad y certitud [certidumbre]. A cuya imitación habemos nosotros [de] procurar también que, aunque a veces nos suceda algo contra lo que pretendemos por gloria de Dios, no caigamos de ánimo, mas esforzándonos de nuevo, apliquemos todos los remedios y medios posibles según la cosa que se trata.

 

[34] Dice pues el Padre a sus compañeros que cumplía ayudarse y encomendarse la cosa a Dios, y así ordenó por este efecto se digan tres mil misas[25] a la Santísima Trinidad, de que era muy devoto[26]. Y para esto escribió a algunos conocidos que tenía, para que dijesen algunas dellas, y poco a poco se dijeron; y tornando una vez a hablar al Cardenal, cuando no se catan, le hallan totalmente mudado de lo pasado diciendo que había tenido dificultad en le parecer bien que esta religión se empezase, pero que ya tenía entendido que era bueno y santo que se hiciese y efectuase, y que él era contento; y de propósito se puso a decir palabras de aprobación della y aun más dello que los Padres querían. Y refiriendo esto al Cardenal Guidachon [Guidiccioni] al Papa, por le tener del negocio encargado, dice el Papa que es contento y que quería que se haga esta religión. Pero restringe la licencia para que no haya en ella más de hasta 60 profesos, y esto por tomar otra probación deste espíritu y gracia y no ser fácil en confirmar cosa de tanta calidad y en tales tiempos.

 

[35] Con esta confirmación así restricta se acabó el año de 40, pasó el de 41 y 42, y al de 43 el Padre se anima para hablar de nuevo a Su Santidad, y así lo hizo, dándole cuenta de todo lo que hacían, de sus ejercicios, predicar y confesar, y los más y aumento de la Compañía, y pidele quiera tomar dello información y abrir el número. Y él se lo concedió. Y abrió el número[27], mas en el resto no hubo tanta plenitud como después.

 

[36] Después, en el año de 45, faltando coadjutores, cono deseaba nuestro Padre, siendo ya la Compañía en muchas partes aumentada, torna a suplicar po esto a Paulo III, y concedió esto[28] y muchas gracias en el de 49[29].

 


[37] Finalmente, en el de 50, se suplicó a[l] Papa Julio [III] y dió la plenaria y perfecta confirmación de la Compañía, como ahora tenemos[30]. Y no se puede alterar esto sin que la Congregación general así lo ordene[31]. De manera que en estas probaciones fué nuestra religión aprobada; y pues ella así lo fué, no es mucho que lo que han de vivir en ella lo sean también con las muchas probaciones de que usamos[32].

 

[38] Queda junto con esto ver si esta religión es necesaria o útil, en lo cual [hay que atender] a dos cosas: la primera que nosotros no somos necesarios ni útiles, antes inutilísimos y indignos, de nuestra parte, desta vocación; la otra es que la religión en sí es muy útil y aun necearia, según la Providencia divina, la cual quiere que, puestos etiam todos los otros auxilios en su Iglesia y Religión, sea bien que supla a lo que siempre hay mucho que hacer para que las almas sean ayudadas; como en Valladolid yo decía a unos religiosos de mucha cuenta, haciéndose una profesión, afirmando lo que se ve en ella y lo que pretende, puesto que [aunque] nosotros no correspondamos con su fin de la manera que ella requiere. Y por tanto les encargaba nos ayudasen con sus oraciones a que Dios N. Señor enviase a ella los que más cómodos y propios fuesen para le servir en este ministerio, pues nosotros éramos tan flacos y ruines instrumentos. Y así todos tengan lembranca [recuerdo] siempre de pedir esto al Señor, y tenerse por indignos de tanto bien, para que todo se haga a mayor gloria de la divina Majestad.

 

 

 


Tercera plática (Tertia exhortatio)

 

[1-3] L’elezione divina di Ignazio per fondare la Compagnia di Gesù – [4-6] La conversione di Ignazio – [7-9] Gli scrupoli a Manresa – [10-12] Le visioni di Manresa – [13-15] Il desiderio di aiutare il prossimo – [16-22] Gli studi e le persecuzioni – [23-25] Missione apostolica specifica della Compagnia di Gesù.

 

 

[1] Comenzábamos ayer a tratar particularmente de nuestras cosas de la Compañía, y tocábamos solamente la confirmación; y, como os acordáis, fué modo mucho particular con que Nuestro Señor movió a Paulo tertio a se examinar tanto la Compañía en las confirmaciones hasta Julio tertio, que la confirmó plenariamente. De manera que diez años ha tomado la Sede Apostólica para aprobar este instituto[33].

 

[2] Tornemos un poco sobre este punto al particular. Religión es ésta; mas, como yo entiendo, desta manera: Las religiones Dios las hace con dones particulares que El les da, y El es el primero. Digo, pues, si Dios quiere, ¿quién le podrá estorbar? Si dice: quiero hacer esto, y elegir para esto uno, y quiero que sea ministro, y que sea Ignacio de Loyola; ¿quién le podrá contradecir?

 

[3] Elígelo; no que lo merezca él, o que se eligiese [a] quien tenía la gracia; que era pecador y andaba en guerra para la honra. Y él lo decía de sí, que andaba en vanidades [a] hacer esto y estotro[34]. Mas eligió su naturaleza por ser hombre para mucho, y era tan magnánimo que en la guerra nunquam se vió persona vencida[35]. Queriendo pues Dios hacer esto, para que non había gracia ni mérito; ni la naturaleza, ni naturaleza, ni naturales perfecciones de nuestro Padre (puesto que [aunque] grandes) bastaban, aunque eran gran ayuda, coniuncta la voluntad y gracia de Dios: como le eligió, comunícale gracia para esto por los mismos medios y más por donde se comenzó en él la Compañia y ha de proceder. Los cuales Dios andaba poniendo en él poco a poco, y de donde después se había [de] poner en práctica en la Compañía.

 

[4] Y fué ansí. Comienza el Padre Ignacio a convertirse a Dios estando enfermo, siendo desahuciado de los médicos, y a la media noche del día de San Pedro y San Pablo, de la era de 22, a los cuales tenía devoción, se empezó a hallar mejopr en la dolencia[36]. Quiere leer y pasar el tiempo, pide libros profanos de histoiras perjudiciales y malas, de Amadís de Gaula o otros, y no se hallan. Había Flos sanctorum y Vita Christi; lee por ellos[37], y en ello tenía dos espíritus: uno de servir al mundo y hacer grandes cosas profanas en su servicio; también otro de hacer cosas grandes como los fundadores de las religiones, San Francisco, Santo Domingo. Ansí fué que los pensamientos de cosas vanas dejábanle triste y desabrido, y los otros bien y contento; y de aquí entendió que éstos eran buenos, con que se determinó a servir a dios. Y con esto ansí dice: quiérolos seguir, los otros no; y esto fué su propósito[38].

 

[5] Así nosotros, a su imitación, de aquí tomamos principio para las elecciones que se dan en la Compañía, para que cada uno al principio considere la devoción que le mueve y vea: esto me da luz, esto confianza; sigo esto, estotro no. Porque si yo conozco lo que Dios me inspira y no lo sigo, peco, si es de pecado la cosa; y soy imperfecto, si la cosa es de perfección.

 

[6] Y después que así se determinó servir a Dios, teniendo aquella naturaleza noble y perfección de potencias, dále Dios gracia con que todo esto actuase suaviter y a sus tiempos; y ansí comenzó con ánimo de hacer en todo lo mejor. Ansí nosostros debemos conocer lo que podemos, y con la mejor gracia efectuar todo a mayor servicio del Señor, y ser a su ejemplo magnánimos, desconfiando primero de nos y entendiendo que todo con la gracia de Dios podremos. Y ansí el que tiene facultad para predicar lo pondrá en obra, otro en leer, o cualquiera otra cosa, lo mismo.

 

[7] Dice pues: quiero servir a Dios, y lo mejor que pudiere y supiere. Busca lo mejor, y lo que primero se le representa es “quiero hacer penitencia”. Deja su casa y parientes y hace voto de castidad, porque se sentía con peligro della, y quasi toda la inclinación se le quitó[39]. Va a Nuestra Señora de Montserrat. Allí se confesa generalmente. Vistióse de un saco, sin bonete, sin zapatos. Ayunaba cada día a pan y agua, sino al domingo[40]. Hacía 3 veces cada día disciplina. Hacía oración siete horas cada día de rodillas, levantábase a la media noche, oía cada día misa cantada, vísperas y completas, confesábase y comulgaba cada domingo, y hacía otras penitencias[41]. Quiere ir a Hierusalém y está en esto. Y ansí con su buena mente se guiaba.

 

[8] Y antes que tuviese mayor gracia y claridad, tuvo grandes turbaciones de espíritu, puesto que [aunque] también consolaciones. Tuvo una ilusión que el demonio con espíritu de cosa que mucho le alegraba le quería engañar[42]; lo que él depués conoció con la gracia del Señor, y venció. Fué otra ilusión, que tuvo grandes escúpulos con grandes extremos. Mas libróle Dios, puesto que [aunque] tenía poca inteligencia de cosas espirituales, desta manera: Había leído de un santo que hablando con Dios decía que ni comería ni bebería si no le hacía cierta gracia, y en esto determinó seguirle; y así lo hace él para quitar los escrúpulos, que una semana se tuvo sin comer ni beber. Confesóse, vase, [confesábase?] y de todo daba razón al confesor, de lo malo y de lo bueno; y mandándole él que comiese, hízolo y después fué librado de los escrúpulos[43]. Y así él quitó después a uno los escrúpulos, con le decir que no fuese escrupuloso y diciéndole él la historia de sus escrúpulos.

 

[9] A imitación desto nosotros en la primera semana [de ejercicios], empezamos luego también por penitencias. Y como él vino después a tener ilustración de la mente, conociendo los males, ni tiene ilusión ni quiere tanta penitencia, que se echaba a perder, y se persuadió que se debía moderar: así quiere que ninguno haga penitencia sin que lo sepa su confesor o su superior[44]; y así va a la vía iluminativa que es junta con la unitiva.

 

[10] Empieza después el Señor [a] enseñarle como un maestro de escuela enseña a un niño[45]; y fué esta ilustración del Señor creciendo en tanto grado, que vino a tener muy gran conocimiento de todos los misterios de la fe católica y especialmente de la Santísima Trinidad. Y le parecia que, aunque no hubiese libros que tratasen desto, que él se determinaria a morir por ello, por aquello que había entendido.

 

[11] Y especialmente tuvo una ilustración tan grande y extraordinaria una día cabe un río, que él solía decir que desde entonces, que era el año de 22, hasta el de 55 que decía esto, le habia Dios dado mucha claridad, mas que aquello solo excedía a todas las otras juntas. Entendió todas las cosas en una claridad y luz muy subida, a lo cual se solía él referir después declarando razón de las cosas que acontecían de mandarse, así de la Compañía como otras espirituales[46]. Y ansí le quedó una actuación de contemplación y unión con Dios, que sentía devoción en todas cosas y en todas partes muy fácilmente.

 

[12] Pues, a su imitación, hagamos nosotros penitencia para nos preparar a la contemplación y devoción y a unión de nuestras voluntades con Dios nuestro Señor. Y ansí conviene que vayamos por grados y nos mortifiquemos, para que Dios se nos comunique. Ninguno se desconfíe, que Dios le dará gracia si ansí lo hace; y mayor [a] aquél que más se humillare y obedeciere siguiendo la vía que Dios nuestro Señor nos mostró.

 

[13] Teniendo pues penitencia y oración Nuestro Padre, en pos desto luego se aplica y (no sabiendo nada, sino teniendo leído Flos sanctorum y hecho de él un extracto muy bien escrito y concertado) inclínase [a] ayudar el prójimo. Y así colegimos que nuestra oración luego debe ser inclinada a la práctica, como a fin de nuestro instituto, para ayuda de las ánimas que se pierden, por las cuales Dios dió su vida, como el Padre se movió coniungindo [juntando] las virtudes teologales e todas, para ayudar al prójimo, no se queriendo él quedar con sus consolaciones. Y hasta aquí han comprendido los ejercicios de la Compañía, y después síguense las probaciones que tenemos.

 

[14] Y la primera viene la de peregrinar a Jerusalén, por ser la mejor, y con suma pobreza, immo en Barcelona se quería ir sin compañero y sin bizcocho; pero fuese con solo bizcocho porque no quiso recibir el patrón de la nave sin él[47]. Y el dinero que le dieron en Roma diólo a los pobres[48] (los cuales corrían a él hasta que se le acabó). Y en Venecia, después de ido, váse al Duque diciéndole que quería ir a Hierusalém. Quiso el Señor que sin paga le hace poner en una nao[49]. Va por hospitales con mucha consolación y regalos del Señor y de su bendita Madre. Siente grandes devociones en los Lugares santos. Quiere quedarse allá a ayudar aquellas ánimas que ahí había de infieles y demás; y váse al Guardián de San Francisco que estaba en Monte Sión, y dícele que le admita y que sólo a los domingos y fiestas le confesasen y comulgasen, y ni le diese de comer ni beber.

 


[15] El Guardián dícele que quiere esperar por el Provincial que estaba en Belén. El cual, venido, dícele que no quede; si no, que le excomulgaba, como puede por una bula del Papa. Pero él no le repugna y determina volverse[50].

 

[16] Viene, pues, y por el camino dice: “tengo de ayudar al prójimo, mas ¿como?, que no tengo letras...”. Y de aquí nosotros venimos a tener los estudios para tener el adiutorio que Dios ha puesta en la Iglesia, porque relleva [importa] guardar el principio divino y el eclesiástico y moral. Estudios, pues, son necesarios por no hacer o decir herejías y relleva [importa] callar no sabiendo. Taceant in ecclesia[51] (S. Pablo) los que no saben interpretar.

 

[17] Y en esto se determina estudiar por musa, ae en Barcelona; y era tan pobre, que andaba a limosna, y el maestro con que andaba se llama Ardévolo[52], que aún vive. Y comenzando a decorar tenía tanta devoción y consolación, que no podía valerse. Y otra vez en París tuvo lo mismo, cuando comenzó a estudiar Artes. Pero conoció que era ilusión del demonio. Porque decía: “si cuando me confieso y comulgo, no tengo esto: ¿qué es esto?, ¿Dios confunde los tiempos? No”. Pues para remediarse toma [a] su maestro y llévale a un iglesia, y prométele de estudiar por dos años en barcelona si tiene ahí pan y agua; y [dícele] que le pèudiese azotar como a un muchacho[53].

 

[18] Y así lo hizo, y se le fueron las ilusiones; hasta que le dice el maestro que podía oír Artes. Y dijéronle lo mismo algunos sus amigos. Con esto fuése a Alcalá a ello y comenzó [a] estudiar términos[54] y Alberto de Sajonia y el Maestro de sentencias. Mas entendió ser ilusión y dejólo.

 

[19] Y trabajando al servicio de las ánimas, tiene luego ahí contradicción[55]. Mas della diremos después y de otras. Después tuvo otra en Salamanca[56], y entrambas le prendieron; mas nunca ni en éstas, ni [en] París, ni en Venecia, ni en Roma, le hallaron cosa en que le notase, antes fueron ellas para confirmación de lo que Dios nuetro Señor había puesto en él. Especialmente en Salamanca, examinándole, respondía a todo muy bien, puesto que [aunque] aún no tenía deprendido [aprendido]; y aun preguntándole un canonista un caso de conciencia, diciendo él que no sabía todavía quiso Dios que le acertó.

 

[20] Pero mandándole que hasta que hubiese estudiado no predicase, y pensando que en España tenía impedimento para el estudio, por eso se fué a París, y estudia un año Humanidad. Pero tuvo dos estorbos: de gran necesidad y enfermedad. Con limosnas se sustentaba, y a veces iba por algo a Flandes, y de Barcelona también le enviaban algo[57].

 

[21] Desto se determinaron en la Compañía los estudios, de manera que haya oración en ellos, pero ordenada con los estudios; y para que la necesidad no impida, tengan los colegios renta[58], y que para [que la] enfermad no impida luego todos avisen de ello al superior[59].

[22] Despuès estudia [Ignacio] Teologia; pero, porque no se acabase con él todo lo que Dios le había comunicado, determina de buscar compañeros que le sigan. Busca pues nueve, los cuales se determinan com él ir a Hierusalém; y dejan de ir por la guerra de venecianos y turcos[60].

 

[23] Y ansí se determinan ir al Papa para darle cuenta de su instituto, y que querían ayudar al prójimo; según su principio, que hiciese lo que fuese mayor servicio de Dios; y para esto sea instituído que el monacato[61] se ajuntase también con el sacerdocio, para poder así obrar. Mas ¿para qué Compañía, si hay tantas religiones y tan buenas? Y si ahora hay estas dos lumbres de la de Santo Domingo y San Francisco (y todas las tengo en mucho, porque al contrario es señal que no entiendes bien la tuya), es verdad que bastaban aquéllas; pero nosotros ayudaremos a lo que restare, porque todos los que ayudan a la Iglesia de Dios, de obispos, curatos y religiosos, siempre les queda algo por no le poder acudir y por estar apartados, o por otra causa suficiente. Y a esto nos deputamos nos[otros] universalmente, y especialmete [a] aquellas ánimas y infeles que más lo han menester, como a los herejes, y a una ciudad estragada si la hay, y a los demás. Porque somos últimos, lo último y postrero tomanos, para ayudar.

 

[24] Y de aquí se sigue que a monjas no imos [vamos] porque tienen quien las ayude[62]; ni imos [vamos] a monjes, por lo mismo. No buscamos sino lo dejado, y ansí el Padre Ignacio instituyó misiones, como en el cuarto voto que se hace al Papa está claro[63]; y por eso el aumento de la Compañía y su ministerio en buena parte se debe a los de la India. Y ansí es que de convertir nos, lo que se edifican todos, como el Papa sabiendo agora que nuestro Padre Canisio en Augusta ha convertido un heresiarca. Y con esto que hacemos nos coniungimos [juntamos] más con el Papa, porque como universal superior cárganle todas las faltas de los particulares. Y quedamos por aquí ministros universales y inmediatos a él. Y de aquí viene el cuarto voto especial hecho a Su Santidad.

 

[25] Tenemos pues agora alguna noticia de la Compañía. Recopilémoslo agora: ¿qué es la Compañía? Yo veo que Dios N. Señor veía lo que yo ahora veo y lo que yo no veo; que es: grande edificación de muchos, grande recogimiento de muchos, y lo que está por venir, que será mucho más, como lo decía Nuestro Padre, porque comenzamos agora y los que vendrán nos llevarán la ventaja. Pues si viendo Dios tanto quiso que esto se instituyese, gran gracia debe tener dado para ello [a] la Compañía, pues es la comunicación desta gracia, concediendo el Papa el ejercicio de todos los ministerios a los della[64], para poder más cooperar a esto que Dios quiere para su mayor gloria.

 

 

 


Cuarta plática (Quarta exhortatio)

 

[1-2] Le consolazioni di Ignazio – [3-4] La visione della Storta e il nome della Compagnia di Gesù – [5-7] Il fine della Compagnia di Gesù approvato dalla Sede Apostolica – [8-9] Il desiderio della perfezione propria – [10-22] I lavori in aiuto del prossimo, i mezzi e i ministeri per realizzarlo.

 

 

[1] Lo que ahora se ocurre consiguiente a lo de ayer es entender aún esto de la Compañía; y quería decir de su fin y sus partes, pero primero me ocurren dos otras cosas que sirven a lo mismo. Per obiter diré lo que se me olvidó ayer del Padre Ignacio: que él se hizo sacerdote, y así fué obligado a rezar. Y en comenzando un salmo estaba un día sin poder acabar por las muchas consolaciones y alegrías de espíritu que tenía. Por lo cual los nuestros se fueron al Papa a se lo decir, y él le quiso atajar queriendo que no rezase sino ciertos Pater noster; y con esto aún no acababa.

 

[2] Y tenía gran deseo de decir misa y en ella tanto se consolaba que era cosa tan extraordinaria que luego de lo mucho que se actuaba se hallaba mal del estómago[65] y quince días estuvo malo por decir tres misas a petición de una hija de Juan de Vega. Elevábase en cualquiera cosa, como en un jardín, sobre una hoja de naranjo estando yo presente le aconteció tener grandes consideraciones y elevaciones sobre la Trinidad.

 

[3] Tornando al propósito, nosotros hallamos que en la bula nuestra se dice que somos llamados ut militemus sub vexillo Crucis y con nombre de la Compañía de Jesús[66]. Y este nombre se nos ha comunicado; que, yendo nuestro P. Ignacio con el Padre Fabro y el Padre Laínez a Roma para hablar el Papa, en el camino se sintió muy consolado, y le apareció Dios Padre con le mostrar su Hijo con la Cruz a cuestas, con el cual se [le] puso como dándoselo por amo; y le dijo: ego vobiscum ero[67]. Y esto es lo que yo tenía oído al P. Laínez, y también él me lo dijo preguntándoselo. Y ansí quedó en ciertos apuntamientos de él al tiempo que hizo las Constituciones que se refería a esta aparición[68]; pues cierto es que no decía él más de lo que era, como al cabo de lo del P. Luis Gonçalvez [González de Cámara] concluyo[69].

 


[4] Consolación pues grande para mí y cada uno, que lo mismo a mí en su persona [de Ignacio] me hace Dios, y por eso cada uno esto debe imprimir en su corazón aumentando aquella gracia con su cooperación, tomando parte de la Cruz de Cristo con la cual nos apareció en él. Y ansí como el Señor quiso ser obediente, ansí nosostros; así como quiso ser pobre nos[otros] también; y como quiso buscar las ánimas perdidas, así nos[otros]. Y para esta milicia somos llamados; y por ser tan conforme al mismo Jesús, se llama de su nombre especial, porque el Padre Eterno le ajuntó al mismo Hijo Jesús. Y puesto que [aunque] algunos quieren obstar al nombre, N. Padre nunca en esto consintió. Llámase así como otros se llaman de Sancto Jacobo, etc.; y esto por consolación nuestra.

 

[5] Lo otro que quiero tratar es sobre aquello de la bula de Paulo III, que al principio dice: Spiritu Sancto inspirati, ut pie creditur[70]. Y después añade: Spiritu Sancto inspirati, simpliciter et assertive, y aun Julio III así lo dice sin más añadir[71]; y con esto confirman simpliciter la Compañía; de modo que al principio puso ut pie creditur, pero al cabo no dice esto; mas simpliciter aprueba el espíritu de la Compañía después de la prueba tomada della.

 

[6] Cuanto al fin de la Compañía, primariamente de las Constituciones se podrá bien colegir en muchas partes; y es que se hizo a mayor gloria de Dios nuestro Señor. Y de la bula que se hizo: ad defensionem et ad propagationem fidei, haciendo intento a nuestra salvación y perfección, y intensamente a salvación y perfección del prójimo con la divina gracia; y esto por predicaciones, públicas lecciones y cualquier ministerio de la palabra de Dios, por enseñar [a] muchachos y rudes personas la doctrina cristiana, ejercicios espirituales y administración de sacramentos, y visitar los hospitales y cárceles, y ejercicio de todas las obras de caridad[72]; lo cual todo es lo sumo que puede ser, por cuanto está en el amor de Dios y del prójimo.

 

[7] El uno y otro fin tenemos con procurar todo a mayor gloria de Dios y aun todas las ánimas, ayudandole en todo. Así consta que nos es aplicado el mismo fin que Cristo N. Señor tuvo viniendo al mundo a morir porque no se perdiese. Así,  ne conculcetur sanguis Christi, nadie haya de nosotros que no sea pronto para ir [a] morir a los Indios o [a] Alemania, por alcanzar este fin. A lo menos, a esto somos llamados.

 

[8] Es de advertir que aun en esta vida en que el Señor nos ha puesto, aunque tenemos estado, no por eso dejamos [de] aspirar a mayor perfección. Porque, puesto que [aunque] no se pueda tornar atrás en cosa, puédes todavía hacer ultra del modo que hasta aquí fué, siempre en mejor y mejor, y conforme al fin nuestro, de todo hacer al mayor servicio de Dios y su gloria.

 


[9] Está cierto que debemos siempre en todo aspirar a la perfección y aumento, y esto ha de ser nuestro instituto; y aquí tenemos de anhelar siempre sin parar, caminando de continuo, pues caminar a lo mejor, no hai estado que lo impida. No que andemos anxios y afligidos, porque todo esto debe ser en espíritu de Dios, suave, benigno, eficaz; el cual nos dará aumento y quitará los escrúpulos y ansiedades. Que, aunque haya contrariedad en ello, conviene per [sin embargo] ejercitarse bien para lo hacer.

 

[10] Y cuanto a lo del prójimo, que le debemos procurar salud a mayor gloria de Dios, dos cosas hay: la primera, defensio fidei[73] contra los herejs, pues a esto somos llamados. Y al mismo tiempo que Lutero se desvergonzó y comenzó más su mal error, que fué cuando se casó, según me acuerdo, empezó nuestro Padre.

 

[11] Lo segundo ad propagatione fidei[74]. Y esto lo más se entiende de los infieles y mahometanos que no son herejes; y con éstos debemos mucho procurar de salvarlos. Y ansí en ello Dios nuestro Señor mucho en las Indias nos ha favorecido, y en Alemania con los herejes.

 

[12] También conviene trabajar ad profectum animarum in vita et moribus[75], haciéndolo primero en nos[otros], trabajando por la perfección, no sólo en no pecar, que esto sería vergüenza de religioso si sólo lo pretendiese. Y de tal suerte se debe tratar de la perfección de la propia ánima con la gracia que Dios tiene comunicada, que en ella deve tener confianza que el Señor le esforzará, si se esfuerza y concurre y coopera con ella. Y pues Dios nuestro Señor quiso que intensamente, como nuestro Padre dice[76] atendiésemos para el prójimo en lo mismo que para nos[otros]; ansí debemos de pretender que ellos no pequen mortalmente, exhortándolos, haciéndolos participar los sacramentos, y aun trabajemos para que procuren perfección. No que luego les hagamos frailes y que tengan perfección evangélica, sino que hagan opus supererogationis, como que se confiesen generalmente y a menudo, o que hagan tanta o tanta oración, y denique hagan algo de lo que [aquello] a que no son obligados; y al casado, que ad tempus abstineat ut vacet orationi[77].

 

[13] Y para inducir el prójimo a la supererogación o perfección de que es capaz, débele buscar medios convenientes. Y todos, confesor confesando, lector leyendo, y coadiutores y todos, deben procurar esto; y aun venir en particular a uno si es para religión y procurárselo y intensamente. Y esta intesión en todo se debe atender, porque para ayudar al prójimo Dios N. Señor quiso que fuésemos religiosos; y que no basta que en mi cámara le ayude, sino que se lo procure en obras; porque ¿se puede sufrir contemplar que Dios vino al mundo a morir por las ánimas, y que yo no las ayude con intensión? No es cosa, no: que debo morir en ello, e ir de una parte en otra a confesar, como los nuestros iban muchas leguas.

 


[14] Y de aquí resulta aumento de nuestra perfección, porque no es aumento orar, sin más hacer ni aprovechar al prójimo y ganar las ánimas que se pierden. Porque nuestra perfección anda en círculo; y es con tener perfección de oración y ejercicios espirituales y ayudar al prójimo, y luego con ello adquirir más perfección en la oración para más ayudar el prójimo.

 

[15] Y cuanto a los medios para nuestro fin, donde se colige cuál él es, es de advertir al catálogo de los encima [arriba] dichos, ques sono todos los medios eclesiásticos, exceptos dos de obispos, de confirmar y ordenar, y tener jurisdicción eclesiástica; pero no es eso necesario. Gran merced de Dios y privilegio que nos da a nosotros por instituto lo que es in ecclesiastica hierarchia de los obispos y sacerdotes. De manera que lo que es a otros religiosos privilegio que lo puedan hacer, a nosotros nos lo da Dios por instituto religioso, dándonos gracia para que lo hagamos, ultra de la común gracia, como en religión y vía de perfección.

 

[16] Podemos pues predicar, lo que es propio y en mayor grado de los obispos, que son perfectos perfectione acquisita; nosotros en grado mínimo, pero ex instituto. Y [a] esto de la predicación ayuda mucho la devoción, porque tiene por particular mover; y por esto quiso el Padre ejercicio de los tonos.

 

[17] Podemos también leer, porque ayuda sumamente; y puédenlo hacer los que a veces no tienen talento para predicar. Podemos también ayudar en cualquier otro ministerio de palabra, lo que se entiende en la buena conversación; en lo que era grande el Padre Fabro, aunque no prestaba [servía] para predicara. Y de él decía Nuestro Padre que de petra sacaría agua.

 

[18] Podemos ultra con el prójimo ex instituto darle cualquier ejercicios espirituales, con que le podamos aprovechar, como los nuestros que tenemos. De suerte que los podemos dar conforme a la conceión del Papa Paulo III[78].

 

[19] Podemos ultra enseñar la doctrina cristiana, no predicándola, sino en conversación, que todos la puedan aprender.

 

[20] Podemos también comunicar los sacramentos (solos [sic] usamos dos) que Dios ha instituído a la salud del prójimo; los otros no usamos, porque hay quien los haga; y aun donde hay necesidad lo podemos.

 

[21] Podemos también servir y ayudar en hospitales y cárceles, y en todo; para lo que nos debemos esforzar, que Dios nos ayudará, porque es la vvida actuarnos nos[otros] con el fin.

 

[22] Y esto hacemos en cualquier estado que seamos, pues todos somos uno. Y que uno lo haga depende del otro, que si el Padre hubiese de venir a la cocina, mal podría él confesar. Trabajemos todos y esforcémonos, que todo podremos a gloria de Dios N. Señor con su santa gracia.

 

 

 


Quinta plática (quinta exhortatio)

 

[1-6] La meditazione del Re temporale e la grazia della vocazione alla Compagnia di Gesù – [7-9] Paragone tra la vocazione degli apostoli e quella dei membri della Compagnia di Gesù – [10-11] La meditazione dei Due Vessilli immagine dell’Istituto – [12-13] L’amore all’Istituto come mezzo per conoscerlo – [14] L’amore verso i superiori – [15-17] Dati e referenze su p. Laynez, generale della Compagnia – [18] L’amore verso le cose della Compagnia di Gesù.

 

 

[1] Para conocer la gracia y vocación nuestra últimamente decíamos del fin de la Compañía, del cual la podíamos venir a conocer. Agora, con la gracia de Cristo, haremos lo mismo de algunos otros principios, hasta que vengamos a lo demás en particular. Llamó pues Dios N. Señor al Padre Ignacio, dándole gracia conforme a lo que pretendía; como San Pablo dice: gratiam et apostolatum, etc.[79]. Y quiso, no que él solo ose quedase con ella, pero que non presidiese a nos[otros]; como lo hizo, y llevó nuestra Compañía adelante. Y aun agora creo lo hace, como de San P[edro] aun ahora dice S. León que rega [a] Dios N. Señor por toda la Iglesia, como quien fué pastor suyo. Y para esto le instruyó Dios no sólo en la guía que tuvo, de que ya dijimos, pero aun en otra manera, conforme a la meditación del Rey temporal y la otra de las Banderas, las cuales tenemos en los Ejercicios[80].

 

[2] Es pues ansí la primera. Imaginamos un Rey temporal, que procura tener soldados con que pueda destruir y asolar todos los enemigos de Dios. Llama todos los suyos y háblales diciendo que en todo se quiere hallar con ellos; que quiere pelear, trabajar, etc., y que al cabo a todos galardona.

 

[3] Cristo N. Señor así, teniendo mandato del Padre Eterno, quiere hacer guerra a los enemigos nuestros, mundo, carne, demonio. Y para esto llama [a] todos. Unos le ofrecen todo, otros así como pueden. Viene Cristo a la batalla, y al cabo a cada uno da conforme al mérito. Esta guerra espiritual aún hoy se hace; en lo que yo bien me querría certificar conforme a la luz de la fe, que nos da en esto la claridad de lo que no se puede ver con los ojos que es lo esencial.

 

[4] Hácese, como digo, aun hoy esta guerra, y cruelísima de muertes de ánimas, cosa que todas las guerras mundanas y temporales no harán. Es la muerte espiritual, de pena eterna. O también se da vida eterna a las ánimas, que es lo principal que en ella pretende Dios N. Señor. Pero lo otro los demonios.

 

[5] En esta batalla venció Cristo con su muerte, con su Cruz, con humildad (al contrario de lo que hizo el demonio), y en la virtud divina, como era Dios y hombre. Lo que resta es seguir la victoria, haciéndonos compañeros suyos; y para esto nos llama una y otra y muchas veces, puesto que [aunque] no llamó para que con nosotros alcanzase la victoria, pues que la ganó solo. Torcular calcavit solus, etc.[81].

 


[6] A este llamamiento de Cristo N. Señor obedecieron los Apóstoles al principio con tanto efecto, los Evangelistas, los discípulos y continuamente los santos y siervos de Dios, cada uno según la gracia comunicada de Dios N. Señor. En nuestros tiempos lo hace nuestra mínima Compañía, como escuadrón llamado familiarmente, y quiere el Señor que le ayudemos a proseguir la victoria. Y llama primero al Padre M. Ignacio, y por él nos llama a nosotros, dános gracia que le prometamos, y la aumenta para que cumplamos lo que prometemos.

 

[7] No quiere Dios que en esta Compañía, en que nos pone, que tengamos el estado de obispos: ellos perfectos, ellos sin obediencia, sino al Papa, etc.; nosotros, llamados a la obediencia. Ellos con hacienda, con dignidades; nos[otros], pobres siervos comunes, sin honra, sin dignidad; porque a ellos, como a perfectos que son, conforme a su estado, todo aquello se debe [y] administrar los sacramentos de órdenes y confirmación; nosotros no.

 

 

[8] Pero a proporción como Dios llamó a los Apóstoles, a los cuales ellos sucedieron, primero cuando ellos le conocieron, después con familiaridad, y [por] último con dejar las redes y todo y le siguieron; ansí en semejante nos llamó a nos[otros] lo primero con conocer el modo de vivir, lo que se hace en la primera probación; después con familiridad, lo que se hace en la segunda probación en la cual se conocen unos a otros, y determinándonos ahí escogemos servir en la Compañía y seguir en ella a Cristo. En esta [probación] se siguen los ejercicios de oración, como también ellos lo hacían, por lo que pedían: Doce nos orare[82]. Hacemos peregrinación, ellos también. Andamos en hospitales, ellos también, sanando y presentando a Cristo los que sanaban. Servimos en cosas bajas, ellos también. Enseñamos la doctrina y lo demás; ellos eran enviados por Cristo a predicar, y todo esto antes de ser sacerdotes ni obispos. Conforme a esto hacemos nosotros en la segunda probación[83].

 

[9] Y ansí como ellos eran [los] unos, apóstoles; así les asimilian [asemejan] nuestros profesos. Y como otros, discípulos; así otros de los nuestros, coadjutores espirituales. Y como fueron escogidos otros que ministraban a las mesas[84], a los cuales [a lo cual] procedían los diáconos; ansí son entre nos[otros] coadjutores temporales. Y como después, antes de la Ascensión, Cristo los hizo sacerdotes, haciendo a San Pedro Pastor universal de la Iglesia[85], dando a todos el Espíritu Santo, enviándoles, pero subiectos a San Pedro, confirmando todo con la gracia del Espíritu Santo[86]; ansí nosotros por semejante vía andamos, a proporción, sucediendo a los Apóstoles y [a] los discípulos, como ministros de todos ellos ex officio, nosotros como siervos suyos. Y como ellos no tenían hábito no coro, así nosotros sin hábito ni coro le seguimos.

 

[10] En la otra meditación que propusimos dió también Dios N. Señor a nuestro Padre lo que convenía que hiciese[87]. Es así que en el mundo está el demonio aparejado, puesto que [aunque] atado hasta el tiempo del Anticristo, que entonces tres años y medio será suelto[88]; y cuanto más a él se llega, más se suelta, como agora ya por los herejes. Está, como digo, aparejado para la guerra. Pero en Babilonia, que es confusión; en infierno, con todos los demonios que le ayudan. Y así llama [a] todos los malos que le siguen, mahometanos, herejes y todos los [de]más, para que combatan las ciudades, lugares, casas y particulares, unos con estos vicios, otras con otros.

 

[11] Cristo nuestro Señor, al revés, llama [a] los suyos, ángeles y santos; y por éstos llama [a] todos los hombres, diciendo que sigamos su bandera de la Cruz, y a nos[otros] diciéndonos que nos porná [pondrá] uno, que fué el P. Ignacio, que nos dirá de qué suerte nos habremos y haremos la escaramuza, y saldremos a la guerra; que es con leer, con predicar, y con todo lo demás que por los Superiores se nos propone. Y ésta es la guerra cuotidiana que cada día se hace de nuestra parte, y quiere Cristo N. Señor que en ello le sigamos, y combatamos y vamos adelante. Y con esto, pienso, N. Señor dió a entender al Padre Ignacio lo que se debía hacer en la Compañía y lo que en ella quería que pretendiésemos[89].

 

[12] Lo que agora se ofrece adelante para saber, es el modo con que conoceré la Compañía. Lo [aquello] en que se conoce esto es en el amor; y, cuanto a Dios, en esto se conoce uno como está con él, si le ama y si con esto procura aumentar las obras del entendimiento. Y más le ama cuanto más conócele obrando conforme a su voluntad; que de otra suerte no ama, como lo dice San Juan[90].

 

[13] Pues el que quiere conocer la Compañía y si está bien en ella, vea que ame su fin, no se turbando en cosa de la obediencia, trabajando por las ánimas, con quietud y devoción en el Señor, de la interior virtud de Dios y gracia tomando fuerzas para la exterior operación, y del mérito, aumentando lo interior; y si [se] debilitan las fuerzas, manifestando al Superior que le ayude. De suerte que en el amor del fin de la Compañía consiste todo, y en amar también todo el instituto, reglas; en amar las Constituciones, tradiciones, costumbres; que en todo Dios nos ayudará para bien entenderlo.

 

[14] Amemos también la gracia deste instituto, y en ello sumamente a Dios, que fué el autor de todo esto por sí mismo, sin mérito nuestros; y con esto se debe coniungir [juntar] el amor a los Superiores, y primo al General, tomando la afección desde el primero con los demás, pues que gobierna toda la Compañía con suma potestad, sin que le pueda obstar ninguno particular, puesto que [aunque] le pueda proponer; pero no de suerte que sea obligado a seguir lo que proponen, pues, solo, puede poner y deponer Provinciales, hacer reglas y interpretar Constituciones[91]. Y lo principal que nos debe mover a este amor debe ser lo dicho y por ser él por quien inmediatamente nos gobierna el Papa. Así que al principio, al Padre Ignacio, como primero; y luego nuestro Padre Laynez.

 

[15] Del cual, porque sepáis, vos diré algo. Y es que desde de niño fué muy bien inclinado, y de muy buena habilidad; tanto, que espantaba en el Alcalá. En Paris estudió Teologia; y ahí, después de tener nuestro Padre Ignacio al Padre Fabro, le dió los ejercicios. Así quedó con su rara erudición y suma lectura. Tiene todos los extractos de todo cuanto tiene leído, aun de todo el Tostado, lo que hizo en cuatro años, estando aun ocupado en predicar y confesar. Tenía y tiene suma gracia en predicar, y en cierta parte le aconteció querer hacer una admonición a un obispo para le tirar [sacar] de ciertas cosas; y al cabo él, después de oírle, le dió una bofetada. Y una cuaresma le aconteció predicar cada día sin tener libro alguno que leyese, y ahí andaba mal vestido y roto.

 

[16] Y en este tiempo no teníamos aún colegios. Fué al primero que hizo colegio en Venecia y Padua; y que fué en Italia primer Provincial y primer Comisario en Sicilia. Después le envió el Papa a él con nuestro Padre Salmerón a[l] Concilio de Trento, donde dió tantas muestras de sí, que le fueron causa de grandes persecuciones por hacerle obispo, primero de Florencia, después de Pisa; y aun después Paulo IV le trabajó hacer Cardenal junto con uno de los suyos, Teatinos, que ahora lo es. Pero escapó él con oraciones de los Hermanos, como él sumamente deseaba. Y aun familiarmente decían los Cardenales, algunos a lo menos, que a él debían hacer papa en esta elección pasada, aunque nadie ha votado actualmente en él. Es verdad que sospechaba el Maestro de ceremonias en el conclave le elegirían, cuando le vió en conclave, porque le llamaron a él para cierto negocio.

 

[17] Pero ni por todo esto ha dejado su espíritu, ni de ser como los otros en trabajar, por su parte continuando sus predicacioes aun después de ser General, con sumo concurso de Cardenales y Obispos. Grandes partes son éstas, que nos deben mover a le amar; mas, principalmente, ser elegido con tanta unión y concordia, con haber precedido tantas misas, oracioes, penitencias en toda la Compañía para ello, y con tanto suceso y aumento en la Compañía por su gobernación.

 

[18] Y después habemos de amar a nuestros Provinciales y Rectores y todos los [de]más Superiores, que como ministros de Dios nos rigen y gobiernan. Lo que nos releva [importa] también para conformarnos en la Compañía es que todo [lo] que no sea conforme al modo de proceder en la Compañía, y lo que teníamos en el século, lo dejemos, y lo bueno, malo, que hubiere en él; conformando todo con la leche della, sin querernos regir por nuetro juicio, subiectándonos en todo con suavidad. De suerte que lo hagamos spiritu, corde et practice, como ya es dicho, a mayor gloria de Dios que en ello nos ayudará.

 

 

 


Sexta plática (Sexta exhortatio)

 

[1-2] La vita della Compagnia di Gesù. Unione di vita attiva e contemplativa – [3-9] I cinque mezzi per accrescere la grazia della vocazione alla Compagnia di Gesù – [10-12] Persone e superiori nella Compagnia di Gesù – [13-15] Le case della Compagnia di Gesù – [16-17] Le missioni fuori delle case della Compagnia di Gesù – [18] Esortazione finale.

 

 

[1] Diremos hoy con la gracia de Cristo lo que restaba tratar acerca de entender nuestra gracia. Lo que ahora se ofrece es entender de este instituto si contiene vida contemplativa o activa; y decimos que, cuanto al fin que propone, contiene una superior vida.

 

[2] Así supone la activa con mortificar nuestras pasiones y andar en hospitales; y también contemplativa de oración, meditación y procurar la caridad y unión con Dios. Y así, puesto que [aunque] ayuda para la Compañía ser bueno en la vida activa, pero no basta para el fin; ni tampoco basta la vida contemplativa, pues nuesto fin es ayudar el prójimo. De suerte que releva [importa] tener la una y la otra vida, y paz en las cosas activas, y coniungir [juntar] el fervor de la oración; y con esto se añade aún una virtud y facultad con que puedad deducir [trasladar] una y otra vida a la práctica, instruyendo en la una y en la otra a uno y a otro; de manera que en ello imitemos [a] los obispos, en nuestra humildad y [bajeza], cuyo propio es tener preminencia en una vida y otra con que puedan inducir todos a ellas conforme a mayor gloria de Dios.

 

[3] Pero es de advertir que en todo lo que es dicho acerca del conocimiento de la gracia a que Dios N. Señor nos llamó, puede haber un error; y es que no atendamos al fin [por] que Dios N. Señor nos concede esta gracia y conocimiento. Es ansí, pues que quiere Dios todo lo que dicho tenemos por medio, pero el principal es que lo traigamos a la prática para nos ayudar en la obediencia y en todo lo demás en que nos sentimos faltos. Porque poco aprovecha saber mucho de la Compañía y deducir [trasladar] poco de ella en ejercicio.

 

[4] Lo que queda de todo lo dicho para advertir, y cada día, es lo primero que cada uno piense que Dios le ha dado esta gracia y conocerla; segundo, que le ha Dios dado gracia [de] aceptarla y obedecer a la vocación; tercero, que tiene dello hecho votos y aprobados por la Iglesia; y destas 3 cosas hacer gracias a Dios. Cuarto, que cada día pida a Dios N. Señor gracia para el mayor conocimiento desta gracia y que la ponga en ejecución; quinto, que se ayude de las virtudes grandes, scilicet, teólogas [teologales] para ello.

 

[5] Y cuanto a lo primero cierto es ser inestimable y increíbile este beneficio de Dios atenta la vida nuestra en el siglo, nuestros pecados, peligros, desorden, incertitud, tinieblas y la mucha quietud que ahí tenemos; principalmente considerando que, siendo malos, Dios nos quiso mirar y mover a esto, y nos hizo capaces desta gracia con darnos gracia para que merezcamos delante de El. Y de aquí nos debemos mover mucho a le amar, pues ansí se nos quiso comunicar, reconociendo sumamente su caridad y comunicación, dándole sumas gracias, deseando que todos las hagan con holgarnos de nos tenernos a El obligados, y andar con estos propósitos de le servir en todo, de hacer su voluntad con perfección con su divina gracia.

 

[6] Cuanto a lo segundo, pluguiese a Dios que nunca se apartase de lo primero; porque a muchos llama Dios que no le oyen, de suerte que es la gran gracia que lo oigamos y obedezcamos a su vocación. Es esto dar Dios oídos espirituales para que oigan sus cosas, porque carnalis homo non percipit quae Dei sunt, etc.[92]. Es pues consolación particular el considerar cómo Dios en ello particularmente nos ayuda queriendo le obedezcamos y sigamos. Y desto rursum hagamos gracias al Señor e puro corde.

 

[7] En lo tercero es gran consolación con que Dios nos conforta queriendo que de tal suerte lo sigamos, que no podemos tornar atrás; en lo que no caen muchos, ni yo quasi por mucho tiempo, hasta que estuve en la Compañía. Es esto mucho, porque con esto se hace quasi una confirmación de nuestra parte de la inmovilidad del camino para la vida perfecta en que Dios nos ha puesto; y cierto es que, de la suya, Dios nunca faltará en ayudarnos para ello; y desta gracia debemos grandemente dar gracias al Señor y tenerla impresa en nuestro corazón.

 

[8] Cuanto a lo cuarto, pues ya estamos en esta gracia, lo que releva [importa] es que todo el conocimiento della tengamos en el corazón, para más la amar y ser más obedientes y mejor le seguir. Y para esto se debía pedir siempre a Dios y mayor el verdadero conocimiento della que es necesario para más nos conformar en ella, y en todo nos reducir a depender de Dios, de la obediencia. Y por los medios que por su misericordia ha dado a la Compañía caminaremos en su santo servicio con facilidad, que el Señor en todas las cosas da con virtud y suavidad.

 

[9] A lo quinto es de advertir que, pues nos queremos ayudar desta gracia, está claro que debemos procurar los mejores medios que hay para ello. Pues para esto se debe coniungir [juntar], como muy principal, la fe, teniéndola firme en Dios, que es su propio objeto; que pues nos ha dado esta gracia, nos llevará adelante con los medios que tiene puesto[s], si de nuestra parte no faltamos. Y la esperanza confiando sumamente que nos ayudará para que vayamos creciendo, que cierto es que El no mancará [faltará] por su parte. Y juntamente siguiendo la caridad y amor de Dios, amándole cada vez más. Y con ello creciendo en la gracia y con la confesión y principalmente con la comunión del Santisimo Sacramento, donde Dios se comunica muy especial[mente] con gracia y favores particulares copiosamente. Y eso baste cuanto a lo que habíamos de tratar como en común de la Compañía.

 

[10] Vengamos ahora al particular della Compañía. Cuanto a las personas de la Compañía, es la división: novicios, escolares, coadjutores temporales y coadjutores espirituales, y estos tres[93] o con votos símplices o con tres solemnes; y ultra, profesos con cuatro votos solemnes.

 

[11] La autoridad de la Compañía suma está en la Congregación, la cual es sobre el General, in tempore que hay Congregación actual[94]; y cuando no, la suprema es del General, que nadie le puede obligar sino el Papa y Dios.

 


[12] Hay también Comisarios, que es oficio no ordinario, sino dependiente de la voluntad del General y con el poder que él le da[95]. Hay tembién Provincial, que [es] inmediato al Comisario, si lo hay[96]. Hay Prepósito local, que es superior de las Casas profesas, salvo en Roma, que lo es el General; y éstos deben ser profesos y de cuatro votos. Hay Rectores en colegios; hay Maestros de novicios; y hay también otros superiores, somo Ministros y stotominostros; pero éstos no se entienden en las Constitutiones y reglas por Superiores, sino el Rector y superiores a él, como el Sobrestante[97] en los colegios y más los que ya dijimos. Y no son más los Superiores ordinarios, pero hay muchos otros oficios.

 

[13] Hay en la Compañía casa de probación. Mas la probación se puede hacer o en colegios o en las casas profesas; pero lo propio de casa de probación, es que sea por sí, per junta al colegio más cerca de casa, como se dijo en la Congregación[98].

 

[14] Hay colegios, que son de dos o tres maneras. Lo primero fué para que estudien los nuestros, sin leer. Después fué para que leyésemos; y esto o en parte o en todo, scilicet, con leer latin y Artes y Teologia, etc. Hay también otros con estudio general como en Gandía[99], que es colegio coniuncto con universidad y privilegio della, y como en Evora.

 

[15] Hay también casas de profesos, donde están los que atienden a lo último de la Compañía.

 

[16] Hay también una casa que mucho nos ha de consolar a todos, y es peregrinación o misión a diversas partes para ayudar a las almas. De suerte que, por ello, todo el mundo habemos de tener por casa; y estas misiones nos son a nos[otros] muy conformes, especialmente según el deseo del Padre Ignacio, que de continuo se ve en sus cosas que quiere fuésemos dispuestos para ir por todo el mundo, de católicos o de herejes, o en Alemania o en la India; y ansí espero que vayamos la Compañía por todo el mundo. Y desta parte se hace gran mención en las Bulas y Constituciones[100].

 

[17] De suerte que en cada obispado con la ayuda de Dios vengamos a tener casa, de la cual salgan unos y otros para ayudar las ánimas, no sólo del derredor, [pero] de donde mayor necesidad hubiere. Y así creceremos con el favor divino, de manera que de cuando en cuando se pueda tañer el atambor en la Compañía para ir a la India o otras partes, y cumplidamente se haga dando de cada casa algunos, como pareciere. Y así vendremos con la ayuda de Dios a tener disposición para que en estas misiones de parte a parte vayan aun profesos con un coadjutor espiritual y aun un temporal; aunque agora releva [importa] atender primeo a extender primero la Compañía para que se pueda después hacer, de manera que se ayuden muchas más ánimas y no se gloríe el demonio ni los malos contra Dios y contra la Iglesia y buenos.


 

[18] Lo que pues releva [importa] ahora es que cada uno ahora vea el estado que tiene en la Compañía, y que en él se procure en particular ayudar y cooperar con la voluntad de Dios; porque El en todo nos ayudará, especialmente si a ello nos disponemos con su gracia, o los novicios, o los estudiantes, o maestros, o en cualquier otro oficio a mayor gloria de Dios.

 

 

 


Septima plática (Septima exhortatio)

 

[5] Il quarto voto

 

 

[5] Y antes que pasemos más adelante, digamos algo de la dependencia y subordinación que tenemos en la Compañía. Primero [la dependencia] es de Dios que nos trujo [trajo a] esta religión moviéndonos interiormente; y luego del Papa, no sólo como los otros religiosos y demás, mas aún más particularmente con le hacer un voto inmediato especial para misiones, que es gran privilegio y gracia que Dios N. Señor nos ha hecho[101].

 

 

 

Octava plática (octava exhortatio)

 

[11] Gli esperimenti del noviziato

 

 

[11] Y hecho esto entra en la segunda probación, en la cual se ejercitan seis probaciones[102]. La primera, ejercicios espirituales por un mes; la segunda, hospitales; tercera, hace peregrinaciones; cuarta; sirve en oficios bajos de casa; quinta, en enseñar la doctrina a los niños; sexta, confesar, predicar, etc.; y ultra un generale de todo aquello che el superior, para le probar, ordenare. Estas probaciones hico nuestro Padre porque se halló bien en ellas. Y a la verdad, en todas se ejercitó él muy de propósito, como ya dijimos en la tercera exhortación, cuando hablamos de su vocación y principio.

 

 

 

Novena plática (Nona exhortatio)

 

[11-13] Sulla correzione fraterna – [14-19] La Compagnia di Gesù e la croce.

 

 

[11] La otra regla que quiere Nuestro Padre que todos observen entrando es que , como cada uno procure hallar en todo perfección, en la humildad y esperanza y fe y dones y todo, de suerte que no debe uno contentarse de adquirir las virtudes como un seglar o un otro que no entra a seguir vida perfecta; así para conseguir lo que con sumo cuidado y celo espiritual debe procurar es de ser contento de ser denunciado, o denunciar al superior los defectos y faltas que sabrá fuera de confesión[103]. Y esto se debe tomar como todas las otras cosas de la Compañía, pues esta regla está en las Constituciones aprobada por la Sede Apostólica, como lo son ipso facto todas nuestras Constituciones[104]. Y si alguno tiene duda en esto, vea lo que va en ello, y que es por no querer entenderlo siendo cosa clara, la cual ha tenido por buena, como todas las otras cosas de la Compañía y obligádo[se] a ella como a las otras; y juntamente es conforme a la doctrina de los Doctores y uso de las religiones, aunque bastaría la aprobación de la Sede Apostólica y de la Compañía, sin demandar otra razón; y de esto escribirá más largo para poder dar razón a los de fuera.

 

[12] Y en esto quiso de nos nuestro Padre M. Ignacio lo que también pretendió en otra regla para los enfermos, en que les amonesta procuren dar edificación a todos, etcetera[105]; en la cual no quiere obligarlos a pecado y iniicere eis laqueum[106]; pues a nadie obliga la Compañía a pecado, si la cosa no es contra voto, o no le mandan in virtute oboedientiae o in nomine Domini[107]. Quiere pues que en la sanidad procure la modestia y edificación, y mansedumbre, para que al tiempo de la dolencia lo pueda hacer, y ansí acontece por la bondad de Dios, que lo son todos así.

 

[13] Pues en esta regla del descubrir, no quiere ni pretende que uno sea puesto en dificultades ni trabajos, sino que suaviter omnia fiant; que éste es el modo que tiene de proceder en el mandar, conforme a la mansedumbre de Cristo[108], y no quiere obligar [a] alguno sub peccato a que descubra, cuando especialmente, como es dicho, no le obliga el Superior. Pero lo que quiere es lo que a cada uno liga la perfección en todo y que haga lo que más conviene a la salud de su ánima y de su hermano, estando aparejado que le descubran para que se enmiende, y para descubrir para que se enmienden. El que descubre no haya dificultades ni ansiedades, que no es éste nuestro intento; ni piense ninguno que atendemos a los defectos por más que por sacarlos [arrancarlos] y hacer que crezcan todos en el espíritu del Señor; y lo principal a que lanzamos el ojo es en los bienes, en las virtudes y perfecciones que cada uno tiene. Lo que nuestro Padre Ignacio me decía platicando conmigo una vez, ¿Por qué (decía él) si Dios N. Señor no atiende a mis defectos y faltas, antes mira lo bueno, si alguno en mí hay, para comunicarme su gracia y hacerme tantas mercedes; cómo miraré yo en los hermanos las imperfecciones dejando aparte las virtudes y dones que Dios N. Señor les ha hecho?

 

[14] Otra cosa, que es de mucha consolación, se contiene también en otra regla, que dice que cada uno desee pasar injuras, mortificaciones y oprobios por amor de Cristo, y por vestirse de su librea y imitarle, con tal que a nadie dé ocasión dello[109]; y si bien mirásemos en esto, no hay duda sino que fácilmente creceríamos en la perfección.

 


[15] Lèmbrame [acuérdaseme] que paseando una vez con Nuestro Padre en un corredor, le pedí que me dijese alguna cosa con que me aprovechase, y él me dijo que me bastaba lo que sabía: que lo hiciese. Pero tornándole yo a decir que por amor de Nuestro Señor me dijese algo con que me ayudase, respondióme con palabras muy graves y sentenciosas: “Maestro Nadal, desead sufrir injuras, trabajos, ofensas, vituperios, ser tenido por loco, se despreciado de todos, tener cruz en todo por amor de Cristo N. Señor, y por vos vestir de su librea; porque en esto está la vía de la perfección, la sanidad, la alegría y consolación espiritual”. Y con estas palabras, o semejante, mostró mucha devoción.

 

[16] Y si miramos a nuestra vocación, luego conoceremos cuán obligados estamos a hacer esto y poner en ejecución esta regla y aviso tan santo; porque, como yo os dije[110], Dios N. Señor nos llamó para seguir nos[otros] a su Hijo con la Cruz. De manera que el seguir nuestra vocación consiste en llevar cruz; y, si esto no hacemos, no imos [vamos] por el camino y al fin a que fuimos llamados.

 

[17] Pues la Cruz dos partes tiene: la una es de trabajos, cualsequiera que sean, como leer, estudiar, predicar, confesar, ser cocinero y los demás; la otra es de ser todo esto con oprobio, con vituperio, con injurias, con ser tenido por poco. Porque si miramos, no sólo Cristo N. Señor sufrió trabajos de predicar, ayunar, caminar y denique de morir; sino también fué todo esto con le hacer en vituperios, afrentas y injurias. Morte turpissima condemnemus eum[111], decían de El.

 

[18] Y por tanto, ya que tenemos la una parte de la Cruz, que son los trabajos, unos en leer, otros en predicar, otros en peregrinar, y en los hospitales, o en cualquier otros; en ellos deben procurar la otra para llevar perfectamente la Cruz.

 

[19] Y como los vituperios y injuras y menosprecios no se nos ofrecen, antes crédito de unos y otros, especialmente en Roma, de los cardenales, obispos y embajadores, que son muy frecuentes en nuestra casa; y aun por todas partes (bendito el Señor) vemos la aceptación grande que tienen los de la Compañía y en cuánto crédito están sus cosas, de suerte que quasi el trabajo que uno tiene queda nada, con la mezcla del aplauso de todos; por eso es necesario que con gran celo y de veras desee cada uno enteramente de hacer todo con oprobio, con ignominia y afrenta, sin que él dé ocasión dello, por imitar perfectamente a Cristo N. Señor y llevar cuanto es posible la Cruz toda a cuestas; de suerte que en este ejercicio debemos mucho trabajar y procurar de tener grandes afectos en esto, por venir a alcanzar hábito en esta virtud; y tal que cuando se ofreciese actualmente la injura o afrenta, se viese claro el fruto de los deseos, con padecer con suavidad y alegría. Imitando al Señor, trabajemos pues en esto, que el Señor nos ayudará a mayor gloria suya, y tengámonos por indignos de tener tales deseos.

 

 

 


Decima plática (Decima exhortatio)

 

[17] L’umiltà – [18] La semplicità – [19] La pazienza – [20-22] L’obbedienza canale della grazia della vocazione alla Compagnia di Gesù – [23] La preghiera – [24] La gioia – [25-31] La desolazione, Gesù abbandonato, Maria desolata.

 

 

[17] La segunda virtud que deben los novicios y todos generalmente procurar de adquirir es la humildad, trabajando por la tener en la oración, en los oficios, en los estudios, en la conversación con los seglares y en todas las operaciones. Y entended que humildad de que hablo no es entender cada uno con sola la especulación quién es, sino que en el gusto interior sienta bien la verdad de sí, que es de sí nada, malo, perdido, merecedor de ser desterrado a perpetuas penas del infierno. Esto es lo que debíamos trabajar todos de tener de veras impreso en el juicio práctico y en el efecto para echar de nos todo lo que es en esto contrario, de propia estimación, etc. Y el que esto alcanza, con todo se alegra, nada le inquieta ni perturba. El que le injuria o desprecia, sin que él le dé ocasión, le consuela, pues le ayuda a certificarlo que conoce de sí que es nada, y merecedor de todas las afrentas y vituperios. Pidamos tan buena pieza, como es ésta, al Señor y deprendámosla de El, pues siendo Maestro nuestro en todo, dándonos en sí ejemplo, esta quiso especialmente que deprendiésemos de El: Discite – inquit – a me, quia mitis sum et humilis corde[112].

 

[18] La tercera virtud que debe procurar es simplicidad, teniéndose cada uno como niño, no se saliendo de sí; sin doblez, no teniendo diversas intenciones, hablando con puridad y rectitud. Es ésta una virtud que contenta mucho al Señor, y de la cual loa él al paciente Job, cuando de él dice que era simplex et timens Dominum[113]. No penséis que el que esto alcanza, queda sin la inteligencia que le cumple en las cosas; antes es ansí que el que no se cura de andar curiando desto y destotro, antes procura vivir en simplicidad de corazón, trabajando por solo tener a Dios, en El alcanza perfecto saber y inteligencia suficiente y necesaria para en todo se haber bien y como le conviene.

 

[19] Deben también mucho de procurar de adquirir la virtud de la paciencia sufriendo los trabajos, que se les ofrecieren, bien y con fuerte ánimo, tomando a Cristo N. Señor por espejo delante de sus ojos, para en ello le imitar, pues hasta la muerte sufrió, como dice San Pedro: cum malediceretur, non maledicebat; cum pateretur, non comminabatur; tradebat autem iudicanti se iniuste[114] cum divina patientia; estaba callado a las bofetadas, a los azotes, a las espinas, a los clavos, a la extrema y mortal pena. Y por tanto, el que le viene a seguir, dejado el século y lo de fuera, en esto se debe ejercitar, haciéndolo por sus pecados en penitencia dellos; pero no pare aquí, sino que lo principal sea sufrir con paciencia y con ánimo; que no se canse, más perseverante y fuerte sufra los trabajos hasta la muerte, por honra y gloria de Dios N. Señor y provecho del prójimo, conformándose con el fin de nuestra vocación.

 


[20] Otra virtud en que los novicios, como todos los otros, se deben mucho señalar es la obediencia, con tener verdadera resignación de su propio parecer y juicio en el [de] su superior[115], pues le es puesto en lugar de Dios. Procurar de no tener voluntad sino la del Superior, sin querer, sino querer indiferente para uno, para lo otro, como más qusiere el Señor mediante el que le han puesto en su lugar para que le rija y gobierne.

 

[21] Y para venir uno a tener perfección en esto ayuda mucho la humildad y simplicidad; porque el que de verdad tuviere entero conocimiento de sí, lo que terná [tendrá] con la humildad, y no hiciere en esto ninguna doblez. ni quisiere ser curioso en una cosa ni otra, sino proceder a la llana, lo que alcanza con la simplicidad, no hay duda sino que estará capaz de le imprimir una y otra cosa no habiendo en él obstáculo de juicio o voluntad propia que le impida. Y con esto será comunicante de la gracia de nuestra vocación, pues está [la obediencia] es la canal por donde ella entra.

 

[22] La verdadera obediencia procura esto. Hermanos, no apliquéis vuestro ánimo más a esto que a estotro; tened una indiferencia en todo; aparejad el ánimo para recibir el estudio, o la cocina, o las peregrinaciones como lo ordenare el Señor; asentad en vuestro corazón que os basta ser de la Compañía en cualquiera cosa que os pongan; y que, si obedecéis en ella, se os comunicará su gracia y favor divino.

 

[23] Deben trabajar los novicios también de tener oración y devoción, porque no hay virtud que con ella no puedan alcanzar; la humildad, la paciencia y las demás con ella se alcanzan. Y tanto que, aunque la fe y caridad y esperanza sean mayiores virtudes que la oración, pero aun éstas, por su modo, por la oración se alcanzan. Es la oración impetrativa; por ella uno, de malo, viene a la gracia y ser bueno. Y el bueno se acrecienta. En ella ha puesto el Señor el remedio de todo; ésta quiso que fuese un medio de que usamos de continuo en nuestras necesidades. Pero cómo ha de ser la oración, después lo diremos con la gracia del Señor.

 

[24] Otra perfección es gozo y alegría espiritual. Porque si el que halla un tesoro, con alegría todo lo demás da por lo adquirir, como dice el Evangelio[116], el que viene del mundo en que vivía en miserias y pecados, y se halla en la religión fuera de pecados mortales en que se pierde [a] Dios y se gana el fuego eterno, fuera de tantas ocasiones en que andaba de perder a su Dio y Señor, con tantas ayudas para le poder servir y amar, y al último gozar de El, ¡cuánta contenteza [contento] y alegría debe tener en el Señor!

 

[25] Es verdad que algunos no la tienen, sintiendo desconsolación y aflicción del espíritu; pero ni por esto deben los tales ser juzgados por tentados, antes sería gran temeridad; que es cierto que el Señor por dos vías acostumbra llevar [a] los suyos, o con consolaciones o con desconsolaciones y trabajos. Si alguno pues se siente que le lleva Dios por esta vía, no torne atrás, no se perturbe ni inquiete. Entienda que es costumbre del Señor, y sepa que en ello consiste mayor acto de virtud y mérito, y que en ello más ses aumenta la gracia, como el trabajo que tiene es mayor, y mayor el acto de su líbero arbitrio con la gracia. No se fatigue si ni en la oración o confesión, ni en todo lo demás, puede hallar consolación, antes anda desabrido y desgustoso; mire al Señor en el huerto, ponga los ojos en El en la Cruz, verle ha decir: quare dereliquisti me?[117], dejado del Padre Eterno sin consolación, fuera de la gloria de su alma.

 

[26] Pues si ansí lo hace Dios con su amantísimo Hijo, por nuestras ofensas y delitos; ¿como se podrá enojar ninguno que use esto conmigo?; que si se juzgare como debe, no presta [sirve] sino para le tragar  vivo el infierno.

 

[27] Pase más adelante, verá la Virgen nuestra Señora cuán afligida fué en esta vida. Et tuam ipsius animam pertransibit gladius[118], se dijo de ella; y bien se le mostró puesta al pie de [la] Cruz.

 

[28] Vaya más y hallará que nadie hay en la vida que a veces no tenga desconsolaciones y disgustos del espíritu. Pero los perfectos, y que andan sobre aviso, en esto suelen crecer; como significa el Ecles[iástico] cuando dice: ubi consummaverit homo, ibi incipiet[119]; cuando uno viene a perfecta tribulación y aflicción, con el auxilio de la gracia torna a empezar de nuevo a aumentarla con la prueba de la desconsolación.

 

[29] Importa pues mucho que nadie pierda el ánimo, y atienda que si perseverare, por más que le perturbe y inquiete el demonio y el Señor lo permita, todavía alcanzará mucha gracia y consolación del cielo.

 

[30] Otra cosa también, ultra de lo dicho, que el que así se ve afligido lo que debe hacer es tener reflexión sobre sí y ver bien lo que le trae el demonio, las cosas con que le tienta, y discernir lo que no es pecado ni imperfección, como muchas veces es todo lo que trae sólo por hacer a uno que desguste y torne atrás. Y con esto entienda que aún tiene remedio, por más que le trabaje persuadir el enemigo; y sea fuerte y determinado a no consentire a El, antes padecer hoy y mañana y toda la vida por Cristo; que a esto se seguirá contenteza [contento] y alegría espiritual, come se sigue a todos los otros que pasan lo mismo, que, come dije, son todos. Y de nuestro Padre M. Ignacio lo sé yo, porque me dijo que a veces estaba tan afligido y desconsolado, que parecía no se podía valer; pero con aquello se holgaba él por se conformar con la divina voluntad.

 

[31] Nadie pues se desconsuele ni desguste por no tener consolación y gozo espiritual, mas confíe en el Señor que se lo dará haciendo lo que tenemos dicho[120]. Sea todavía cauto el que lo tuviere, que no ponga en él su fin, pues sólo debe tomar[lo] por medio; y, al contrario, del gozo sacará disolución. Y es experiencia que, porque se suele haber uno mal en el gozo y alegría, más imperfecciones hace cuando le tiene que cuando se siente desconsolato; y esto sélo yo bien.

 

 

 


Decimatercera plática (Decima tertia exhortatio)

 

[3] I voti sono mezzi per vivere l’amore e l’unità – [6-11] Sul voto di povertà - [12] Senza abito né coro – [13] Ancora sul voto di povertà – [14-17] Sul voto di castità.

 

 

[3] Miremos también, para más desear estar obligados con los votos, que la perfección consiste en la suma virtud, que es la caridad y amor de Dios, la cual es una unión que aun, como lo afirma San Pablo[121], en el paraíso queda, con aumento y crecimiento y perfección (que de la fe y esperanza será de otra manera, hoc est, no quedarán); puesto que [aunque] los herejes no lo entiende, miremos esto, como digo, que en ello hallaremos que son los votos estado de perfección, pues son medios para atajar lo que nos impide el espíritu a se unir con Dios y se elevar y conocerlo, y ansí amarlo. Porque con éstos se ataja la sensualidad y propio parecer y juicio y deseo de bienes temporales, que impiden la caridad y actuación della.

 

[6] Cuanto al coadjutor  y profeso es esto: que si no tienen dispuesto de [aqu]ello que tenían antes de los votos, quedan incapaces para retener sus bienes, ni a la Compañía, vendrá por ellos cosa, sed successoribus ab intestato. Y en esto, como digo, los profesos y coadjutores van por la misma vía[122], como en lo demás, y sólo difieren que no tienen el cuarto voto ni los tres solemnes, y que lo coadjutores no pueden tener voto activo o pasivo – que no tienen – para General[123], ni ser Prepósitos en casas de profesos; que en los otros votos que se dan en congregaciones o en otras cosas no tienen diferencia ninguna. De manera que profesos y coadjutores no pueden tener propiedad, ni aun en común, ni por sí, ni por otro; y ansí las casas de profesos no pueden poseer cosa ninguna estable; y si alguna le diesen, la deben luego vender y distribuir a los pobres en la Compañía o fuera[124]. Su mantenimiento ha de ser de limosna. Y puesto que [aunque] puedan los otros por estipendio eclesiástico y orden de Cristo haber algo en misas o predícaciones iuxta illud: qui altario deserviunt, cum altario participant, etc.[125]; y aun[que] ciertamente los otros religiosos puedan tomar limosnas que se refieren a los ministerios suyos; todavía a los nuestros es prohibido una cosa y otra[126]. De modo que ni estipendio eclesiástico podemos recibir; ni cualquier limosna que se dé a la Compañía por algún ministerio nuestro se puede recibir, si se dice o ve que s da por nuestro ministerio, ut sit omnino hecho por amor de Dios nuestro Señor[127].

 

[7] Puede empero el que predica aceptar el comer del vicario de la iglesia en que predica, o de otro que le convida; pero, si nadie lo hiciese, puede pedir limosna con que se sustente, con tal que no sea por el ministerio que hace. En lo cual seguimos a San Pablo, que ninguna cosa tomaba para él, por edificación y mayor libertad de la predicación[128]; y ansí nosotros, por no tener cosa que nos impida de alguna manera el ayudar el prójimo, como lo dice nuestra bula, por ser la vida de pobreza más iucunda, más pura y muy apta para edificación del prójimo[129].

 

[8] Es también de advertir que los profesos ni de facto ni de iure pueden aplicar cosas de los colegios y casas de probación a sí ni a sus casas. De iure, entiendo de nuestras Constituciones y de la Bula; porque contra uno y otro haría, si tomase alguna cosa. Y de facto etiam, porque no pueden tomar cosa de los colegios de la misma Compañía, puesto que [aunque] puedan gobernarlos; y si lo toman, ni de facto es dellos[130].

 

[9] Las cosas que tenemos en casas, como es mueble o alhaja, casa, huerto, y lo que más hubiere, puesto que [aunque] puedieran estar en los que las dieron o en el Papa, todavía no se ordenó fuese así, por los incómodos que habría. Y ordenóse que residiesen en común en la Compañía para poder sustentarlos. Y lo[s] colegio[s] y casa[s] de probación pueden tener rentas y estables[131]; y la propiedad desto es de la Compañía en común; mas es pura sustentación de la propiedad, sin tener uso dello. El uso puro es de los que han de vivir en el colegio o casa de probación; y este uso se tiene por orden de la Compañía, de modo que el Rector no puede sin expresa comisión disponer de nada, ni la Compañía de facto ni de iure aplicas a sí nada, sino la propiedad conservarla para que el uso sea aplicado al colegio.

 

[10] El uso de la pobreza en la Compañía está en el modo que véis, que no debemos andar buscando el peor paño o el peor comer. Porque para nuestro fin es conveniente que se proceda en vestir y comer y dormir con la mediocridad que tenemos[132]; porque, a no ser ansí, no tendríamos a dos días subiectos para los trabajos que tenemos y que nos esperan en nuestro instituto, conforme a lo que haría cada uno si le dejasen. Como el Padre Ignacio de sí decía que, si fuese por lo suyo y para le tener en la cuenta que merecía, andaría con una cinta de cuernos sobre sí, desnudo de la cinta [cintura] arriba y untado de miel y cubierto con plumas; pero que para la vocación del Señor cumplía hacer otra cosa. Y es experimento claro, pues con toda la mediocridad que se tiene, y cura de la sanidad, aun la mitad de los que tenemos son mal dispuestos y flacos. Y la razón no la sé, si no es de tres cosas que observamos que repugnano mucho a la salud y son: vivir espiritualmente y con mucho tiento en esto, procurar mortificación y tener suma prontitud en la obediencia, el estudio y ministerios de la Compañía con fervor.

 

[11] Y por la misma causa que decíamos, de poder servir en nuestro instituto, se ordenó que después de comer se tuviese algún descanso, come etiam Cristo N. Señor a los suyos aconsejaba por San Marcos, cuando decía a los discipulos: recedite in desertum et quiescite[133].

 

[12] Cada uno, pues, piense que [aunque] va de la manera que le ponen, y sin hábito y sin coro, no deja por eso de seguir la perfección, conforme a la vocación a que el Señor le llamó especialmente; porque se ve que, sí no procediésemos ansí, no seríamos tan fácilmente admitidos. De suerte que, puesto que [aunque] algunas cosas sirven, y santamente, a otros religiosos, per no a nos, como también el coro; y basta che otros lo [tengan]; y que por causa de él no dejemos nosotros de acudir a las ánimas; come fué la razón de la bula donde esto se concede[134].

 

[13] No tengamos pues, Hermanos, cosa alguna (para que tornemos a la pobreza). Seamos sin arca y sin llave y sin tener afición a cosa alguna, y procuremos sólo tener a Dios, y tener ansias con que unirnos a El; y así cada uno use de las cosas no como propias, y con mediocridad como pobre, pues agora lo es. Y a esto muévanos la virtud y la gracia del instituto, y conforme a ella se haga la distribución de las cosas, y no se mire que abundan las cosas, mas que son de pobres. Y especialmente los superiores observen esto, guardando en el dispensar las cosas el espíritu de pobreza verdadero; no alarguen la mano per ser mío el colegio, mas con lo necesario se contenten.

 

[14] Siguese el voto de la castidad, en la cual por la bondad de Dios N. Señor mucho se esmeró N. Padre Ignacio y el Padre Laínez, del cual no digo por ser vivo; y, como habemos dicho[135], porque se recelaba della el Padre Ignacio hizo voto luego al principio que se convirtió, antes de empezar su penitencia; y después le oí que Dios N. Señor le aquietó sumamente en ella.

 

[15] Quiso pues Nuestro Padre que en la castidad procurásemos imitar y tener similitud a los ángeles, como lo dice en la sexta parte[136]. De manera que, como ellos son espíritus y puros, sin comunicación de cuerpo ni unión, la cual no pueden tener; ansí por la castidad vengamos todos a tener tal hábito y tan domado el apetito, y a ser tan fáciles a resistir, que ni las hablas de las cosas contrarias, ni vistas exteriores, ni representaciones interiores, ni el aire malo que en ciertas tierras corre de corrupciones acerca de la carne, le pertube en las cosas de su instituto ni le inquieten el espíritu; antes, con libertad de él, pueda caminar en todo.

 

[16] Y ansí lo primero que el que viene del século debe hacer es confiar en el Señor que con la gracia que le comunicará pues de su parte el concurso le hará casto, trabajando con penitencias especialmente y con consejo del superior y confesor, y con oración [en] resistir a las malas inclinaciones que tenía in saeculo, ayudándose también de se encomendar a la Madre de Dios siempre Virgen María, y a las vírgenes y al bienaventurado San Juan Bautista; y con esto vendrá a ser puro y como inocente; y si le vienen tentaciones, no se ponga luego a la pelea, sino que con industria se descuide má dellas, recurriendo lugo a las llagas y azotes del Señor y a alguna devoción que haya tenido. Y después que estuviere fuerte, si ya no hallare la tentación, dé gracias al Señor; y si aún la tentación le halla, como Dios por más favorecernos permite, no pelee luego, sino ya que se ha armado váyase a la oración; y si aún dura la tentación y le perturba, como el Señor quiere a veces por confiar de nos que tenemos espaldas para sustentar el trabajo, - como decía Nuestro Padre, cuando a los buenos daba muchas penitencias[137] – váyase al confesor y descúbrase; y si no tiene copia de él, tome una disciplina o alguna cosa fuerte; y sea también cierto que, mientras él no consiente, no hay pecado mortal, aunque haya alguna imperfección o pecado venial.

 

[17] Y a veces acontece que, si legitime certamus[138] al cabo de la victoria, todo va fuera, digo los pecados veniales que habia, y esto por el fervor de la gracia con que se venció la batalla, que era dificultosa. Consuélese, pues, que no peca, si no consiente; y, siendo así, puede decir y en ello confortarse in humilitate cordis sui in Domino; spiritualis omnia iudicat et a nemine iudicatur[139], y también aquello: si Deus pro nobis, quis contra nos?[140], y añadir: non quod intrat in os coinquinat hominem, sed quod procedit ex ore hoc coinquinat hominem[141]. Y ansí puesto que [aunque] tenga tentaciones, ni por eso, si no consiente, ha pecado; y especialmente nos ayudará Dios para ellas, si no falta por nosotros.

 

 

 


Decimacuarta plática (Decima quarta exhortatio)

 

[1] Sul voto di castità – [4-5] Il quarto voto al Papa – [6-14] Benevolenza dei Papi verso la Compagnia di Gesù – [15] Paolo IV e il coro nella Compagnia di Gesù – [16-17] Ancora sul quarto voto al Papa.

 

 

[1] Decíamos de los votos y particularmente del de la pobreza y de la castidad, en la cual quedamos; y sobre ella diré aún una cosa, la cual parece que es experiencia espiritual. Y es que la castidad es una virtud que toma fuerza de pender la persona con Dios y unirse con El, y de ahí viene a refrenar todo el cuerpo. Y la causa es porque cierto es que [de] cada una de las virtudes o de cada gracia se colige facilidad para otra gracia y otra virtud, y es buen consejo cuando uno se quiere ayudar y pasar adelante las virtudes, apegar[se] de aquélla en que es fácil, porque della irá a la que es difícil y trabajosa; y como el mal que en nos tenemos son los sensos [sentidos] y que más nos perturban por sus especies, emociones, de manera que nos impiden a tratar y conversar con Dios; para los quietar y traerlos [pendientes] del espíritu, que es superior, y reprimirlos, conviene apegar[se] a lo espiritual de la devoción de la oración y demás; y de aquí vendrá a ser fácil la castidad, con la cual los inferiores sentidos se abaten y debilitan para que no turben al espíritu y se pueda elevar a su Dios y unir con El. Y esto baste de la castidad.

 

[4] (...) Este cuarto voto es especialmente para las misiones, hecho al Papa, con el cual se obligan los profesos para hacer todos los ministerios de la Compañía donde el Papa quisiere; lo cual nuestro Padre trabajó mucho que se le admitiesen, puesto que hubo dificultad en se conceder, por no ser de ninguna otra religión. Y la causa que movió a nuestro Padre a trabajar tanto por ello fué por ser conforme a nuestro instituto, pues somos inmediatos del Papa ministros y siervos especiales para ayudar las necesidades que le cargan por el mundo, según nuestra vocación; y para esto se hacer con mayor perfección y religiose, quiso que fuese no sólo con la obligación que tienen todos, sino que fuese con voto solemne. Y fué gran gracia del Señor que se concediese hacer esto, por la ayuda particular que con el voto nos comunicará para lo poder bien hacer.

 

[5] Los motivos de la Bula, por que se concedió, fueron tres: el uno fué ad mariorem devotionem Sedis Apostolicae et Summi Ponteficis[142]; y la razón es grande, porque, como él represent a Cristo, todos le debemos grand devoción, y especial los de la Compañía, pues que a nos especialmente nos guarda y gobierna; como nuestro instituto es especial a le servir también.

 

[6] Y de aquí es que el Señor a todos los Papas infunde gracia para favorecernos. Y del Papa Paulo ternio no se maravillará nadie cuanto a esto, pues fué quasi obra suya ésta nuestra, siendo él el primero que la admitió y confirmó, con se lo dar el Señor a entender, como tenemos ya dicho[143].

 


[7] Pero de Julio III también es cierto que nos era muy favorable y muchas veces decía sumos loores de la Compañía y tenía aplicado a nuestro colegio de Roma tres mil ducados, sino que murió primero que fuese firmada esta concesión[144].

 

[8] Después el Papa Marcelo nos era muy mucho aficionado, y decía a nuestro Padre que le diese dos de los nuestros para consultar con ellos las cosas graves de la Iglesia[145]; mas quiso el Señor que murió luego.

 

[9] De Paulo IV fué también cosa admirable que especialmente Dios le gobernó a no nos hacer sino bien, con cuanto algunas veces parecía nos quería apretar, come fué cuando pidió nuestras Bulas, Reglas y Constituciones para las examinar y ver; pero al cabo todo nos lo tornaron, después de cuatro o cinco meses, pidiéndolas el Padre Polanco a los Cardenales a quien era cometido, dicendo ellos que toto estaba muy bien.

 

[10] Y al cabo de su pontificado, después que echó sus parientes de Roma, cuando comenzó a reformar la Iglesia y hacer que los Cardenales y todos andasen mejor, sumamente nos amó y quiso comprarnos una casa, y dijo a nuestro Padre que no dijese que él la quería comprar, porque no costase más. Y fué esto que, puesto que [aunque] él de antes, como hombre estaba algo contra el Padre Ignacio; todavía, Nuestro Señor nunca permitió que nos hiciese mal alguno, antes mucho bien.

 

[11] Y la causa por qué al principio tenía de nos disgusto fué porque nuestro Padre nunca consintió que su religión de Teatinos, puesto que [aunque] santa y buena, se ajuntase con la nuestra; lo que él sumamente deseaba siendo Cardenal de Náples o antes de su elección. Y una vez nuestro Padre, tratando con él, le dijo que procurase hacer con que los suyos tuviesen para se poder conservar o aspereza como las otras religiones, o renta con que se pudiesen sustentar, o ayudasen las ánimas; porque por algunas destas vías solamente podrían durar[146]; y lo que parece que no le contentó por él llevar otro camino.

 

[12] Pudo también ser causa de su disgusto lo que le aconteció una vez con Nuestro Padre, por causa de uno que entró en la Compañía contra voluntad de sus padres, tomándolo a él por valedor para le sacar; en lo que él se metió, y alcanzó del Papa, que era Julio tertio, que fuese él mismo juez del caso, y con esta comisión mandó luego a nuestro Padre sub censura excommunicationis que le diese el hermano; pero nuestro Padre viendo la cosa, siéndole esto nuevo, fuese [a] aconsejar con el Cardenal Púteo, el cual le dijo que fuese al Papa y le reletase la cosa. Y el Papa llamó su camarero y mandó que nuestro Padre nominase otros jueces, y él lo hizo, y fueron dos favorables, el Cardenal Morón y Pigino, los cuales juzgaron que el hermano estaba bien y quedase. Y de esto se sintio mucho el Cardenal de Nápoles. Mas, come digo, el Señor con el papado le mudó el ánimo y nos amó mucho.

 


[13] Y del Papa Pio IV, que ahora es, no hay que decir, porque [lo que] él solo hasta agora ha hecho es más que todo lo que los otros; puesto que [aunque] antes que fuese Papa no nos concía quasi. Y agora dice que usque ad sanguinem nos tiene de ayudar, y ha dado las casas a nuestro colegio en Roma que valen 20 mil ducados, y de su renta nos da 600 ducados para ayuda de costa, y ha hecho una especial gracia para este colegio de Coimbra sobre la iglesia de San Juan, que estaba ya perdida.

 

[14] Y todo esto que he dicho para que viérais cómo el Señor hace que los papas nos favorezcan, porque nosotros especialmente nos obligamos a él. Y ansí algunos decían que nuestro cuarto voto, de que hablamos, es causa para que los papas especialmente nos conserven.

 

[15] Y una otra cosa se me olvidaba de Paulo IV, en la cual Nuestro Señor mostró cómo no le permitía nos hiciese mal alguno, al menos cuanto como hombre podía desear; y fué que apretando mucho con nosotros a que tuviésemos coro y que quería ver todo lo que teníamos, mandó que lo tuviésemos, pero esto no permitió el Señor que fuese más que con mandato simple, sin derogar ni mudar nuestras confirmaciones de los papas pasados y instituto. Que si lo hiciera, como le éramos subiectos, fuéramos compelidos a lo hacer aun después de su muerte; pero siendo de la manera que fué con simple mandato, sólo en su vida éramos obligados. Y ansí, cantábamos en Roma y comenzábamos a deprender para lo poder hacer; pero muerto él, cesó la obligación como nos dijo el Cardenal de Púteo y los principales letrados de Roma con quien nos aconsejamos; immo, pues ya podíamos dejar de lo hacer, estábamos obligados a no consentir en coro, pues era contra nuestro instituto, que debemos siempre procurar llevar adelante sin poder hacer el contrario, y si consentíamos nos obligábamos de nuevo. Así que fué gran merced de Dios que Paulo IV sólo con simple mandato nos obligase a que tuviésemos horas y cantásemos en coro[147].

 

[16] Fué otra causa, puesta en la Bula para este cuarto voto, ad maiorem abnegationem nostrarum voluntatum; y así es, porque la voluntad de uno mucho se aprieta viendo que sin viático y sin réplica es obligado a obedecer a Su Santidad, no sólo con la obligación común, mas con obligación de voto solemne, lo que se hace con este cuarto voto.

 

[17] La última causa, que fué de mucha consolación, es para que especialmente seamos ligados al que tiene universal cargo de todas las ánimas, para que no sólo con la común providencia nos rija para el mismo fin que él tiene de salvar las ánimas; pero aun especialmente viendo cómo cumple y cómo mejor cumple que lo hagamos, porque así seamos perfectamente dirigidos a nuestro fin. Y puesto que [aunque] este cuarto voto sólo lo hagan los profesos, los coadjutores espirituales también tienen a ello obligación, a lo menos tácita, desto, porque su estado es ayudar a los profesos en los mismos cargos y misiones en que los ponen, y ansí el General los manda; y ultra desto, por la obediencia que deben a la Compañía[148].

 

 

 


Decimaquinta plática (Decima quinta exhortatio)

 

[2-4] Sul rapporto tra professi e coadiutori spirituali – [19] La casa dei professi.

 

 

[2] Síguese ahora decir de los coadjutores espirituales y profesos. Y primero de la unión y armonía y necesidad de un estado destos para otro. Y es que el último ministerio para nuestro fin es ministerium verbi[149], y esto es propio de los profesos; y por esto han de ser muy adelante en el espíritu y letras, y caminar muy adelante a la perfección. Y puesto que [aunque] haya muchos los cuales tienes estas partes y no son profesos, ni por eso haya curiosidad en saber por qué no los hacen o profesos o coadjutores, y piense[n] que Dios lo hace todo y que hay causa particular para esto, y aun [piensen] que sín causa está muy bien todo. Y en esto mucha más estrecheza hubo en tiempo del Padre Ignacio, que, como consta, hizo muy poco profesos[150], porque procedía in simplicitate y no atendía tanto a esto.

 

[3] Como, pues, sea éste el prinicpal ministerio de los profesos verbo ayudar a las ánimas, y esto conforme a la similitud que procuramos tener con humilitate tamen a los apóstoles, los cuales se ayudaban también de los discípulos, que eran sacerdotes; y también como en la Iglesia hay supremos ordinarios que son obispos, y otros inferiores que son curas; así también tenemos estos dos estados para les imitar y suplir lo que queda.

 

[4] De manera que los profesos son como los superiores, y los coadiutores como los discípulos y curas. Y como había necesidad de discípulos que ayudasen los apóstoles, y de curas que ayuden a los obispos; así de coadjutores espirituales para que ayuden a los profesos. Y como por su estado a los obispos pertenece saber más que los curas, así nuestros profesos requiérese que tengan más letras y partes que no los coadjutores espirituales.

 

[19] Hay también casa de profesos, en la cual no debe haber estudio [colegios], sino la práctica de lo estudiado; en lo que Dios nuestro Señor aumenta mucho el saber, porque siempre se ha de estudiar para hacer bien el ministerio y Dios da especial gracia. En esta casa se ejercitará todo lo de la Compañía y della saldrán para una y otra parte personas que lleven los estandartes de la Cruz con diversas misiones de una y otra parte; y estas misiones son muy principal parte de la Compañía. Ansí que con ellas podemos decir que todo el mundo es nuestra casa, porque habemos por nuestras misiones y del Papa y de nuestros superiores, [de] andar a buscar siempre en todas partes a que las almas no se pierdan.

 

 

 


Decimasexta plática (Decima sexta exhortatio)

 

[1-2] L’obbedienza in generale – [3] L’obbedienza nella vita religiosa – [4] L’obbedienza nella Compagnia di Gesù – [5-8] Tre principi dell’obbedienza: la provvidenza di Dio, la grazia della vocazione, la presenza di Cristo nella persona del superiore – [9] Modo perfetto nell’obbedienza – [10-13] L’obbedienza di esecuzione, di volontà e di intelletto e la loro connessione – [14-15] Obbedienza, stato di innocenza e fede – [16-17] L’obbedienza cieca.

 

 

[1] Trataremo hoy, con la divina gracia, de la obediencia, la cual es una vía para mucho se aprovechar uno en nuestra Compañía; de la cual depende aprovecharse en todo lo demás. Y la razón es de un principio que hay en ella para esto, como diremos. Pero antes que vengamos a la nuestra en particular, desmenuzando lo que es propio della, primero diremos en común de la obediencia, en cuanto virtud común de obedecer a los preceptos de los superiores; y con esto diremos poco a poco lo que toca a la nuestra.

 

[2] La obediencia pues en común compete a todo hombre, y principalmente a los cristianos acerca de los que los rigen; y entre ellos son más obligados los eclesiásticos, como los sacerdotes, y aun los verdaderos ermitaños, y los otros que lo son pero sin estado de religión; porque éstos van más con ella en particular. Y en aquella común, que habemos dicho, hay perfección más y menos, conforme a su grado.

 

[3] Pero la obediencia religiosa es ya mayor, por cuanto requiere todo lo de la otra y [ade]más lo que particularmente es suyo y de la vocación; a la cual no sólo están obligados los que tienen votos, per aun los novicios, porque éstos deben tener prontitud de ánimo para la tener con voto, y entretanto quieren obedecer como los otros. Y aun en esta manera de obediencia hay más o menos perfección conforme a la estrecheza della. Porque hay algunas religiones que sólo obligan a obedecer conforme a sus Reglas; otros (y, como pienso, son los de San Francisco, según creo agora lo ordenaron) a obedecer a todo lo que no fuere pecado.

 

[4] En nuestra Compañía, abstrayendo de las otras religiones, la obediencia débese juzgar no conforme a lo de las otras, sino a lo que es propio della sacándolo de la autoridad apostólica en nuestra bulas, y de las Constituciones y reglas y todo lo demás que hay particularmente en ella, no queriendo ninguno conforme a su parecer y juicio determinar cuál sea o cuál no nuestra obediencia; o cómo, o cómo no, se deben entender las dudas que acerca della hubiere; porque esto es particular de nuestro General que tiene autoridad apostólica para declarar todas nuestras constituciones y bulas y todas las dudas que hubiere en nuestro Instituto[151]. De manera que de las cosas de nuestra obediencia debemos hablar sólo conforme a nuestro instituto y conforme al juicio del General que lo declara.

 


[5] Y lo que deben todos advertir para ir adelante en esto y en todas las cosas de la obediencia son tres puntos, de los cuales puesto que [aunque] cada uno basta, per los tres juntos mucho más aprovecharán. El uno es Providentia Dei[152], el otro gratia vocationis, el tercero presencia de Cristo en la persona del superior[153].

 

[6] Y cuanto a lo primero, decid: ¿no es cierto que todas las cosas se gobiernon por Dios y se enderezan por Dios y caminan con sus medios a su fin? Pues si nuestra Compañía va de la misma manera y toda obedece al Señor, como la hizo y goberna Dios por la Sede Apostólica y nuestro Padre Ignacio, y agora por nuestro Padre Laínez, y por todos los demás superiores, los cuales cooperan a la Providencia divina; nosostros, si somos de la Compañía, pues estos son los medios para andar adelante, y esto con la Providencia de Dios que la rige a ella, ¿por qué no consentiremos con ella, confiados que con esto alcanzaremos el fin que pretendemos? En todo lo que se ordena, o de gusto o de disgusto, consolación o desconsolación, o repugne el propio sentir o no repugne, obséserves siempre perfecta obediencia y seremos guiados suavemente por la Providencia de Dios N. Señor en nuestra religión y instituto.

 

[7] El otro principio, de la gracia de la vocación, que es la gracia con que Dios llama a cada uno, la cual depende de la otra común del instituto de toda la Compañía, es también sumamente importante, eficaz, espiritual y de Dios y no nuestra; para entender que el Señor es el que le rige y [a] El a quien obedece, considerando que los superiores que nos rigen son ministros de la misma gracia particular y común en la Compañía. Y si uno se desordena deste principio, va perdido, y fácilmente aflojará el ánimo en la obediencia y en todo el resto. Y, por el contrario, si perfectamente procura obedecer estará y crecerá en la gracia del Señor y caminará de una virtud en otra, adquiriendo en todas aumento y influjo mayor del cielo, pues coopera de su parte con la gracia que le fué comunicada cuanto puede poniendo su juicio y voluntad con pura resignación en la del superior, que es lo que pide la perfecta obediencia.

 

[8] El otro principio, que es considerar la presencia del Señor en el superior, es fortísimo y suavísimo para obedecer, considerando el superior no como a éste o estotro, sino como [aqu]él por quien provee el Señor en la Compañía y ministra la gracia que quiere comunicar. Así que debe cada uno en el superior imaginar a Dios, y que todo lo que hace, hace por su orden del Señor, y por ser el Señor en él. Y persuádase que manda Cristo en el superior, y con esto se animará a ser fácil en la obediencia y tomar todo con toda prontitud y suavidad.

 

[9] El modo que habemos de seguir en la obediencia es perfecto y con suavidad, como he dicho muchas veces, porque no andamos a fortezas y disgustos, sino a la clara; y en esta virtud, como en las otras, procuramos perfección. Porque nuestro fin, como decíamos, requiere suma perfección, que fué la causa de tantas probaciones, cuantas tenemos, y de tantos medios de que usamos, y máxime en la obediencia que es quasi guía de todo el resto y que encamina [a] la unión con Cristo; de modo que no habemos de dejar punto de perfección, que con su divina gracia podamos alcanzar en la obediencia, que no tomemos, como se dice en la sexta parte [de las Constituciones][154]. Y yo creo que vosotros lo ternéis [tendréis] experimentado, que Dios nuestro Señor ayuda espiritualmente para lo poder hacer.

 

[10] Nuestra obediencia, pues, debe ser en tres cosas, que son: con la ejecución y su perfeción, con la voluntad y su perfección in ella, y denique con el entendimiento y los actos de el para se perficionar[155]. De manera que, posto que [aunque] la obediencia de la ejecución sea buena, pero no basta, porque ésta tienen también los que andan en las galeras, y aun los demonios también. La de voluntad, aunque sea grande, per no es la suma, pues queda otra cosa que obedecer, que es el entendimiento. Y así, la voluntad, ya que ella es de sí persuasible, debe moverse a atraer al entendimiento a que consienta con lo que le mandan.

 

[11] Y para que entendáis que la conexión de él está en tres partes advertid; porque si la voluntad quiere el contrario de lo que se hace, de manera que no consiente en lo que con la obra ejecuta, no tiene mérito del trabajo. Y si falta también el entendimiento, puesto que [aunque] haya voluntad, de manera que uno hace lo que le mandan y quiere lo hacer, pero juzga que no es aquélla la vía que le cumple y por donde debe caminar, queda él mismo contradiciendo y repugnando a la Providencia de Dio y quasi vendrá a decir una blasfemia, que poco se manca dello; y también con esto es manca la voluntad, la cual se rige del juicio del entendimiento; y así está puesta la principal parte de su religión a los vientos de las tempestades y tentaciones, y va también a parar a una gran soberbia obedeciéndose a sí mismo, juzgando que lo que él dice el la verdad y no lo que el superior entiende, y lo que es guiado por la Sede Apostólica y por la Providencia y presencia de Dios no es lo mejor.

 

[12] Y de aquí queda que es necesaria la obediencia, no sólo de voluntad, per del entendimiento. Y lo que ayudará al entendimiento para ello, ultra de los principios ya dichos, son humildad, simplicidad, paciencia, deseo de mortificacón; porque si es humilde, no juzgará más de sí que del superior; si es simple y tiene el juicio recto y inclinado a la verdad, luego se inclinará a esto; y creed que, si no lo hiciere, no es simple sino doblado; si es paciente, querrá que le manden todas las cosas difíciles, porque todo esto le aumentará su virtud de paciencia; y si desea mortificaciones, holgarse ha con lo que mandan, puesto que [aunque] sea tenido con ello en poco, y se haga contra su entendimiento y parecer propio o juicio.

 

[13] Adviertan pues todos que el verdadero obediente debe atender la voluntad del superior por que se debe gobernar, no curando de más sobre la cosa si es buena o mala, pues no es suyo juzgarla. De manera que su voluntad debe atender a su objeto, que es la voluntad del superior, en la cual no hay otra cosa que querer él; y debe atender también el voto que tiene; o, si es novicio, lo que propone hacer como si tuviese voto. Y el voto se hace a Dios por ser gobernado de Dios por los superiores, poniéndolos Dios por medio de su divina providencia y yo aceptándolos por tales. Y así como uno, si por milagro Dio le hablase y le rigiese y le dijese: haz esto o estotro, él lo haría con mucha alegría; así debe hacer a sus superiores, pensando que es pura revelación en cuanto Dios le manda lo que le mandan ellos. Y crees que sería un paraíso, si pensase uno, cuando tañen la campanilla, que Cristo le llama; y así en todos los [de]más mandatos de los superiores.

 

[14] Y una obediencia, de la manera que hemos dicho, es como una similitud del estado de la inocencia. La cual, como hacía que la parte superior de nuestro ánimo se uniese a Dios, y de allí todas las partes inferiores obedeciesen al ánimo para servir al Señor, y esto con quietud y subiección de todas ellas; así también el que hace un perfecto obediente con su voluntad y entendimiento, y con prontitud de ejecutar lo que le mandare Dios por los superiores, sin querer ni juzgar otra cosa, fácilmente vendrá ayudándose de los otros medios a se quietar con Dios y tener una gran ayuda para lo poder hacer obedeciéndole todas sus potencias ejecutivas y que pueden obedecer.

 

[15] Hay otra similitud o proporción de la obediencia, de que decimos, a la fe; la cual es virtud teóloga, mayor que la obediencia, que es moral. Pero así como la fe hace creer que Dios es trino y uno, y otras cosas grandes como la Iglesia determina, tomándolo por de Dios, sin juzgar que ella yerra, porque esto sería herejía; así la obediencia verdadera, de que hablamos, de la Compañía, debe atender a lo que le dicen que hay en ella, y considerar y tomarlo como si lo dijese Dios nuestro Señor, y que El es el que lo ha hecho todo y nuestro Padre Ignacio no fué sino ministro de la divina voluntad, y que la Iglesia lo ha confirmado todo y dice que con este modo de vivir se sirve a Dios. Y por tanto no debe querer ir adelante más, sino a la ejecución de todo, y luego sin juzgar y sin contrario parecer hacer la obediencia.

 

[16] La obediencia, como se dice en las Constituciones[156], deberá ser ciega, porque el entendimiento debe ser ciego para todo lo que le impide la ejecución de lo que le ordenan y la voluntad de hacerlo; de manera que, puesto que [aunque] se le ofrezca alguna cosa, no debe mirar en ella, atendiendo a la verdad conforme a la luz de lo que tenemos dicho, mortificando y reprimiendo el juicio; y, si ocurre alguna dificultad o cosa que le perturbe, hurtarle el entendimiento y trabajar por apartarse de pensar en ella. Y desta ceguedad y de divertir el entendimiento de las tales cosas, se alcanza que las tinieblas de falsedad se vayan, y venga el entendimiento a entender la verdad con consolación grandísima, de la manera que se hace como en una vcera contemplación de Dios nuestro Señor; la cual esparce [disipa] todas las falsedades que ocurren, hasta que va a dar en la verdad y halla muchas otras que ayudan a le amar y servir de toda voluntad.

 

[17] Tengamos pues esta ceguedad, y tan buena para tener suma luz y entender que todo lo que nos mandan es bueno. De manera que negando todo el propio parecer por amor de Dios, se entienda sólo el del superior. Y así como dice el bienaventurado San Dionisio, de mystica Theologia, que Dios se conoce in caligine, diciendo que ni esto, ni aquello, ni otra cualquier cosa; así el negar todo lo que el juicio y propio parecer traen acerca de la obediencia es venir a adquirir verdadera luz y conocimiento para entender que lo que manda el superior, o sea una cosa o otra, es lo que se debe hacer, con prontitud en la ejecución, con resignación de entendimiento y pureza de voluntad. Hagámoslo pues así para que crezcamos en la verdadera obediencia a mayor gloria del Señor.

 

 

 


Decimaseptima plática (Decima septima exhortatio)

 

[1-9] Considerazioni e mezzi per obbedire con perfezione – [10] In cosa obbedire – [11-12] L’obbedienza in cose impossibili – [13-15] L’obbedienza in caso di peccato – [16-19] Come vivere il servizio di superiore – [20-21] A chi obbedire – [22-24] Il modo di inviare – [25] L’obbedienza nell’amore.

 

 

[1] Habemos dado principios para la obediencia y, confirmados con algunas consideraciones con la divina gracia, resta agora pasar adelante en esta materia que importa mucho en la Compañía, para proceder en la perfección conforme a la gracia que Dios N. Señor nos tiene comunicada.

 

[2] Y lo que se ofrece es una buena manuducación para esto. Algunos filósofos, come fué Averroes, tuvieron un error, no sólo en la Teologia (y es herejia), per aun en Filosofía natural; y es que habia un entendimiento común con que todos entiendían, porque hablando la verdad cada uno tiene para esto su potencia individual. Pero desto que decíamos, para el propósito de lo que tratamos nos podíamos ayudar considerando consigo cada uno que, puesto que [aunque] tenga tal potencia propia, todavía que hay otra en casa que es la del superior; y así debe procurar de no ejecutar ni actuar su voluntad, sino por la voluntad del superior, estando de la suya indiferente. De manera que así haga, como si por su voluntad quisiese cualquier cosa o no la quisiese; y de la misma manera a su entendimiento individual así lo debe regir por el del superior, como si por aquél sólo entendiese; y lo que él juzga por bueno, él también, atendiendo que le rige Dios.

 

[3] Ni debe pensar que en esto hace mucho, porque el querer y entender por la voluntad y entendimiento de Dios no es mucho que lo quiera cada uno, pues esto es gran gracia que Dios N. Señor comunica. Y si miramos a la línea recta, no hay duda sino que la voluntad y entendimiento del superior son de Dios nuestro Señor, pues a Dios en él debemos obedecer.

 

[4] Y también nos ayudará a ser obedientes con perfección el considerar que, pues somos llamados para hacer esta guerra que Dios hace contra los demonios y sus adherentes, y lleva de vencida; como quiera que somos inferiores, lo que debemos hacer es pelear bien sin mirar cómo o cómo no se hará una cosa o la otra, siguiendo al capitán, que es el superior, por una o otra parte. Como respondió uno de los que se hallaron con nuestro Padre Ignacio al tiempo que se trataba de responder a ciertos que contradecían a la Compañía. Porque diciendo el Padre que atentasen lo que hacían, él respondió que su Reverencia ordenase y viese lo que convenía y guiase, que a ellos cumplía como soldados en la guerra pelear cuanto pudiesen, y que así debía de trabajar de responder plenísimamente y con toda eficacia, y no mirar más, sino tener este ánimo y voluntad, y que el considerar si es bien o no, no era dellos sino de su Reverencia.

 

[5] Así que, pues tenemos el cargo de soldados y gracia para ello con que Dios nos ayuda, debemos hacer nuestro oficio en pelear y en armarnos, como se hace en el noviciado o en los estudios para adelate pelear andando a la ayuda de las ánimas. Y de la manera que Dios para esto nos da su gracia y los superiores que son llamados para tal cargo son también regidos de El y ayudados de su especial gracia; pues que él tiene obligación del gobernar para cumplir con su cargo, lo que de nuestra parte cumple es que obedezcamos sin juzgar, teniendo por bueno todo lo que él ordena. Y si no lo hacemos, descendemos de la gracia que nos es cmunicada en esta parte.

 

[6] Ultra de lo dicho, para que podamos adquirir perfecta obediencia y con ella alcanzar lo que por ella Dios da, debemos atender al fin de nuestra vocación, procurando de lo amar, y considerando que no se puede sufrir que tenga Dios dada su sangre y vida para salvar las ánimas, y que nosotros, que somos con tanta gracia llamados para esto, no trabajemos en ello esforzándonos a tener perfecta obediencia, pues está coniuncta con el fin rigiendo y gobernando ella los medios para él, así como el ir a las Indias o a Germania, o a predicar a cualquier otra parte.

 

[7] Debemos también considerar que tenemos Constituciones, Bulas, Reglas, costumbres aprobadas y tradiciones que mucho me consuelan, que son cosas de nuestro Padre M. Ignacio y del principio de la Compañía y de los Padres antiguos; que, puesto que [aunque] no son escritas ni tiene autoridad como escritas, todavía tiénenla por ser de mano en mano dadas; como las tradiciones de Dios, que también no sono escritas, pero de mano a mano vinieron de El a nos quedando la Sede Apostólica por juez que les dé aprobación para que las tengamos por tales.

 

[8] Considerando pues en todas estas cosas debemos procurar de las amar y desear de nos conformar con ellas; que de aquí nacerá obedecer en todo, pensando que por ellas van y rigen los superiores; y que haciendo lo que ellos mandan, hacemos lo de las Constituciones, de las Bulas y de todo el Instituto que habemos aceptado.

 

[9] Procuremos también de tener muy buen afecto a los superiores, no considerando en ellos pecados o defectos, ni otra cosa, sino a Dios, como es dicho; y así no consentir en cosa que sea tener agravio o disgusto dellos; de manera que la voluntad se aplique a los amar con verdadero amor y reverencia, porque, no haciendo esto, debilitaría luego el entendimiento y haría que tenga propio juicio, y así venga a no obedecerles.

 

[10] Lo en qué tenemos de obedecer, y en qué debemos hacernos como un bastón que se mueve a donde quiera y una cera en que todo se imprima, sin juicio y negando nuestro parecer y con esto alcanzando la verdadera luz como se dice en las Constituciones, 3a y 6a parte, es en todo lo que no sea pecado[157]; y puesto que [aunque] San Pablo habla sin excepción y diga que obedezcan per omnia los hijos y esclavos a sus padres y señores[158], esto dijo porque la obediencia, siendo virtud, se entiende que ha de ser sólo y ejecutarse en cosas que no sean malas. Esta nuestra manera de hablar por excepción es exprimir [expresar] lo que necesariamente se había de entender. Y desta manera habla Santo Tomás[159], y también S. Basilio, diciendo: oboedientia perfecta est in omnibus quae licita sunt. Y S. Basilio también, añadiendo que como las ovejas del pastor se dejan llevar, sin juicio, así los religiosos en cosas que no son pecados deben hacer lo mismo[160]. Y esto cumple que lo entendamos bien para la prática, de manera que no nos abra el juicio propio y perdamos la perfección de la obediencia.

 

[11] Digo, pues, que es posible acontecer que el superior alguna vez mande una cosa imposible, o una cosa que sea pecado, que es imposible moralmente; pero cuantos vivimos en la Compañía debemos observar que nunca pensemos que superior mandará tal cosa; y neguemos que tal será. Y así, puesto que [aunque] puede ser que lo sea, pues él puede ser un malo y, como no es confirmado en gracia, puédelo mandar, advirtamos que no tengamos juicio de tal cosa. El cual puede venir de dos maneras: o sólo pensando que en ello puede errar el superior, aunque juzgue que no será así ni le debilite en la obediencia; o también que él piense que puede errar, y que esto le debilite en la obediencia. El primer juicio, aunque no es tan malo, todavía es principio de tentación, y que prepara para el segundo, que es malo. Así que el primero empieza a aflojar el entendimiento y la voluntad y ejecución con astucia, y a que sea uno o imperfecto o puramente inobediente. Débese pues echar tal especulación como enemiga, estando en la ceguedad pura del entendimiento, sin querer especular. Pues el segundo, como dijimos, es malo, como consta.

 

[12] Lo que, pues, se debe hacer cuando mandase el superiro alguna cosa imposible, v. gr., que pase el mar a pie, la perfección es ir a hacerlo usque ad impossibilitatem exclusive, de manera que procurando de [lo] hacer, y no pudiendo[lo] ejecutar, tornar al superior in simplicitate, no pensando la imposibilidad hasta topar con ella, y decirle: Padre, yo quise caminar sobre el mar y no puede. Y tal puede ser la resignación y simplicidad, de tanta perfección y santidad, que provea Dios que la imposibilidad se venza; como se ve de algunos santos que hicieron tornarse verdes leños secos, y venir a sus manos leonas llamándolas porque lo mandaban los Abades.

 

[13] Cuanto al otro mandamiento de pecado, no debe también tenerse ninguno de los juicios que dijimos; y dado que así sea que lo mande, como que mate [a] un hombre o otro claro pecado, luego le moverá la obediencia sin mirar lo que se manda y queriendo obedecer; pensando de qué es lo que le mandan, luego le ocurrirá la imposibilidad moral, y irse ha al confesor y preguntarle ha si es pecado; y si es, no lo haga. Y tornar al superior cum humilitate, diciendo: Padre, esto es pecado claro, como me dice el confesor. De manera que en cosas de obediencia no quiera tener juicio ni parecer alguno.

 

[14] Pero advertid que en las cosas dubias si son buenas o son malas, debéis de obedecer; y aun los seglares, somo los soldados a sus capitanes aunque la guerra sea dudosa; pero dejando la tal duda y no la imaginando y quietándose en el juicio del superior perfectamente.

 

[15] La manera de obedecer en la Compañía es que no consideremos si lo que hacemos por obediencia es bueno  o es malo, pensando que bien caminamos pues no lo mandan; y haciéndolo así, realmente se hace la cosa mejor, ayudándose con esta actuación de la obediencia.

 

[16] Y así es facíllima cosa que un inferior camine bien, no procurando más que hacer lo que le mandan; y dificíllima que un superior cumpla bien con su cargo, si no le ayuda la gracia y favor divino y oración y comunicación con Dios para poder bien mandar y encaminar a los suyos; y esto especialmente los que dependen de menos; y máxime del General pues es solo y único superior.

 

[17] Y así algunas veces que yo dejé de ser superior sentía que dejaba una gran carga. Y nuestro Padre Ignacio por esta causa en el eño de 50 renunció el cargo en la Compañía, y yo tengo la copia de la carta[161]; pero después lo confirmaron.

 

[18] Y de aquí nace que es arrogancia grande que uno desee de tener cargo; y esto dió causa a que se procurase tanto evitar la ambición entre nosotros.

 

[19] Los superiores pues atiendan en sí y procuren ayudarse mucho con la gracia para poder cumplir con su oficio procediendo suaviter y fortiter en la ejecución y consecución del fin, atendiendo a las circunstancias, y regulándose en todo con el espíritu y razón. Porque unas cosas sirven en uno, y otras en otros; y piense que pues es tan grande la obediencia que le tienen y le procuran tener, debe también corresponder con ella, sirviendo a Cristo N. Señor, en cuyo lugar está.

 

[20] Los superiores a que debemos obedecer son los declarados en casa por tales, y esto sin diferencia, obedeciendo a cada uno como al General y a Cristo N. Señor; y aun ha de ser a los que están en los oficios por principales, como al coquo[162]. Que Dios nos dará con que aquí hagamos lo que en Roma (puesto que [aunque] ahora ande la cosa en negros) que haya un buen hombre en tal cargo, como allá es Baptista, para que aproveche a los que le ponen debajo de su obediencia.

 

[21] Y débese observar y cumplir perfectamente lo que el inmediato superior dijere; y si otro [superior] tiene dicho el contrario, podreisle decir lo que os tienen ordenado. Y si aún manda lo contrario, debéis obedecer pensando que él tiene recaudo para lo poder hacer; puesto que [aunque] queda copia [facultad] de decir después al superior, que os tenía mandado otra cosa, lo que habéis y por qué.

 

[22] Las maneras de mandar en nuestras obediencias son, o in nomine Jesu Christi, o en virtud de obediencia, o diciendo mando esto o estotro. Las dos maneras primeras no se usan, y ellas solas obligan a pecado; puédense usar en caso que uno no quiere por bien hacer lo que le mandan y se hace contumaz, teniendo esperanza que se moverá; porque para retraerlo le pueden así mandar y obligarlo a pecado. Y pienso que una sola vez lo usé, mandando a uno en virtud de obediencia, que no hiciese cierta peregrinación descalzo y con otras cosas, que eran pura ilusión, con las cuales él estaba puesto a la hacer; y mucho aprovechó con la gracia del Señor.

 

[23] La tercera manera no se usa, pareciendo cosa de imperio. La otra manera y común y suave diciendo simpliciter: “Haced esto, haced esto, Padre o Hermano”[163]; y aun añadiendo alguna otra palabra de suavidad[164], como también se puede añadir alguna de eficacia según las circunstancias.

 

[24] Y los superiores deben procurar de declarar bien su voluntad; y los súbditos ejecutarla, si la entienden aunque sea por señas[165], y esto con perfección y de veras, como está en nuestras Constituciones. Y cuando de ninguna manera consta de la voluntad del superior, como cuando el Rector se ve sin entender lo que querría el Provincial; o cuaquier otro súbdito, que no sabe lo que le ordenaría que hiciese, debe procurar de buscar pro coniecturas lo que el superior diría, pidiéndolo a Dios, y deseando de acertar con lo que él le diría. Y así quiere el Señor que se acierte, de manera que se experimenta que entrambos se conforman con el deseo que se tiene de seguir la voluntad del superior, aunque por coniecturas.

 


[25] Lo que aún queda de advertir, para que todos crezcamos en esta santa virtud de obediencia, es considerar lo mucho que estamos obligados al Señor por el grande amor con que nos llamó y nos dió la gracia desta religión, y nos hizo tantas misericordias sin mérito ninguno de nuestra parte, antes lo contrario estando con pecados y ofensas cometidas contra su divina Majestad; y con esto nos encendamos a le amar afectuosamente haiendo actos de verdadera caridad que subiecten la voluntad a le servir con suavidad en todo lo que le dijeren que el Señor quiere, como es todo lo que le mandan los superiores, pues están por ministros e intérpretes de su santísima voluntad. Y de aquí nazca que nuestro entendimiento, atado y forzado de la voluntad, se ciegue de la ceguedad que cumple acerca del propio parecer y juicio, y consiga la verdadera luz y claridad para, sin tinieblas ni cosa que le impida, poder unirse con Dios siguiéndole en todo, fortificándose en él, para mejor ejecutar todo lo que le mandaren de su parte. Trabajemos pues todos por nos actuar bien en esta tan gran virtud de la caridad, porque en la obediencia (como es dicho) y en todas las otras virtudes con gran aumento crezcamos a mayor gloria del Señor.

 

 

 


Decimaoctava plática (decima octava exhortatio)

 

[1] Sulla consolazione nel visitare Coimbra – [2] Sulla preghiera. Atti di preghiera che sono nelle nostre possibilità e altri che non lo sono – [3-9] La preghiera come elevazione della mente e domanda – [10-16] Modo di elevare la mente al Signore e di preparare la preghiera – [17] Sulla contemplazione – [18-20] Altri modi di preparare e disporsi per la preghiera tratti dagli Esercizi spirituali – [21] Esortazione alla preghiera.

 

 

[1] Habemos hoy con la divina gracia de comenzar [a hablar] de la oración, y antes diré una palabra por significar la consolación que el Señor aquí me ha dado, que ya algunas veces he querido decir; y es que aquí me ha Dios N. Señor tan consolado, que en ninguna otra parte lo ha hecho más con ver el deseo de todos en el aprovechar y señalarse en el servicio de Dios N. Señor; que bien se muestra que fué aquí el principio de la Compañía por estas partes, y de donde procedieron las cosas de la India. Y pues el Señor con tanta eficacia aquí ha dado tanto aumento, asi espero que lo proseguirá, y especialmente agora con esta renovación. Por tanto, como quien no ha hecho nada, debemos continuar el fervor y devoción, porque no tornemos atrás, para lo cual ayudarán los principios que suelo dar al cabo de las confesiones y quizá en lo de la oración se tratarán.

 

[2] Tornando pues a lo que queremos tratar, que es de la oración, advertid que en dos maneras se puede tratar della: de lo que está en nos[otros] mismos, que son los actos que podemos hacer; o de lo que no está en nos, que son los concursos especiales y influencias que el Señor comunica en tales actos. Verbi gratia, dícenos el superior: rezad el rosario o los salmos, y lo mismo si lo dice el confesor o la Iglesia; debémoslo de hacer y puédennos a ello obligar, porque éstos son actos de oración los cuales están en nos. Pero que esto sea con lágrimas, con gustos,. no lo mandan; y la causa es que no está esto en nuestra potestad. Es verdad que debemos humillarnos para que lo vengamos a tener, sin desmayar todavía, aunque tengamos sólo los actos sin el afecto extraordinario o cosas que con especial privilegio se coniungen [juntan] con la oración a Dios; porque sin ellas aùn es oración.

 

[3] La oración, como dicen los Doctores , es de dos maneras: una es la elevación del entendimiento a Dios, de nos tratando con la mente en El, dirigiéndose a El, tratando sus verdades; y esto es un ascenso continuo adelante y a[de]más estar pensando y subiendo a El. Y cuando esto se alcanza ha de ser juntamente petición, que es la otra parte de que luego trataremos. De manera que el ascenso de la mente es la elevación, con tanto que no se ponga término en el subir, pues que Dios es infinito; y con esto se sufre que el que lo hace esté quieto con el Señor, aunque siempre anhelando a El y deseando de conocerle más y unirse más con su divina Bondad.

 

[4] Hay otra manera de oración, que es petición. Lo cual declaró Cristo N. Señor cuando le preguntaron la manera de orar y El la enseñó significando que lo debíamos hacer todos. Dijo pues el Señor que se ha de hacer la oración diciendo: Pater noster, qui es in coelis, etc.[166], en lo cual daba a entender lo primero que habemos dicho, que es la elevación de la mente y la contemplación subiendo al Padre eterno en ci cielo, poniéndonos delante su divino acatamiento. Ajunta [junta] después la petición diciendo: sanctificetur nomen tuum, etc., en lo que se incluyen las peticiones; y ansí significa que la oración no sólo consiste en la elevación a Dios, sino que también con ella se le deben demandar las cosas que nos importan.

 

[5] Es verdad que debemos procurar tener primero la primera parte, subiendo al Señor, y esto con las potencias que en nos hay aplicándolas con la lección y con la meditación, de manera que nos hagamos presentes a El, pues lo podemos hacer dentro de nos teniendo su imagen en nuestra alma y potencias, la cual nos pondrá con El, no cesando hasta le hallar, que es infinito y que solo puede saciarnos.

 

[6] Pero, puesto que [aunque] esto haya, todavía debe juntarse con petición; y ésta, para que mayor sea, débese coniungir [juntar] con la gratitud, dando gracias al Señor por tantos beneficios recibidos, los cuales parece en la verdad que no los conocemos pues que con tanta ingratitud le [cor] respondemos. De manera que no se debe pedir sin aplicar la humillación diciéndo[lo] y sintiéndolo así, que lo que pedimos no lo merecimos, mas que todo es suyo, dndole por lo recibido antes y por todo gracias. Y con esta vestidura de la gratitud debemos vestir la petición, y la otra vestidura sea poner los medios por los cuales quiere el Sefiór que le pidan.

 

[7] Uno pues de los medios pur los cuales el Señor quiere hacer todo lo que hace es por su bondad y misericordia infinita y propter semetipsum. Esto lo hizo encarnar, conversar con pecadores, morir por ellos; y por esto Daniel decía: propter temetipsum inclina Deus meus[167]. De Dios y su bondad nacen todos los beneficios que nos ha hecho, y ella es la que nos comunica sus tesoros.

 

[8] Otro medio es Cristo, ùnico Hijo de Dios, de cuius pienitudine omnes accepinmus[168]; y ansí pidiendo a Dios por Cristo, por su pasión, por su muerte y por todos sus misterios, es la gran[de] y úinica obsecración como por mérito y medio de donde toman ser todos los otros méritos y medios.

 

[9] Para alcanzar la petición es también buen medio la intercesión de los santos y los méritos de la Iglesia y todo lo demás por que Dios suele dar lo que le piden, para que con esto se vistan nuestras peticiones y Dios N. Señor se digne conc.der lo que pedimos.

 

[10] Vengamos pues en particular a los actos de la oración de que hablamos y que están en nuestra mano. Y primer de la elevación. Y lo comùn della para se hacer bien es que cada uno debe considerar lo que quiere orar; verbi gratia, si quier elevarse al Padre eterno, lo debe hacer de una manera; si a Cristo, de otra; y si como a Juez, de otra; y si de la Encarnación et unione Verbi divini cum humanitate, de otra. De manera que conforme a la cosa es, que se ha de contemplar, debe variarse el modo de la elevación.

 

[11] Uno, pues, que quiere elevarse al Señor como que es bondad infinita, debe considerar las misericordias de creación, la bondad de las creaturas que son efectos de su bondad; debe considerar el sumo beneficio de la Redención del mundo, y todo esto por su bondad; y así poco a poco vendrá a sí mismo, en particular considerando los beneficios que me terná [tendrá] hecho y me hace continuamente, y a los otros; los cuales demuestran su infinita bondad y benignidad inmensa. Y de aquí conociendo ya su bondad, elevándose y coniungíndose [juntándose] con ella, llegue a le pedir. Y como esto es en mano de cualquiera, todos pueden tener esta oración.

 

[12] Y de la misma manera, si uno quiere contemplar la Providencia de Dios debe considerar la orden de las criaturas, de los cielos con sus estrellas y de todo lo de abajo, porque de aqui vendrá a entender que hay un Señor y Monarca de quien todo procede, que rige los reyes y señores, los ángeles, los profetas: que es el solo de quien todo depende como de universal superior y actor y provisor de todas las cosas y que en El está el ser independiente y infinito; y, por su comunicación, en todas las criaturas.

 

[13] Y estando en esto elevado, debe luego conseguir [seguir] la petición, suplicando le encamine y le rija, y a sus superiores y la Iglesia; con poner simul la gratitud por la mercedes que le hace tan continuas.

 

[14] Y de la misma manera, si quiere también hallar alguna consolación porque anda afligido, atribulado y con trabajo, debe buscar el paso en que Cristo N. Señor no la tenía y en que parecíia estar más desfavorecido del Padre Eterno, que fué en la Pasión al tiempo de la oración, meditando mucho en esto porque elevándose mucho aquí y pidiéndole ayuda por el trabajo que allí tenía, vendrá a tener la verdadera consolación; y será principio della el mirar con los ojos espirituales que el Señor estaba allí sin ella con tanta angustia y aflicción.

 

[15] También si uno quiere consolarse y alegrarse con el Seuior, meditará la Resurrección considerando su glorioso cuerpo, etc., que cada uno podrá pensar. Y esto sirva de ejemplos de lo que tenemos dicho.

 

[16] Mas tornemos más particularmente a decir de la preparación que decíamos se había de usar para hacer la oración y elevación de mente. Esta se hace por oración preparatoria, lección y meditación. Y esta meditación es del modo que habemos dicho, o procediendo por las criaturas al modo que se puede alcanzar por actos de nuestro entendimiento, con esto llegar a Dios; o por negación de todas ellas atribuyendo a Dios que no es nada de aquello y que es más de todo lo que se conoce y ve y se entiende. Y con esta negación dándole la suma perfección venir ha en su conocimiento .

 

[17] La contemplación es ya cuando todo se mira junto por lo que ha precedido. Y de la manera que el que ve una imagen de lejos, tanto se llega a ella hasta que toda y perfectamenfe la ve; así viendo por la meditación, poco a poco se va alcanzando lo que se pretende. Dicese contemplación cuando perfectamente alcanza todo, al modo que se puecle alcanzar por actos de nuestro entendirniento. Esta contemplación, aunque es acto del entendimiento, todavía así debe ser suya que la voluntad tarnbién concurra y se coniunga [junte] con él; y así uno y otro sean en la contemplación, haciendo actos con ellos. Y ésta es la práctica de todos los santos.

 

[18] Y en nuestros ejercicios también es esta una regla, que no procuremos ni curemos mucho de actos del entendimiento, sino con sinceridad y con coniungir [juntar] la voluntad que juntamente se afeccione[169].

 


[19] Y para venir a hacer esto con provecho y sin errari advirtió también nuestro Padre que hubiese otra preparación, antes de la oración; y, porque en ella no se gaste el tiempo en qu se ha de orar, que a la noche lo último en que se debe pensar es [aquel]lo en que se ha de orar[170], pidiendo al Señor ayuda por los méritos de su único Hijo para ello. Y a la mañana, luego al levantar[se], se conforme a la cosa que ha de hacer, levantándose o con alegría, si la oración debe ser alegre; o con tristeza, si triste[171].Y luego mire que le está viendo el Señor con toda su corte[172] y después haga la oración preparatoria que ya sabéis[173] y ansi continúe. Y si no siente consolación, baste que de su parta trabaja [en] hacer los actos claramente y con la debida atención y reverencia, para dello se consolar. Y si particularmente hay consolación, tanto mejor, para pocler caminar y se ayudar. Y lo común es que Dios N. Señor la da si se observan las sobredichas preparaciones.

 

[20] Quiso nuestro Padre también, para uno se disponer bien a la contemplación, que discurra por toda la historia de lo que trata, y que considere el lugar en que se hacia, y pida ayuda para se poder ayudar y aprovechar en aquello, porque por alli venga a tener las cosas presentes todas[174]; y luego trate de contemplar en las personas, meditando y discurriendo en ellas, y así las acciones y palabras, meditándolo con el discurso; y así venga a. la contemplación. Y que se ayude también en esto a veces con aplicar los sentidos, de manera que hagamos como que oimos y vemos y olemos, etc.[175]. Porque de aquí viene a uno tener gracia y afección y tener gusto en lo que trata. Y esto es lo que hacemos en los Ejercicios, los cuales comúnmente aprovechan a todos mucho por la bondad del Señor[176].

 

[21] Y la causa por qué Nustro Padre ha dado poco tiempo a los escolares para oración[177], no es sino que presuponen que estarán en ellos [los ejercicios] tan adelante y tan avezados a los usar, que tendrán más necesidad de los retener - de no abundar el tiempo en la oración - que no en exhortarlos a ella. Por esto procuren todos que lo poco que tienen le[s] aproveche mucho, haciéndolo con atención y devoción; y sea con verdadero deseo de se ayudar a sí y a las ánimas del prójimo; y así tomemos con ella todos aumento haciendo todo a mayor gloria de Dios nuestro Señor.

 

 

 


Decimanona plática (Decima nona exhortatio)

 

[1] Sulla preghiera – [2-5] Gli atti di carità, di lode e sul parlare con Dio nella preghiera – [6] Sulla devozione – [7] La preghiera a Nostra Signora e ai santi – [8-10] Sulla preghiera mentale e vocale – [11-12] Preghiera pubblica e particolare – [13-18] Preghiera ordinaria e straordinaria, estasi e rapimento – [19-21] Non occorre cercare di ottenere queste cose – [22-26] Il fine della preghiera della Compagnia di Gesù, la pratica della preghiera – [27-28] Le tre vie: purgativa, illuminativa, unitiva – [29] Il direttore spirituale, accettare altre vie per la preghiera – [30-34] I tre modi di pregare – [35-39] Modo di entrare nella preghiera: trovare Dio in tutte le cose, entrare con Lui.

 

 

[1] Hoy con la divina gracia trataremos más adelante de la oración, y haremos tres cosas. La primera será acerca de lo que es dicho de los actos de oración que podemos hacer; la segunda, diremos de lo que es especial don o priviegio en la oración, y no es en mano nuestra; lo tercero será cómo se debe en la práctica aprovechar uno en oración. Y querría yo ayudarme desto, que lo he menester más que ninguno de vosotros. Viniendo a lo primero. hemos ya dicho de la elevación y su perfección que es la petición. y esto tornando los medios [la obsecración] y haciendo gracias. Y decíamos de las partes de la elevación, que son las preparaciones para ella hasta que se venga a la contemplación.

 

[2] Lo que queda que advertir es que el acto grande que quiere la oración es la voluntad, ultra del entendimiento; quiero pues decir que en todos los actos de oración hay actos de corazón y voluntad, que desea las cosas en que se trata y se conforme con las personas con quien trata, o sea Cristo, los santos. La oración, en lo primero o en el cabo, proceda con caridad y amor de Dios, que es bondad infinita y suma. que éste es el principal acto de la voluntad y esto se puede hacer en cualquiera cosa que sea la oración, o sea tratando de la bondad de Dios, o de los santos, o otra cualquiera cosa.

 

[3] Otro acto que querría que siempre hubiese en la oración es loor de Dios, que se concluye en el hacimiento de gracias de que dijimos. Mas, hablando en particular, el loor de Dios debe cada uno coniungir [juntar] en la oración, pues en ella conoce siempre más de El y se eleva más con El conforme a lo que Dios N. Señor en ella le guía. Y no piense ninguno que es difícil hacer esto con lo demás que requerimos en la oración, que bien se ve claramente que no lo es y que está en nuestras manos con el concurso generai de Dios y gracia que nunca deja de darnos Dios N. Señor. Y por tanto fácil es la oración, y la pueden tener todos. Ni piense ninguno que es cosa puesta fuera de nuestra potestad. Débese pues loar a Dios y glorificarle, como tantas veces lo hacía David en sus salmos considerando los beneficios y maravillas suyas.

 

[4] Lo otro que debe haber es hablar en la oración con Dios; y muchos hablando de oración en esto ponen todo lo de la oración. Y otros lo ponen en otra cosa, pero esto es que haban del estado de la oración, y muchas veces de la oración privilegiada, no negando las otras partes o maneras; y así habéis de entender a San Crisostomo, San Hierónimo, San Gregorio , etc.

 


[5] Hablar con Dios es con el Pater noster, o con decir: Miserere mei Deus, etc.[178], o Domine, ne in furore tuo arguas me, etc.[179], y de otras maneras. Y [aquel]lo por qué este hablar con Dios se debe procurar es por otras causas, y para tener familiaridad con El. Y de la manera que uno con un Rey, para hacerse familiar suyo procura hablar con él, y conformarse con él, y tratarle como él quiere y le conviene, y seguir su voluntad; así debe también uno trabajar con Dios, procurando por le hablar conforme a su voluntad; y con esto en la oración se incitará mucho a le alabar y a le descubrir todas sus faltas y pecados, todas sus llagas para que se las sane, y con esto recibirá remedio. Y una oración desta manera es gran ayuda para caminar, y especialmente ejercitando los actos de fe, esperanza y en todo el de la caridad.

 

[6] Una cosa aún hay de la oración, que hace que la voluntad se dé pronta y deliberadamente a Dios, que es la devoción; la cual es como las espuelas y azotes que hacen correr al caballo que se pone a caminar. Y ésta cómúnmente es acompañada de consolación y suavidad del cielo. Debe pues cada uno con gran hervor y deseo de se aprovechar dedicar[se] a mayor servicio de Dios, aplicar[se] y meter[se] en la oración y en la misa; pero esto con humildad y simplicidad, de manera que no sea como cosa natural, sino que piense que la virtud y gracia de Dios es la que le debe guiar en ello, usando bien como de sí [debe?], de los medios y gracia que hay en la oración, de manera que sin trabajo y con suavidad, haciendo lo que puede, caminará, no queriendo quae supra illum snnt et altum non sapiendo, sed humilibus consentiendo[180].

 

[7] Háse dicho de la oración que se hace a Dios la cual es acto de la latría, hoc est, de la suma adoración que se hace a su divina Majestad. Hay también a su modo y grado oración a los santos, la cual es acto de la adoraci6n con que a ellos adoramos: de hiperdulía a Nuestra Señora, de dulía a los otros santos. Y esta oración puede tener semejantes partes de la oración que se hace a Dios, teniendo respecto a la adoración que se hace a los santos, elevación a ellos como santos; petición, que rueguen a Dios por nos, que intercedan por nos; hacerle[s] gracias como a intercesores. El obsecrar tamen se puede hacer plenariarmente pues todo vale con ellos. Y todo esto se hará en mayor grado a la gloriosisima Madre de Dios, como con mayor adoración le adoramos.

 

[8] Oración o es mental o vocal, o pública o particular. La mental es la de los actos que hemos dicho, [con]fírmándose uno con el entendimiento, con él aplicando la voluntad; la vocal es una cosa que mucho debemos desear, y yo más la estiniaria que la otra, siendo perfecta. La vocal para [que sea] buena, debe coniungirse [juntarse] con la mental, actualmente diciendo con la boca Pater noster y juntamente con la mente y corazón; y ésta es de los que son más aprovechados en ella. Y así la Iglesia, teniendo oración vocal, supone que los que la tiene[n], como son obispos, la hierarchia, y los religiosos, son en ella muy ejercitados y aprovechados y que coniungen [juntan] con ella la mental, y por eso la escoge.

 

[9] En ésta [oración vocal] la mente no ha de impedir la voz, ni la voz la mente; no se distraiga una a otra. sino que con plenitud el que es perfecto todo está rapto a Dios, y con la boca y con la mente le loa, y considera en él juntamente. Y por esto la vocal oración ne negligatur a nobis; y el que la tiene mental ayúntela [júntela] con la vocal y deprenda hacerla bien.

 

[10] Y en esto, como en lo demás, hay grados; que a las veces hay más atención o menos, y más continuación de la mente con lo que se trata con la boca, y otras veces tan poca que no se cumple con la obligación que a veces hay della. Así que debemos decir: Cor meum et caro mea exsultaverunt in Denm vivum[181]. Sitivit in Te anima mea, quam multipliciter tibi caro mea![182], coniungendo [juntando] la oración vocal con la mental, y trabajando por corresponder la una con la otra.

 

[11] La oración pública principalmente es la de la misa, qùe tiene suma virtud por el santo sacramento y sacrificio. También la que se hace comúnmente en las iglesias y en nuestras casas domingos y fiestas[183] y cuando tenernos letanía o otra [oración] semejante. La particular es la que cada uno tiene en su cámara; y ésta, para que vaya bien, debe tomar siempre autoridad y orden de la pública, para tener della virtud, y máxime cumple esto a nosotros que no tenemos la pública a lo común, pues no tenemos coro. Sucede a cada uno su cubiculo en lugar del coro, haciendo allí la oración por el mandato de la obediencia, unidos todos con ella, tañendose a cierto tiempo a la oración, y esto por toda la Compañía; que es la oración común y pública della, cuando no se hace particular.

 

[12] Puédese también dirigir nuestra particular oración a la conmún ordenándola con lo que quiere la Iglesia que hagamos, que es verbi gratia que encomendemos a Dios la Iglesia y católicos contra los herejes, v lo mismo lo que se reza en la misa, esforzándolo con lo común que se dice por el sacerdote en ella.

 

[13] Esto es pues lo que toca a la oración que todos podemos tener, y esforcémonos todos a ella, aunque no haya sentimientos, que éstos son de Dios y El los dará a su tiempo, y más cuando menos curáremos por tenerlos.

 

[14] Pasemos agora a lo otro que hay en la oración, que parece que no está en nuestra mano; de lo cual hablan los antiguos más brevemente que no los modernos. Pero yo a todos creo como a experimentados.

 

[15] La oración pues generalmente suele tener gracia, la cual sólo Dios la comunica teniendo la oracion operación y gracia divina con que nosotros, ocurrimos [salimos al paso]. Y podemos concurrir con ella y a veces es impetratoria, aunque no sea meritoria, como del que está en pecado mortal; y así, puede el tal orar y hacer con que el Señor le dé medio para se salir del pecado. Y por esto San Agustín en aquellas palabras Scimus quia peccatores Deus non exaudit[184], dice que aquél [que las dijó] era ciego, que a la verdad el pecador puede orar, para que el Señor le ayude. Pero si se coniunge [junta] caridad con la gracia común que Dios da para la oración, no sólo hay impetración, mas aun mérito en ella y más poder para mucho impetrar. Así que, en general, en la oración lo que de Dios procede es 1a gracia que obra con nosotros para que valga alguna cosa, y esta gracia es una de las cosas que no están en nuestra mano. Este común auxilio y gracia siempre Dios lo da a quien lo quiere débitamente recibir y ayudarse de él. Y es la oración siempre impetratoria cuando tiene cuatro condiciones, que [se] haga pie, ad salutem, pro se et perseveranter. Por los otros siempre también es meritoria [impetratoria?] cuando son [aquél]los por quien se hace bien dispuestos.

 

[16] Hay también en la oración otra cosa que es de Dios y El puramente lo da; que es una consolación, una alegría interior, una quietación del entendirniento, un gusto, una luz, un pasar adelante mejor, un entender mejor las cosas: todo esto es particular gracia de la oración y que anima a ir por adelante, y da reliquias para ayudarse en el camino; como uno que pensando en la Visitación de la Virgen a Santa Isabel y discurriendo por lo que hay en ella y en el bienaventurado San Juan alcanza gracia y viene a tener consolación y a tener un deseo de tratar más la cosa. Y a veces viene a tener lágrimas y a tener como a un principio de éxtasis; lo que nuestro Piadre Ignacio quasi siempre tenía, con ser muy consolado y con muchas lágrimas en la oración.

 

[17] Y como este gusto y favor divino tiene grados y se aumenta más, y el entendimiento concibe más claridad; así viene a loar más y más a Dios, y a desear más de servirle, y hacer más concursos con su voluntad. Y tanto va ahí esto adelante, hasta que los sentimientos [los sentidos] quedan atrás, no pudiendo ya el entendimiento usar dellos ni seguir más que aquella luz de Dios y la suavidad della, sin acudir lo que los sentidos exteriores pueden ya sentir. Y esto es éxtasis de la mente, que pone todas las cosas delante claramente y fortifica en todas las verdades, y de tal manera, que después no hay manera ni palabras para decirlas, ni especies para representarlas. Así dice San Pablo: vidi arcana quae non licet homini loqui[185].

 

[18] El rapto no difiere del éxtasis sino que es con violencia suave; o porque no viene con oración, yendo poco a poco, como se tiene la éxtasis; o porque yendo uno aun flojamente, Dios le lleva luego tirándole [sacándole], sin necesidad de se ir allegando y allegando de rato a rato, y pónelo luego consigo comunicándose sus verdades y grandezas escondidas, como por su infinita bondad se digna de hacer. Y así un poco desto vale más que todas las otras flojas iluminaciones; y tal fué la de Nuestro Padre junto al río de Manresa, como dije al principio. Pero es mucho de advertir en esto que puede haber aquí muchas ilusiones, y ansí los que escriben trabajan mucho por tirar [quitar] los impedimentos que hay para esto.

 

[19] Cumple pues que nos humillemos y que no andemos tras esto por gustos, sino por solo Dios. Y de otra manera, el demonio nos engañará, viendo que nosotros procuramos y que queremos alta sapere[186] - y lo que no es nuestro. Y así a los que ve dispuestos por esto, viene y dálos que les parezcan mayores contemplaciones del mundo. Y si queréis conocer el que es ansí tentado, advertid que luego se entibia en la obediencia, en la humildad, con la soberbia que hay en él; y tocándole, fumigant montes[187].

 

[20] De manera que cumple andar en esto con humildad, no trabajando con curiosidad de tener luego estos arrebatamientos como que están en nuestra mano, que es tentación; como tuve [a] uno en nuestros ejercicios que, viendo lo mucho que había en la oración para consolarse uno, y que había tanta elevación, moríase porque no llegaba a tenerla; y esto le hizo gran daño.

 


[21] Y esto baste cuanto a esta parte de la oración, de que dijimos que habíamos de tratar en el segundo lugar; que fué también la otra parte que al principio dijimos que había en la oración.

 

[22] Queda que digamos agora de la tercera [parte], que nos cumple mucho; y es la práctica que debemos tener en la oración para crecer en ella. Y en esto lo primero que se ofrece a decir es que para que andemos bien en la práctica, hagamos el principio del cual ha procedido el especial orar de la Compañía, y es que sea para ayudar las ánimas, que es a lo que la gracia desta Compañía guía y lleva; y ultra que podemos prepararnos con santos actos, que son unos principios universales y firmísimos.

 

[23] Lo primero es un acto del entendimiento en la fe, de creer lo que la Santa Madre Iglesia propone para creer de a Santísima Trinidad: Padre, Cristo N. Señor, Espiritu Santo; y lo demás. Otro de esperanza en Dios, que es nuestra áncora. Y [ade]más, considerando en El que es suma bondad, se haga otro acto de caridad. Porque éstos guían todo; toda la perfección de aquí procede; y principalmente y únicamente de la caridad.

 

[24] Los otros dos actos son ya humanos, y son de humildad y simplicidad. Eli uno y e1 otro sirven a la voluntad y entendimiento, pensando que somos un niño o una vieja.

 

[25] Y, hechos estos actos, debemos entrar en la oración preparatoria, y considerando lo que ha de tratar y los lugares[188].

 

[26] Atendamos a las personas y lo demás[189], abnegando todo lo que en nos hay de voluntad y discurso y de fuerzas; porque a esto se consigue la ayuda y favor divino al cual, invocado y presupuesto, sigamos y con él cooperemos. Y así todo lo que se hace en el Señor, no teniendo entendimiento de acà para allá; sino como que vemos a Cristo y lo que hace, y cómo habla a los apóstoles[190]. Si la m.editación es de El, llegamos a entender cosas suyas, perfecciones y grandezas que hay en El y efecto de nuestra salud. De la misma manera en lo demás en qué meditar.

 

[27] Y para que la rneditación vaya bien y uno esté pronto para poder discurrir, es necesario [seguir] una vía, que es de la penitencia[191], que llaman purgativa, a diferencia de otras dos que ponen, scilicet; unitiva y iluminativa. Y ansí en la Compañía, para ésta no nos faltar a la meditación, hay continua penitencia, y luego al entrar en ella, pero con prudencia[192], haciendo ejercicios y confesiones generales y particulares tantas veces[193]; y para esto exámenes cada día[194]; que todo es penitencia, cuya gracia ayuda a extirpar malos hábitos y aumentar el espíritu y la verdadera contrición. Y principalmente se conforta y aumenta en la confesión. Y así por esta parte tenemos víia pan la oración.

 

[28] Tenernos también la iluminativa y unitiva en la oración y recogimiento cotidiano; a que nos da fuerza comunicando [comulgando] cada semana el cibo celestial de[l] Santísimo Sacramento, y los sacerdotes cada día diciendo misa[195]; y pur tanto dellos se presupone que sean más contemplativos. De manera que no faltan a los nuestros estas vías para poder entrar bien y se ayudar para la meditación, y con ella pasar bien en la oración.

 

[29] Es [em]pero de advertir que uno puede proceder de otra manera acerca de la oración, no observando los actos y demás que habemos dicho, según que el Señor le enseñare. Y ansi, cuando uno se aumenta y ayuda por otra vía, y se hace más obediente y más se aplica a ayudar las ánimas y a cumplir con nuestro instituto; el confesor que tendrá superintendencia en la oración de los que confesare, no le quite dello; porque nosotros sólo somos cooperatores Dei[196] y no debemos de prescribir a Dios manera para ayudar a los que El quiere llevar con su gracia y favor. Porque es verdad que hay algunos que sin hacer tantos actos como habemos dicho se consuelan con el Señor, y van creciendo mucho en las virtudes, y otros que guía el Señor según su divina voluntad y gracia.

 

[30] Las cosas que se meditan en la Compañía por nuestros ejercicios, ultra de aquello que toca a pecados y hacer penitencia dellos, es de la vida de Cristo y de los mandamientos, de los dones del Espíritu Santo y de todas las cosas de la doctrina cristiana[197].

 

[31] Hay también un meditar cada palabra por sí[198], como en el Pater noster, considerando en el Pater cómo es Padre eterno de Cristo N. Señor, y en El universal por adopción. En noster que todos somos hermanos en Cristo e hijos de Dios. En qui considerar Ias santísimas Personas y cómo son uno y solo Dios. En es atender a su esencia infinita y virtud infinita y bondad infinita de Dios, etc. Estas y otras consideraciones terná [tendrá] cada uno con la gracia del Señor.

 

[32] Hay otra nianera, no aún de palabra a palabra, sino de dos en dos, o más, considerando algo en Pater noster; después en qui es in coelis; según la conexión de las palabras.

 

[33] Pónese también que diciendo una palabra, verbi gratia Pater, nos detengamos algún tanto con el entendimiento diciendo Pater, y callamos un poco. Y después noster, y callamos[199].

 

[34] Y a esto es bueno enseñarnos, porque yo sé que aprovecha [para] hacer oración con atención y devoción; lo que continuando con dificilidad se hace.

 

[35] Acerca del modo de entrar en la oración, advertid que uno que es muy bueno, mas es de gracia especial, [es] con todas las cosas hallar luego a Dios y pensar luego en El. Y así lo tenía nuestro Padre Ignacio[200], como él me dijo, y espero que todos con la divina gracia ternán [tendrán] esto, si se animan y ejercitan; pero quien no lo tiene, acuérdese de la consolación que ya tuvo, y así reliquias cogitationum[201] assumat, y pegue dellas, con humildad y simplicidad, uniendo siempre una cosa con la otra, y con esto entre; que el Señor le ayudará.

 

[36] Es también para entrar buena manera andar por el relativo qui, diciendo a Dios que me ha criado, el que me manda creer la fe católica y Iglesia Romana; el que niegan los infieles, el que me ha salvado, el que me ha hecho religioso: yo lo quiero amar y seguir. Y por esta via vendré en conocimiento de El, discurriendo de un atributo en otro, y con este conocimiento podré entrar con El.

 

[37] Es otra manera atender a las criaturas y considerar sus perfecciones, y por ellas, venir a Dios que se las dió; y principalmente considerando la suma criatura que es la Anima de Cristo y Humanidad Santísima, que El hizo, y llegar aùn al Paraíso y considerar lo que allá ha, la suma beatitud, etc., que esto nos llevará a Dios.

 

[38] Y a veces también entrar con e1 pensamiento al purgatorio y pensar quién[es] allí se purgan y la disposición dellos, ctc. Y al infierno, y mirar los juicios que allí hacen, viendo tantos que allí están, infieles y herejes, y muchos otros que en el mundo fueron tenidos en tanto; y que [Dios] permite que nosotros seamos aún en el mundo para nos poder salvar. Y con esto el Señor nos guiará a sí, y vendremos a conocerle y poder entrar con El.

 

[39] Sea también una buena manera para esto, que piense cada uno que no vale para nada y se tenga por una bestia que de sí no puede cosa alguna, ni sabe qué manera podrá tener para llegar a El; porque el Señor, puesto tal fundamento en el que le quiere tratar, luego se le comunica. Y desto en Sicilia hubo un ejemplo claro, de un hermano que no sabía cosa, y servía de traer agua a casa; viniendo a mí a que le dijese cómo había de orar, yo le dije que se pusiese delante del Señor, y le dijese que era una bestia, nada, y que no sabíia hacer oración, que le mostrase de hacer oración; y parece que lo hizo así, y quiso el Señor ayudarle y favorecerle tanto que fué cosa de espanto; y una vez, mandándole predicar, dijo maravillas. Trabajemos pues de reconocer en nos que no tenemos saber ni vaemos de nos para cosa alguna. y con esto nos pongamos en la oración, que el Señor nos ayudará y creceremos a mayor gloria de su divina Majestad.

 

 

 


Vigesima plática (Vigesima exhortatio)

 

[4-5] Sulla preghiera – [6] Offerta del cuore a Dio, soprattutto nella messa – [7-8] La pratica della presenza di Dio – [9-17] La grazia della vocazione alla Compagnia di Gesù, la preghiera e la perfezione nelle cose ordinarie e comuni di ogni giorno, andare con Dio uniti – [18-21] La correzione fraterna nella Compagnia di Gesù – [27-36] Sulla libertà di spirito.

 

 

[4] Cuanto a lo primero, si queremos aprovecharnos en la oración, hemos de ejercitarnos en esto que aprovechó ya a muchos, y que es no trabajar tanto en hacer actos del entendimiento, sino darse a los actos de voluntad y afecto, y esto con suavidad, que ayudará a todos y specialiter [a] aquéllos que son débiles de la cabeza o por otra enfermedad no pueden mucho darse a la meditación. Y primero que declare cómo se debe esta suavidad tener es de advertir que la meditación o contemplación es un acto del entendimiento y que viene a debilitar la cabeza y las potencias, porque el entendimiento no puede obrar, como saben los filósofos, sin ayuda de los sentidos exteriores y interiores. Y por esto, puesto que [aunque] al tiempo de la oración no se entiende, todavía debilita [a] una persona la meditación o contemplación desta manera que la ordenarían [que (es) la ordinaria?]. Y lo mismo también acontece si es extraordinaria, como cuando el Señor da un rapto o éxtasis, porque esto impide los sentidos y los debilita.

 

[5] Por tanto, porque no venga uno a enflaquecerse y no poder meditar por mucho tiempo, por un poco que lo hace al presente, puesto que [aunque] esto sea obra de entendimiento, debe trabajar [por] discurrir poco y hacer pocos actos del entendimiento y muchos de la voluntad, deteniéndose en un poco que considerará o de la Santísima Trinidad, o de la Pasión de Cristo, poniendo los ojos en El puesto en la Cruz o columna; que esto le moverá luego a compasión, y así se quede actuando la voluntad y gozándose en ello, o contristándose dello según pida la contemplación. Y esto sirve no sólo a los que no pueden mucho discurrir, pero aun a todos los que lo pueden hacer, porque para todoso es esta regla común acerca del bien orar.

 

[6] Lo segundo que aprovechará para la oración es dar el corazón a Dios N. Señor. Y esto lo puede cada uno hacer muy fácilmente, y en tiempo muy acomodado, que es en la misa, pues cada día la oye, o la dice si es sacerdote; y si no puede decirla, debe oírla, que no menos obligación que los legos tiene para esto. Así que en este sacrificio incruento y tan alto, do se representa la oblación cruenta de la Cruz, puede y debe dar y sacrificar a Dios su corazón, ut possideat illud, iuxta illud: possideat Deus cor nostrum[202]; El le anime y gobierne, El le aflija o consuele, como quisiere. De manera que su oblación confirme con la oración tan alta de la misa; y ofrezca al Padre eterno a sí y a su voluntad juntamente con la oblación de su sacratísimo Hijo y haga también lo mismo repitiendo los votos que tiene hechos al Señor, y tornándoselos a repetir y pedir ayuda para cooperar con la gracia que en ellos le tiene comunicada y para seguir el Instituto con lo que tiene prometido; y esto puede cada uno hacer con un simplici acto de confirmación.

 


[7] Otra cosa que mucho ayuda para bien poder orar, lo que yo veo bien practicado en este colegio, es considerar Dios presente en toda la meditación; porque es claro que considerando su tan alta presencia y acatamiento no se hará cosa que buena no sea. Porque quien abre algo los ojos y considera la infinita esencia, virtud, bondad, misericordia y providencia de Dios, su justicia, sus juicios y manifiestos y secretos: con suma causa ha de ser movido a hacer lo que debe en la oración y en toda cosa, con atención, devoción, diligencia, in timore et tremore coram Deo[203]; de la manera que uno delante de un rey o de otra persona de calidad no se atreve hacer cosa que no deba.

 

[8] Y esto principalmente servirá si uno considerare esto perfectamente conforme a tres maneras con que Dios está en toda parte, que son per essentiam, per potentiam et per praesentiam. Está presente en todas las cosas Dios per essentiam, pues de El depende el ser de todas ellas. Los ángeles y todo lo que hay, ¿en dónde se pueden arrimar sino a El, pues de El reciben lo que tienen y no pueden ser sino en El? Y del estar por esencia viene que está también con su potencia, pudiendo deshacer y anihilar todo, como todo lo hizo e y lo conserva. Está también con su presencia en toda la criatura, está intimo a toda, a toda, con su infinita inmensidad, simplicidad y perfección; todo lo ve presentísimo, todo lo mira, no hay cosa por secreta que se haga, que no le sea presente. Consideremos pues esto y traigámoslo mucho en la práctica, porque son lazos grandes para prendernos, para no hacer lo que no debemos, y estar con prontitud y reverencia en la oración y en todo lo que hiciéremos; que considerar Dios delante y que en todo lo que hacemos lo tenemos por testigo, cierto es que el que bien se persuadiere que tiene presente a Dios, no le osará ofender y quebrantar su santísima voluntad.

 

[9] Otra cosa en que cada uno se puede aprovechar (no sólo en la oración, pero en todo lo demás) es con, débitamente encomendándose a Dios, procurar de trabajar con perfección, desde que se levanta hasta que se torna a levantar, a hacer todo lo que propone por la obediencia de nuestro instituto; porque, si lo hace, camina de verdar a la perfección, y si en algo deja de se haber bien, por allí mancará luego y será cojo un poco; y más si en más cosas falta, porque no basta haberse bien en el estudio sin que se haya bien en la oración, y en la misa, y en los coloquios [recresos, etc.] y el reposo.

 

[10] Ni debe ninguno querer devociones o perfecciones sino por lo común y vía de la Compañía. Como uno que me decía que andaba devoto y al tiempo de la oración común no tenía ninguna devoción, dando a entender que con particulares afecciones, no atendiendo bien a los comunes, se hallaba bien; y era ilusión manifesta. Así que para ir en esto bien no andemos a buscar cosas extraordinarias y negligamos [descuidemos] las ordinarias; mas procuremos que nos compongamos siempre con lo común de nuestro instituto; y a las horas y tiempos que se debe cada cosa hacer, las hagamos: la oración, el modo della y todo lo de nuestro instituto; que de otra manera, desviámonos de la gracia de él. Y pidamos a Dios nuestro Señor que nos dé ayuda para esto y para que comencemos de nuevo cada día.

 


[11] Cada uno pues, con preparación alguna a la mañana, como le dirán los Padres que para esto ternán [tendrán] cargo, que serán los confesores, y principlamente los dos superiores, y Maestro Mirón y Michael de Sosa, se ponga luego a la oración ofreciéndose a Dios nuestro Señor y todas sus cosas, y procure actuarse en ella.

 

[12] Y después en la misa procure mucho aprovecharse, porque lo puede hacer, y sumamente, como nuestro Padre lo entendió; y por eso dejó de dar más tiempo a la oración viendo que cualquier que tuviese un poco de conocimiento y amor de Dios se podía ayudar mucho en la misa. Y es la razón, porque en ella se hacen sumos misteriors, se consagra el pan y transubstancia en el Cuerpo sacratísimo de Jesucristo, y el vino en su Sangre preciosísima; y ésta es un vivísima representación de la Pasión y muerte de Cristo nuestro Señor. Mas juntamente con el Cuerpo es la Sangre, la ánima y la divinidad; y ansí con la Sangre, es el Cuerpo de Jesucristo y todo lo demás; de modo que debajo de las especies del pane es todo Cristo, y ansí debajo de las especies del vino. Y juntamente con esto se ofrece a Dios Padre Jesucristo y su Pasión en sacrificio santo  y incruento; como es la fe católica. Hácese también representación de todos los misterios de Cristo en la misa, y así sumamente aprovecha para adquirir gran eficacia y ayudarse grandemente para pasar adelante en la oración y todo servicio de Dios nuestro Señor.

 

[13] Después de la misa se siguen los particulares ministerios, verbi gratia, los estudios y otros ministerios. En ellos procure cada uno haberse de la manera que se ha dicho.

 

[14] Viene luego el examen, en el cual no piense ninguno que todo el tiempo se debe gastar con examinar la conciencia, porque en menos se puede hacer lo que basta. Y nuestro Padre en las Constituciones [no] quiso más, sino que se hiciese dos veces en el día[204], de manera que algo del tiempo de cada cuarto se gaste también en oración, en que se actúe cada uno cuanto puede en aquel poco.

 

[15] Siguiese luego el comer, para el cual debemos meditar que vamos a comer con el Señor y sus Apóstoles y discípulos[205]. Y para que la devoción se retenga en él, se lee a la mesa alguna cosa fácil y de edificación.

 

[16] Síguiese la quiete para que todos se recreen interior y exteriormente con recreaciones honestas y religiosas, sin disputar y sin especulaciones; ora con uno, ora con otro. Y como en un campo o jardín uno se va de una en otra flor, así en el reposo de tantos hermanos que se ajuntan, se puede tomar una y otra flor de ejemplo de virtudes y buenos y santos avisos y conversaciones, pues lo son cada uno de los hermanos, porque andan con Dios conjuntos. Y de verdad a mí me consuela mucho mirarlos con esta consideración. Y desta manera, del yantar [comer] por la tarde, hasta la hora de dormir; teniendo a la noche más tiempo de examen, como tengo ordenado, porque se podrá mejor hacer; y así se podrá tener en él más oración.

 

[17] Veis, pues, cómo todo va en el espíritu, como quiso Nuestro Padre, y cómo con esto jugando, jugando vamos al cielo, procediendo siempre por la vía de nuestro instituto y fin.

 

[18] Lo que agora se sigue es decir el uso de la regla que manda que descubramos las faltas que sabemos[206]. No se enttiende, pues, que ande uno a mirar las faltas de uno y otro pera lo decir al superior; sino que, sí el superior quiere saber de él algo de alguno, que le descubra todo no recurriendo a lo que diría un laico, que deba primero fraternalmente exhortar y avisar al hermano[207]; porque cuanto a esto no se entiende. Porque esto no es denunciación, sino dicese al superior como a persona que lo puede mejor ayudar. Y así lo debe cada uno de pensar de él, como de quien teiene mayor gracia, pues tenemos esta regla que cada uno dice que quiere guardar y cumplir, entrando en la Compañía, y estar en las Constituciones aprobadas por la Sede Apostólica. Así que deben todos por esta vía no sólo estar aparejados para descubrir todo al superior, si lo pregunta; pero que de sí mismos lo digan, si es cosa de importancia, para que el superior mire en ello y ponga el remedio necesario.

 

[19] Lo que también hay consiguiente a esto es lo que usamos de los síndicos[208], los cuales orednó nuestro Padre estando yo presente, y con gran moderación y providencia suya; y, aunque él lo tenía determinado, quiso hacer congregación (para lo propones) de todos los de casa, y todos una voce lo quisieron, excepto un buen viejo que no miraba bien la cosa. Y luego se puso en obra y se hacía etiam públicamente; pero a uno aconteció que se tentó por muchos dìas, y después vino mucho [a] aprovecharse. Era éste uno de los principales.

 

[20] Estos síndicos sirven de ejecutar aquella regla de que agora hablábamos acerca del descubrir lo que es malo en casa; de lo cual ninguno se debe pertubar, porque si la cosa que ellos dicen de él es verdad, no teiene que enojarse por descubrirse; pues eso es lo que dice que quiere que se haga, como tenemos en regla; y si acontece que el síndico se engaña con su simplicidad o celo, no debe ninguno gravarse, porque esto es lo que cada uno debe desear entrando en la Compañía, por otra regla: que debemos desear oprobios, etc. sin culpa nuestra; y estos todos los que vivimos en la Compañía tantas veces decimos y confirmamos que queremos y deseamos cumplir[209].

 

[21] Y por tanto, de cualquier manera que los síndicos hagan su oficio y descubran o digan alguna cosa, no debe ninguno perturbarse, pues para una cosa y otra hay regla que debemos observar todos; y piensen que todo va bien ordenado, y que no faltan a los Superiores consultores con quien comunicar las cosas, para que no haya por cualquiera cosa juicio o parecer fuera de razón; y que si uno no hiciese bien este cargo de sindicar, sería luego fuera de él; como también los superiores, si no hiciesen lo que deben.

 

[27] Digamos ahora algo de libertate spiritus, que es una de las cosas en que el Señor ha mucho ayudado al P. Ignacio y al Padre General; ma esto se dirá sumariamente por faltar el tiempo. Libertad de espíritu es una de las virtudes que sumamente importan, porque como nuestra vida debe ser en espíritu, de tal manera que vivamos espiritualmente, cumple mucho para tratar espiritualmente adquirirla, porque sin ella difícilmente podríamos hacer lo que pretendemos en espíritu y alcanzar nuestro fin.

 

[28] Y primero que más en particular declare qué cosa sea libertad de espíritu, diré el medio por donde se debe procurar, que es la mortificación, de que también habíamos de tratar. Si uno, pues, quiere adquirir libertad espiritual, su trabajo y diligencia debe eser en se mortificar; porque cuando en ésta tuviere adquirido algo, tendrá también alcanzado algo de la libertad que decimos.

 

[29] El principio de la mortificación es pensar todo lo que tiene de mal y procurar de lo quitar de sí, no pensando que con sus fuerzas y operaciones podrá algo en esto, sino con el favor y gracia divina, en los méritos de la Pasión de Cristo N. Señor; por quien somos muertos en Cristo[210]; muerto también el pecado cuanto de parte de Cristo y debilitados nuestros vicios y subiecto el demonio para no podernos dañar ni reinar el pecado en nostros[211] ni el demonio, ayudados con su gracia. De manera que de la Pasión del Señor y de sus méritos pensemos que podrá tener vigor nuestra mortificación, y que de allí podrá tener fuerza, y así lo esperemos. De la Pasión con la Resurrección nos nacerá también el alevantarnos y caminar in novitate vitae et spiritus[212], por gracia, en la esperanza de resurgir con el Señor y ser participantes de sus grandezas y perfecciones en la vida eterna.

 

[30] Y la primera mortificación es de los pecados mortales y graves, y esto por la penitencia y sacramento della, que es un singular remedio para destruirlos. La segunda, de los veniales; porque si uno no se cura dellos, ni cura mortificarlos, nec allidit ad petram[213], son una disposición para los mortales y poco a poco le llevan a ellos; y caminando de uno en otro se entibia y enfría en la gracia, porque qui pauca negligit, paulatim decidit[214]. Cumple, pues, que no dejemos vivir en nos ninguno dellos y que procuremos mortificarlos; y ya que no será posible matarlos todos, pues que habemos de tener ofensas veniales mientras caminamos en esta vida, a lo menos mortifiquemos los principales que ocurren y tengamos guerra con todos. Y el modo de mortificarlos es también por la penitencia y por cosas aprobadas contra aquel pecado, ayudándose de las potencias interiores contra cualquiera mínima cosa que proceda de algún vicio puesto que [aunque] venial; y esto suaviter in Christo, ne regnat peccatum in corpore nostro, conforme a lo de San Pablo[215]. Y para esto sirven las vías del examen particular, que usamos en la Compañía, con las líneas y diligente observación[216].

 

[31] Debe también la mortificación usarse acerca de los hábitos malos que uno siente en sí y decirse a uno ser mortificado en ellos, cuando en sintiéndose mover de alguno, luego contradice. Como si es inclinado, v. gr., a soberbia, tanto que le viene el espíritu della y la elación o arrogancia, luego le ataja con la contradicción del ánimo, voluntad y libre arbitrio de que usa y de la oración con la gracia.

 


[32] Hay también necesidad de mortificación acerca de cosas accidentarias [incidentales] con que uno se perturba; como si, diciéndole uno una cosa y otra otra, él se enoja y no lo sufre como debe y se mueve a impaciencia; porque ayudándose de la mortificación, vendrá a adquirir facilidad para que esté sobre sí cuando esto le viniere, y le pueda resistir con suavidad, ayudándose de los méritos de Cristo N. Señor y de su muerte. Así que el que se tiene por humilde y, como le dicen alguna cosa, se turba y siente claramente que aún está mal domado: acuda a la mortificación procurando con ella echar de sí la mala inclinación que le enjineta, y no permitir que reine en él.

 

[33] Y para ayudar a la mortificación de que habemos hablado ayuda grandemente la mortificación de exteriores penitencias tomadas para esto, y de ejercicios de humildad y vilificación de sí, y todo lo demás que podrá ayudar a este fin.

 

[34] Y no sólo en estas cosas, que son malas, debe cada uno procurar mortificarse, pero etiam en las cosas que son buenas, como en servir al Señor por esperanza de algún premio. Porque, puesto que [aunque] sea esto bueno y se deba hacer; todavía, la perfección es no esperar consolación espiritual ni premio alguno, y sólo sufrir los trabajos y peligros, por amor puro de Dios N. Señor y por le contentar y servir; de manera que nada quiera sino en El y por El.

 

[35] Y mortificándose así uno en todo, y ejercitándose bien en esto, y regulando su amor en todas las criaturas por lo que debe al Señor, no amando a ninguna sino porque El lo quiere: viene a adquirir la libertad de espíritu, que no es otra cosa sino una facilidad en todo, usando de uno y otro medio, o sea oración o otro alguno conforme a la cosa de que se trata; y de tal manrera que sea pronto a escoger lo que será más conveniente y conforme al servicio del Señor, dejando lo contrario. Y esto con suavidad grande, sin resabio, disgusto o ansiedades; ora sea tratando con reyes, príncipes o otros señores, ora con gente mas baja; ora en cosas de espíritu y de Dios, ora en cosas de consejo y humanas y que pueden mover la sensualidad o la voluntad a imperfección o mal; no habiendo ninguna en la cual, con la superioridad que tiene por la libertad del espíritu, no haga todo bien, aplicando los medios que más servirán y con que se dará mayor gloria al Señor, dejando cualquiera otro que no vendrá tan a propósito, teniendo una luz y claridad en el entendimiento para luego saber juzgar y discernir entre ellos[217].

 

[36] Y desto le nacerá que en todo proceda con verdad, que era lo último de habíamos de tratar. Porque, andando en esta manera, sus hablas y sus obras serán reguladas con ella; y si las cosas fueren divinas, eclesiásticas, o morales o naturales, la verdad también en que las tratare será de la misma cualidad; y así en los demás. Y todo según nuestro instituto, conforme al fin que pretendemos a mayor gloria de la divina Majestad.

 

 

Inizio

 

 

 

 



[1] «Camminate secondo lo Spirito e non sarete portati a soddisfare i desideri della carne»: Gal 5,16.

[2] «Quelli che camminano nello spirito e seguono veramente Cristo nostro Signore»: Esame, c. 4, n. 44.

[3] Cf. Sal 75,11.

[4] Cf. Ef 4,22.

[5] Cf. Mc 16,19; Col 3,1; Eb 1,3.

[6] Mt 28,18.

[7] Cf. Atti 2,1s.

[8] 1 Cor 4,7.

[9] Gen 4,25.

[10] Gen 6,2.

[11] Gen 4,18.24; Sir 49,16; sul suo carattere profetico e religioso cf. Sir 44,16; Eb 11,5; Ap 11,3s.

[12] Gen 4,26.

[13] Cf. Gen 10,6-20.

[14] Sansone (Gdc 13,5), Samuele (1Re 1,11).

[15] Cf. Ger 35.

[16] Atti 4,12.

[17] Ef 4,5.

[18] Mt 19,11-12.21.29.

[19] Lc 9,59-62; 18,18s.

[20] Eusebio, Hist. eccles., l. 3, c. 37; MG 20, 294.

[21] Mt 19,21.

[22] Cf. Esercizi, n. 234.

[23] Cf. Deliberazione dei primi padri.

[24] Cf. MHSI, Const., pp. 14-22.

[25] Cf. la lettera di p. Lainez su s. Ignazio in MHSI, Ignat. Fontes narrat., I, p. 130.

[26] Cf. Diario spirituale.

[27] Bolla Iniuncutm nobis (14 marzo 1544); cf. MHSI, Constit. I, pp. 81-86; Instit. S. I. I, 7-10.

[28] Breve Exponi nobis (5 giugno 1546); cf. MHSI, Constit. I, pp. 170-173; Instit. S. I. I, 12-13.

[29] Bolla Licet debitum (18 ottobre 1549); cf. MHSI, Constit. I, pp. 357-371; Instit. S. I. I, 13-21.

[30] Bolla Exposcit debitum (21 luglio 1550); cf. MHSI, Constit. I, pp. 373-383; Instit. S. I. I, 22-28.

[31] Cf. MHSI, Constit. I, p. 376.

[32] Cf. MHSI, Constit. I, p. 381.

[33] La bolla Regimini militantis Ecclesiae di Paolo III è del 27 settembre 1540 e quella Exposcit debitum di Giulio III è del 21 luglio 1550.

[34] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 1: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 364.

[35] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 1, n. 1: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 364.

[36] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 1, n. 3: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 368.

[37] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 1, n. 5: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 370.

[38] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 1, n. 6-8: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 370-374.

[39] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 1, n. 9.10: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 374.

[40] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 2, n. 18: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 388.

[41] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 3: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 388-400.

[42] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 3, n. 19: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 390.

[43] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 3, nn. 22-25: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 392-398.

[44] Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 12; c. 2, n. 5.

[45] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 3, n. 27: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 400.

[46] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 3, n. 30: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 404.

[47] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 3, n. 35: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 410.

[48] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 4, n. 40: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 416.

[49] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 4, n. 42.43: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 418-420.

[50] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 4, n. 43-48: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 420-426.

[51] Cf. 1Cor 14,34.

[52] Jerónimo Ardéval; cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 6, n. 54: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 434-436.

[53] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 6, n. 55: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 436.

[54] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 6, n. 57: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 440.

[55] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 6, nn. 58s: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 444s.

[56] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), c. 7, nn. 64s: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 452s.

[57] Cf. Acta Patris Ignatii (Autobiografia), cc. 7, 8, nn. 71-77: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 462-468.

[58] Cf. MHSI, Constit. I, 29, ecc.

[59] Costituzioni, p. 3, c. 2, n. 1.

[60] Acta Patris Ignatii (Autobiografia), nn. 77s: MHSI, Ignat., Fontes narrat. I, 468s.

[61] Intende la vita religiosa.

[62] Costituzioni, p. 6, c. 3, n. 5.

[63] Cf. MHSI, Constit. I, 27.28.

[64] MHSI, Constit. I, 376.

[65] MHSI, Fontes narrat. I, 638.639.643.644.

[66] “Quicumque in Societate nostra quam Iesu nomine insigniri cupimus vult sub Crucis vexillo Deo militare…”, Formula dell’Istituto della Compagnia di Gesù contenuta nelle bolle Regimini militantis Ecclesiae (Paolo III) ed Exposcit debitum (Giulio III): MHSI, Constit. I, 26.375.

[67] Cf. Nadal, Pláticas de 1554 en España (MHSI, Fontes narrat. I, 313); nelle Annotationes in examen e nelle Exhort. de 1557 dice: “Ego vobis ero propitius”. Cf. pure: Laínez in una platica de 1559 (MHSI, Ignat., series 4a, t. II, 74.75); Ribadeneira, Vida de S. Ignacio II, c. 11; Pietro Canisio allude a “Io sarò con voi” preferendo tale formula a quella del Ribadeneira (MHSI, Ignat., series 4a, t. I, 715). Nadal attribuisce la formula sempre a Dio Padre (meno nelle esortazioni del 1554, di lettura non facile). Lo stesso Laínez. Ribadeneira la fa dire a Gesù Cristo annotando, con Laínez, l’aggiunta: “propizio a Roma”.

[68] Cf. il Diario spirituale mentre Ignazio scrive le Costituzioni (MHSI, Constit. I, 104).

[69] Il senso sembra questo: che con la frase del suo Diario, a cui Nadal allude, “viniendo en memoria cuando el Padre me puso con su Hijo” (MHSI, Constit. I, 104), che corrisponde a quanto detto a Luis González, Ignazio vorrebbe significare tutta la visione della Storta; facendo riferimento per i dettagli da lui non ricordati, a quanto detto da Laínez al quale Ignazio aveva detto la verità (MHSI, Acta Patris Ignatii, c. 10, n. 96.97; Fontes narrat. I, 496.498).

[70] Il Papa enumera al principio della Bbolla i primi padri della Compagnia, compagni di sant’Ignazio che “Spiritu Sancto ut pie creditur afflati iamdudum e diversis mundi regioni bus discedentes in unum convenerunt…”: MHSI, Constit. I, 25.

[71] Bolla Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 374.

[72] Cf. bolla Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 376.

[73] Cf. bolla Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 376.

[74] Cf. bolla Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 376.

[75] Cf. bolla Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 376.

[76] Esame, c. 1, n. 2.

[77] Cf. 1 Cor 7,5.

[78] Cf. bolla Regimini militantis Ecclesiae: MHSI, Constit. I, 26; Instit. S. I. I, 4. L’approvazione del Papa del libro degli Esercizi spirituali si trova nel breve Pastoralis officii (31 luglio 1548): MHSI, Exerc., pp. 216-218; Instit. S. I. III, 443-445.

[79] Rm 1,5.

[80] Esercizi, nn. 91-100, 136-147.

[81] Cf. Is 63,3.

[82] Lc 11,1.

[83] Cf. Esame, c. 4.

[84] Atti 6,2s.

[85] Gv 21,15-18.

[86] Gv 20,21-23; Mt 28,18-20; Mc 16,15-20; Atti 2,1s.

[87] La meditazione di Due Bandiere: Esercizi, nn. 136-147.

[88] Cf. Ap 20,3.7; 11, 2.3.

[89] Cf. Nadal, Platicas de 1554 en España, Fontes narrat. I, 307; M. Quera, Los Ejercicios espirituales y el origen de la Compañía de Jesús, Barcelona 1941, pp. 45-60; P. Leturia, Génesis de los ejercicios de S. Ignacio y su influjo en la fundación de la Comapañía de Jesús, Oña 1941, pp. 14s.

[90] 1 Gv 2,3-5; cf. Gv 14,21.

[91] Cf. Costituzioni, p. 9, c. 3; le bolle Regimini militantis Ecclesiae e Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 27.376.

[92] 1 Cor 2,14.

[93] Cf. MHSI, Constit. I, 381; Costituzioni, p. 5, c. 2, n. 3 C; c. 3, nn. 5.6; bolla di Gregorio XIII Ascendente Domino (25 maggio 1584): Instit. S. I. I, 92.

[94] Cf. Costituzioni, p. 10, n. 8; Congreg. gener. I, decret. 145; Instit. S. I. II, 187.

[95] Cf. Costituzioni, p. 9, c. 3, n. 7; Congreg. gener. I, decret. 91; Instit. S. I. II, 176.

[96] Cf. Costituzioni, p. 9, c. 6, n. 2, ecc.

[97] Cf. Congreg. gener. II, decret. 86; Instit. S. I. II, 210. Le Costituzioni, p. 8, c. 1, n. 3 D, parlano del collaterale.

[98] Cf. Congreg. gener. I, decret. 127; Instit. S. I. II, 185.

[99] Sulla fondazione di Gandia cf. MHSI; Ignat., Epist., I, 697.698.419.420.

[100] Regimini militantis Ecclesiae, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 27.28.377.378; Esame, c. 4, n. 27; Costituzioni, p. 7, cc. 1, 2.

[101] Cf. Regimini militantis Ecclesiae, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 27.377.

[102] Cf. Esame, c. 4, nn. 9s.

[103] Cf. Esame, c. 4, n. 8.

[104] Cf. Paolo III, Regimini militantis Ecclesiae (1540), Iniunctum nobis (1544); Giulio III, Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 27.83.84.376.

[105] Esame, c. 4, n. 32; Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 17.

[106] Cf. 1Cor 7,35.

[107] Costituzioni, p. 6, c. 5.

[108] Cf. Paolo III, Regimini militantis Ecclesiae (1540), Iniunctum nobis (1544); Giulio III, Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 27.378.379.

[109] Cf. Esame, c. 4, n. 44.

[110] Cf. quarta esortazione, nn. 3-4.

[111] Cf. Sap 2,20.

[112] Mt 11,29.

[113] Gb 1,8; 2,3.

[114] 1 Pt 2,23.

[115] Cf. Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 23.

[116] Mt 13,44.

[117] Mt 27,46; Sal 21,2.

[118] Lc 2,35.

[119] Cf. Sir 18,6.

[120] Cf. Esercizi, n. 321.

[121] Cf. 1 Cor 13,8-13.

[122] Cf. Costituzioni, p. 6, c. 2, n. 12; Instit. S. I. I, 88.89.92.93.

[123] Cf. Costituzioni, p. 10, c. 3, n. 1, A.

[124] Cf. Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 379; Costituzioni, p. 6, c. 2, n. 5, E.

[125] Cf. 1 Cor 9,13.

[126] Cf. Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 376; Esame, c. 1, n. 3; Costituzioni, p. 6, c. 2, n. 7.

[127] Costituzioni, p. 6, c. 2, n. 7, G.

[128] Cf. 1 Cor 9,7-18; 1 Ts 2,9; 2Ts 3,8-10.

[129] Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 379.

[130] Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 379-380; Costituzioni, p. 6, c. 2, nn. 3-4, C-D.

[131] Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 379-380.

[132] Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 380; Esame c. 1, n. 6; Costituzioni, p. 3, c. 2, n. 3; p. 6, c. 2, nn. 15-16.

[133] Cf. Mc 6,31.

[134] Paolo III, Regimini militantis Ecclesiae; Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 30.380.

[135] Cf. terza esortazione, p. 64.

[136] Costituzioni, p. 6, c. 1, n. 1.

[137] Cf. MHSI, Fontes narrat. I, 587.588; n. 250, p. 673.

[138] Cf. 2 Tm 2,5.

[139] 1 Cor 2,15.

[140] Rm 8,31.

[141] Mt 15,11.

[142] Giulio III, Exposcit debitum (1550): MHSI, Constit. I, 377-378.

[143] Cf. seconda esortazione, pp. 58-60.

[144] Cf. Memorial de Luis González, n. 130: MHSI, Fontes narrat. I, 606.666.

[145] Cf. Memorial de Luis González, n. 330: MHSI, Fontes narrat. I, 714.

[146] Cf. MHSI, Ignat., Epist. I, 114-118.

[147] Cf. Nadal, Scholia in Constituciones, pp. 269-275.

[148] Cf. Costituzioni, p. 6, c. 2, n. 13.

[149] Cf. Atti 6,4.

[150] MHSI, Fontes narrat. I, 64*.65*.

[151] Cf. Giulio III, Exposcit debitum: MHSI, Constit. I, 376; Congreg. General IV, decret. 19; Instit. S. I. II, 251.

[152] Cf. Costituzioni, p. 6, c. 1, n. 1.

[153] Esame, c. 4, n. 29; Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 24.

[154] Costituzioni, p. 6, c. 1, n. 1.

[155] Cf. Constit. p. 3, c. 1, n. 23; p. 6, c. 1, n.1. Cf. Carta de San Ignacio sobre la obediencia, MHSI, Ignat. Epist., IV, 669 sg.

[156] Costituzioni, p. 6, c. 1, n. 1.

[157] Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 23.; p. 6, c. 1, n. 1.

[158] Col 3,20.22.

[159] 2.2, q. 104, a. 5, ad 3.

[160] S. Basilio, Constit. monasticae, c. 22, n. 5 (MG 3, 1410).

[161] Cf. MHSI, Ignat. Epist., III, 303-304.

[162] Cf. Esame, c. 4, n. 29; Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 24.

[163] Cf. Esame, c. 4, n. 30.

[164] Cf. Esame, c. 4, n. 30, D; MHSI, Constit. I, 392, n. 13.

[165] Cf. Costituzioni, p. 6, c. 1, n. 1.

[166] Mt 6,9.

[167] Cf. Dan 9,18-19.

[168] Gv 1,16.

[169] Esercizi, nn. 2.76.

[170] Esercizi, n. 73.

[171] Esercizi, n. 74.

[172] Esercizi, n. 75.

[173] Esercizi, nn. 46.55.65, ecc.

[174] Esercizi, nn. 47-53, 102-109, ecc.

[175] Esercizi, nn. 121-125.

[176] Cf. Costituzioni, p. 4, c. 8, n. 5.

[177] Costituzioni, p. 4, c. 4, n. 3.

[178] Sal 50,3.

[179] Sal 6,2; 37,1.

[180] Cf. Rm 12,16.

[181] Sal 83,3.

[182] Sal 62,2.

[183] Costituzioni, p. 6, c. 3, n. 4, B.

[184] Gv 9,31.

[185] Cf. 2Cor 12,4.

[186] Cf. Rm 12,16.

[187] Cf. Sal 103,32; 143,5.

[188] Esercizi, nn. 46.47.101.103, ecc.

[189] Esercizi, nn. 106-109, ecc.

[190] Esercizi, nn. 114, ecc.

[191] Cf. Esercizi, n. 82.

[192] Cf. Esame, c. 1, n. 6; c. 4, n. 46; Costituzioni, p. 3, c. 2, n. 5; p. 6, c. 3, n. 1.

[193] Esame, c. 4, nn. 10.41; Costituzioni,. p. 6, c. 1, n. 2.

[194] Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 11; p. 4, c. 4, nn. 3-4.

[195] Esame, c. 4, n. 25; Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 11; p. 4, c. 4, n. 3; p. 6, c. 3, n. 2.

[196] Cf. 1Cor 3,9.

[197] Cf. Esercizi, nn. 238-248 (primo modo di pregare).

[198] Cf. Esercizi, nn. 249-257 (secondo modo di pregare).

[199] Cf. Esercizi, nn. 258-260 (terzo modo di pregare).

[200] Cf. Acta P. Ignatii (Autobiografia), c. 11, n. 99: MHSI, Fontes narrat. I, 504.505.635.

[201] Cf. Sal 75,11.

[202] Cf. 2Mac 1,3-4.

[203] Cf. Ef 6,5.

[204] Costituzioni, p. 4, c. 4, nn. 3-4.

[205] Cf. Esercizi, n. 214.

[206] Cf. Esame, c. 4, n. 8.

[207] Cf. Mt 18,15.

[208] Costituzioni, p. 3, c. 1, n. 16; p. 4, c. 6, n. 15; c. 10, n. 7; c. 17; n. 7.

[209] Esame, c. 4, nn. 44-45.

[210] Cf. Col 3,3.

[211] Cf. Rm 6,12.

[212] Cf. Rm 6,4; 7,6.

[213] Cf Sal 136,9.

[214] Sir 19,1.

[215] Rm 6,12.

[216] Esercizi, nn. 24-31.

[217] Una descrizione della libertà di spirito in Ignazio di Loyola si può leggere in: J. Nadal, In Examen annotationes, MHSI, Nadal IV, 651-652.